Cuando estaba quitándome el chip llegó el amigo Caito, nos dimos un abrazo y nos emplazamos para la próxima, aunque me hizo saber que él solo corre en su pueblo. Al poco de llegar me enteré que Luismi había hecho un carrerón, al igual que el gran Manolo González, segundo en su categoría, a pesar de correr con el glúteo tocado y que Ángel había tenido que abandonar en el kilómetro 15. El momento emotivo de la jornada fue la llegada de Loli, que terminaba su primera media, casi exhausta, pero con una cara de satisfacción y una alegría que compensaba todo el sufrimiento.
martes, 24 de abril de 2012
Crónica medinense
Cuando estaba quitándome el chip llegó el amigo Caito, nos dimos un abrazo y nos emplazamos para la próxima, aunque me hizo saber que él solo corre en su pueblo. Al poco de llegar me enteré que Luismi había hecho un carrerón, al igual que el gran Manolo González, segundo en su categoría, a pesar de correr con el glúteo tocado y que Ángel había tenido que abandonar en el kilómetro 15. El momento emotivo de la jornada fue la llegada de Loli, que terminaba su primera media, casi exhausta, pero con una cara de satisfacción y una alegría que compensaba todo el sufrimiento.
viernes, 23 de marzo de 2012
Media Maratón de León: Crónica con Estrambote
Para terminar algo, antes hay que empezarlo. Eso pasa con todo, incluso con las crónicas. Comenzar es la parte más costosa, la más dura, hasta el punto de que arrancar podría ser un 50 % del trabajo. El otro 50 %, terminarlo. Pues bien, otra media empezada, y afortunadamente terminada. De momento llevo cuatro y todas ellas en distintas capitales de Castilla y León: Segovia, la primera y la más emotiva, Valladolid la segunda, Salamanca hace quince días y León la última. Aquí os dejo mis impresiones. Mañana fría en León. Mejor dicho, muy fría, casi de pleno invierno. Lo peor, el aire helador que soplaba desde la montaña. El frío me incomoda, pero aún más lo hace el viento, que traspasa la camiseta sudada y te deja como un carámbano. Pero ya lo tengo claro, prefiero llevar puesto el cortavientos aunque me toque anudármelo a la cintura a mitad de carrera, antes que pillar un catarro. Cuando llegue el verano me quejaré del calor.
Frío también el cuerpo, puesto que no calenté previamente, hice unos ligeros estiramientos y decidí ir cogiendo el tono en vivo y en directo. Preferí pasar ese rato con Carmen. Total, estaba solo, una media se hace larga y no llevaba más pretensión que la de acabar entero. En realidad me inscribí por ver si podía volver a revivir las buenas sensaciones de Salamanca en la que me quedé con ganas de más y no era mala opción León teniendo en cuenta que ese fin de semana iba a estar en Benavente y que el lunes era festivo. Así podría darme el gustazo de unos vermúts de grifo en el Barrio Húmedo con mi amigo Javi Piñán y un botillo, si hacía al caso, para comer. Pensando en lo que iba a beber al terminar, me dieron ganas de mear casi nada más dar el pistoletazo de salida, por lo que fui entretenido viendo las posibilidades que tenía, sin alejarme mucho del circuito. Realmente, en plena ciudad no son muchas, a no ser que pilles un bar abierto. En estos pensamientos fui dejando atrás La Corredera, San Francisco, Santo Domingo, Ordoño, hasta llegar a la estatua de Guzmán el bueno, que con e brazo y el dedo índice extendidos parece decir: Si no te gusta León, por ahí se va a la estación. Pero es imposible que León no te enamore viendo la imponente fachada del Hospital de San Marcos, antiguo hospital para peregrinos y joya del plateresco español, con una decoración profusa plagada de arabescos y rematada toda ella por una crestería que evoca la del Patio de Escuelas de Salamanca. Pude ver su espectacular portada, que se corona con una peineta que bien hubiese merecido una contemplación más relajada. Otra vez será.
