miércoles, 18 de enero de 2017

Paradinas se supera. ¡Que sea por muchos años!

Podríamos decir que la Carrera del Roscón y yo llevamos caminos  paralelos, puesto que añadimos un año más a nuestra historia en torno al 6 de enero. Puede que sea por eso que la tengo tanto aprecio, aunque también es posible que tenga algo que ver el hecho de que es una carrera que se organizó en su primera edición a instancias de mis queridos Esther y Juan Antonio "Mako" y en beneficio de la AECC; o que se celebra en Paradinas, a la puerta de casa, como aquel que dice,  y que es un lugar lleno de buenas gentes y en el que me siento cómodo y bien tratado;
o quizás porque transcurre por caminos que suelo transitar a menudo con otros compañeros de correrías, alguno de ellos paradinenses; o  porque es una carrera generosa con los corredores y que se supera año tras año en el agasajo a todos los que en ella participamos; o puede que sea por el magnífico ambiente que se genera en torno a la misma; o por su carácter benéfico; o porque además de las citadas virtudes, es económica, integradora, estimulante y gastronómica, o porque gran parte del pueblo se desvive para que las cosas salgan bien; en fin, son muchas las razones para acudir a Paradinas en la primera semana del año. Yo, creo que no he fallado ninguna y mi intención es seguir acudiendo a la cita al menos hasta la edición XVI, que coincidirá con mi 65 cumpleaños y puede ser también la de mi jubilación, de lo que no estoy tan seguro, puesto que cuánto más me arrimo a ella (a la jubilación), más para allá me la llevan, por lo que es muy probable que me toque llegar hasta la XX si quiero llegar a correrla en condición de pensionista. 

De momento, me conformo con llegar a la meta al menos en el mismo minuto de la edad que cumpla cada año, aunque he de decir, por presumir un poco, que en esta ocasión he tardado 3 minutos menos en completarla que el año pasado y apenas un minuto más que en 2013, en concreto 49’18”, lo que supone una buena marca dado mi edad, que podéis deducir del párrafo anterior, y de mi condición física de percherón, más adaptado al trote cansino de mulo viejo que al galope veloz del pura sangre Roberto Bueno, que se ha marcado este año el récord de la prueba sin despeinarse. A decir verdad, yo tampoco me despeino, porque tengo la ventaja de estar desmelenado desde que tenía 40 años. Puede que para entonces pueda conseguir algún pódium, siempre y cuando a la organización se le ocurra hacer una clasificación por pesos, igual que en el boxeo, porque con la de edad está visto que no tengo nada que rascar. En cualquier caso ya estaré atento para que cuando barrunte que no sonrío al pasar bajo el puente, o que sufro en cada zancada del prado, o  o que me vea llegando a meta al borde del cierre del control, llamar a mis inseparables José Luis Martín Herrera y Maxi, adquirir el dorsal O y esperar tomando una cerveza en El Quinto con el bueno de Andrés hasta que lleguen los últimos, que para ese menester yo creo que también tendremos resistencia. 

 Y, desde luego, comprar unas papeletas para el sorteo, que reparte porcentualmente muchos más premios que la Lotería Nacional, y coger los vales de comida y disfrutar de la compañía y de la amistad, que es al menos tan saludable como el deporte. Vamos, que pienso seguir acudiendo de forma indefinida como muestra de apoyo a la carrera, a la organización y a la causa, por lo menos hasta que el médico me prohíba probar la caldereta, o mi pensión me permita pagar unas cervezas. ¡Que sea por muchos años!

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