Ya en las orillas del Bernesga, en torno al kilómetro cinco salimos hacia una zona de campo abierto para alivio de mi vejiga y de mi soledad, puesto que nada más incorporarme a la carrera, una vez resuelto el apremiante trance, observé, a unos cien metros por delante, dos camisetas de Villoruela. Pues nada, a apretar el paso. Los pillé en la única cuesta del recorrido. Rápido nos presentamos y comenzamos a charlar. Hay una gran diferencia entre correr solo y hacerlo en compañía. Desde el momento que me junté a Raúl y Jesús, la carrera se hizo amable a pesar del helador cierzo que soplaba desde las cumbres nevadas de la Cordillera cantábrica que se veían claras y cercanas desde algunos puntos del itinerario. Entre charlas y chascarrillos fueron pasando los kilómetros. Pasamos por delante de la acristalada fachada del MUSAC, que por sus vivos colores se me antoja una recreación moderna de las vidrieras de la catedral, cómo si el arquitecto se hubiese inspirado en ellas o hubiese querido rendirlas un homenaje en esta vistosa fachada. Nuestro camino nos llevó cerca de la Colegiata de San Isidoro, dónde se albergan algunos frescos románicos de gran belleza, entre otros, el calendario de los meses del año y los oficios asociados a cada uno de ellos. Yo utilicé el motivo correspondiente al mes de septiembre para ilustrar el post “Apología del vino”. Debió ser por aquí dónde veíamos al fondo la Casa Botines, de Gaudí, con ese aspecto de casade cuento flanqueada por cuatro torres de chapiteles cónicos y con el aspecto neogótico que quiso darle el arquitecto a esta joya del arte modernista, otra alusión casi segura al monumento más importante de la ciudad. El edificio Botines es fantástico, pero lo que de verdad te deja sin aliento es la aparición repentina, al revolver de una esquina, del cuerpo principal de la fachada de la espléndida catedral.
Encontrarse de frente con las hermosas arquivoltas de acceso a las naves, el gablete que remata la nave central y el enorme rosetón gótico, es un espectáculo impagable para la sensibilidad y para la vista. Según avanzas hacia ella vas completando su visión a medida que aparecen las torres laterales y entonces comprendes porqué es la más hermosa de las catedrales góticas españolas, la más armónica, la más pura, la más francesa. Es la Pulchra leonina que, ahora, tras la limpieza de su fachada, luce más pulcra que nunca y nos recuerda en su silueta a Reims, a Chartres, e incluso a la mismísima Notre Dame de París. Poco duró la artística visión, puesto que tras un breve callejeo por la zona gótica, salimos de la ciudad para dirigirnos hacia el campus universitario. Pude ver de refilón un cubo de la vieja muralla, ante la que murió atropellado por el camión de la basura el ilustre pellejero Genarín, cuando descargaba su vejiga contra el lienzo de la muralla. Y yo buscando campo abierto. Recordé que tengo pendiente la asistencia un viernes santo a la procesión que honra su memoria con orujo y letanías en verso. Otro motivo para volver.
martes, 13 de marzo de 2012
Emoción en Carmona: #EABE12

lunes, 12 de marzo de 2012
(re)Corriendo Carmona
Sábado 10 de marzo. Amanece en Carmona. Si no me levanto ahora no tendré ocasión de correr unos kilómetros en todo el día. Ayer no hice nada y mañana lo tengo difícil y eso lo acabaré pagando en la media maratón de León del día 18. Arriba. Total, apenas he dormido (debieron ser las Coca Colas, porque por lo que sé, el ron adormece) y una hora más en la cama no me solucionará nada. A la calle. La mañana está fresquita, aunque se va bien en pantalón corto. Lo mejor es dejarme llevar sin rumbo ya que el pueblo es nuevo para mí. Carmona es una ciudad empedrada con adoquínes y cantos, por lo que lo mejor es tomárselo con calma, por las rodillas lo primero y por los tropezones lo segundo. Está situada encima de un alcor dominando una amplia y espaciosa campiña. Toda la ciudad estuvo amurallada, pero conserva sólo dos puertas y algún que otro paño anexo a las mismas. Cuando llegué a la llamada puerta de Córdoba, situada al este de la ciudad, los primeros rayos de sol penetraban en la ciudad a través de su arco de factura romana. Es uno de esos momentos mágicos que sólo tienes la dicha de contemplar muy de tarde en tarde. La luz parecía tener presencia física, como cuando la vemos dibujarse en el polvo de una habitación oscura en la que entra un solo foco. Me paré a disfrutar de tanta belleza y me arrepentí de no haber sacado mi pequeña máquina de fotos. Del otro lado de la puerta, tres fotógrafos, de los de trípode, grandes objetivos y enormes máquinas estaban aprovechando el momento de luz para captarlo en sus cámaras. Seguro que en alguna otra ocasión se vieron sorprendidos, al igual que yo, por la belleza efímera de las primeras luces del amanecer en la puerta de Córdoba. Poco a poco el día fue afianzándose. Llegué hasta el Alcazar del rey D. Pedro, que hoy acoge el Parador Nacional de Turismo. Entré en el patio de armas a través de un arco de herradura apuntado. Contemplé en lo que pude, los restos de torreones, almenas, foso, adarve, barbacana... hoy en ruinas, pero con aún una gran prestancia y con la capacidad seductora que envuelve a todas las ruinas históricas.
La luz del sol se reflejaba ya en las fachadas blancas de las casas y el azul puro del cielo prometía un hermoso día. Tuve ocasión de comprobarlo desde un pequeño mirador desde el que se divisaba la enorme vega. Todavía algún resto de bruma le confería el aspecto de un gran mar. Me vinieron a la cabeza los versos de Miguel Hernández en El romancillo de mayo “… y las mañanas son miel, de puro y puro doradas.” Se comprende que la ciudad se ubique en el sitio en el que está y que haya estado poblada desde el Neolítico, dada su privilegiada posición, sus fértiles campos y su fácil defensa. Eché de menos un río para que el enclave hubiese sido de libro.
Todavía me dio tiempo a trotar arriba y abajo por el trazado árabe de sus calles, a pasar por un mercado que se configura como una gran plaza cuadrada y porticada. Las tiendas se disponen en las fachadas de debajo de los soportales. Hay incluso un par de bares. Me evocaba alguna fotografía de los zocos árabes puesto que al fondo se veía una torre esbelta que bien hubiera podido pasar por un alminar. Algunas tiendas estaban colocando ya su mercancía y los tenderos me miraban como queriendo decir ¿De dónde ha salido éste? Salí del mercado y me dirigí de nuevo hacia la puerta de Sevilla, de allí al Alcázar y vuelta a descender hacia una carretera antes de emprender la cuesta arriba que acabaría metiéndome otra vez en la ciudad. Di rápido con el hotel y me hubiese quedado otro rato más, pero he venido a otra cosa. He tardado una hora y he corrido en torno a los 10 kilómetros, pero he disfrutado como pocas veces y además se me ha pasado el sueño. Los más madrugadores comienzan a bajar a desayunar. ¡Qué hambre!
Domingo 11 de marzo
Ayer me quedé con ganas. Hoy es domingo y me tocaría tirada larga de dos horas, pero no quiero sobarme mucho porque tengo que conducir más de 500 kilómetros. Decido salir y correr durante una hora y darle un poco más de ritmo que ayer. Para eso he de buscar un camino. Enfilo una calle cuesta abajo, y justo como había imaginado, me acaba sacando del casco histórico. Veo una especie de polígono y hacia él me dirijo. Justo enfrente sale un camino de tierra, lo único que llevaré cuatro kilómetros y no he dejado de ir cuesta abajo. Me espera una vuelta un poco dura, máxime cuando ayer casi me marché a la cama tarde y a la canal. Vaya una cena que nos pusieron: la tortilla que había sobrado del desayuno, unos platitos de pescado rebozado para compartir (comí 3 trozos) y unos calamares fritos y fríos. De postre, espinacas con garbanzos, pero platillos contados. En fin. Menos mal que lo compensé con las cervezas, los vinos y los gintonic. O sea que combustible tengo. Vamos p’alante. Veo a un kilómetro o así un campo florecido y decido llegarme hasta allí por ver de qué se trata. Es una planta de unos doce centímetros de alto, con hojas agrupadas de 6 en 6, como la marihuana, que me recuerdan también a las plantas de la patata cuando están pequeñas. La flor de color ceniciento. No soy capaz de identificarla, o sea que vuelta para atrás. Ahora toca subir y me fuerzo un poco. Me da por pensar que parte del esfuerzo que haga en los entrenamientos me lo ahorraré el día de la carrera.
Lo cierto es que voy bien y casi sin darme cuenta estoy de nuevo a los pies
de la ciudad. Me llama la atención una torre, casi a las afueras de la ciudad, a la entrada en este caso, que se me antoja prima directa de La Giralda, incluso está rematada por una veleta, al igual que el famoso giraldillo de su pariente cercana, que lo es al menos en la distancia. La observo sin pararme y tiene una decoración muy profusa y un estilo decorativo muy próximo al arte almohade. Ya lo miraré. De momento a apretar los dientes y a subir el último tramo empedrado. Llegando al hotel me encuentro ya con compañeros del EABE que llevan las maletas al coche. Me despido. Una hora. Calculo que 11, 5 kilómetros, la mitad de buena subida. Estiramientos frente al hotel con la vega de fondo y un sol agradable. A por la ducha y el desayuno, que me lo he ganado. Se van a arrepentir estos del hotel de haberme dejado con hambre ayer a la hora de la cena.miércoles, 7 de marzo de 2012
MM Salamanca. Una media muy completa

Llevamos semanas sin que caiga una gota de agua. La prensa dice que es uno de los inviernos más secos desde que se registran datos. Pues mira por dónde, las previsiones vaticinan lluvia en Salamanca durante 3 horas, entre las 10 y las 13 horas del domingo, justamente en el transcurso de la media maratón. Hay que jod…obarse. No me importa mucho mojarme en la carrera, si no es un chaparrón, claro, pero es un incordio. El suelo se vuelve peligroso y más aún en los trazados urbanos, cómo era el caso, los pies y las zapatillas terminan empapados, y sobre todo, la ropa pesa más, te roza, y te hace daño en las tetillas, que acaban doloridas ye incluso sangrantes. Por no hablar de que si al llegar a meta te tienen un ratito entretenido, como es previsible, el catarro está servido. Mucho musculito, mucha resistencia física, pero como veis, los corredores somos gente delicada.
Nos libramos del agua, aunque tuvimos un invitado con el que casi nadie contaba, el viento, que nos complicó las cosas en algunos tramos de la carrera, sobre todo al final, que es cuándo más duele, aunque imagino que hubo gente que ni lo notó. La dureza de las carreras tiene una parte importante de subjetividad. Me explico. Depende de cómo tengas el día. Si tienes fuerza no hay obstáculos, si vas tocado cualquier circunstancia adversa se convierte en un martirio. Personalmente no me pareció una carrera dura, incluso se me hizo corta. Digamos que el trazado es exigente en algunos tramos, pero bastante llevadero. La cuesta final subiendo desde La Aldehuela puede hacer daño si no has reservado fuerzas anteriormente. Creo que ahí estaba la clave para llegar más o menos entero a la meta: No tomarse uno las cuestas muy a pecho. Me gusta decir que hay que subirlas como un viejo para llegar arriba como un joven.
Disfruté de la carrera desde el primer momento y eso también es mérito de la excelente organización. No hubo que esperar en la recogida de dorsales, las instalaciones del pabellón eran excelentes, servicios impolutos, guardarropa rápido, cómodo y eficaz, salida por cajones muy bien señalados, trazado espectacular, como le corresponde a la ciudad, detalles inesperados cómo la exposición de automóviles antiguos a lo largo del recorrido, voluntarios amables, ciclistas de la organización atentos a cualquier incidencia, recogida rápida de la bolsa del corredor….en fin, una organización prácticamente perfecta. Como sugerencia, no como crítica, diría que sería interesante pactar con el Corte Inglés el uso de su aparcamiento y que los voluntarios de las bicis llevasen caramelos: En el transcurso del recorrido hubo dos personas que los solicitaban para compensar la bajada de glucosa.
En esta ocasión había quedado con Óscar, el afortunado marido de la mejor diseñadora gráfica de la región (por lo menos), que se enfrentaba por primera vez a esta distancia. Al grupo se incorporó, ya en la línea de salida, Juanflo, que también se estrenaba en las medias. Yo había llegado con Marta , que salió también con nosotros y a la que perdimos de vista antes de llegar a la calle Toro. Nos acabó sacando 10 minutos en la meta. Nosotros a nuestro aire y a tratar de acabar, que era el objetivo para ese día. Es importante no dejarse llevar por un ritmo demasiado alegre al principio de la carrera, ni tratar de seguir el paso de los que te preceden, ni dejarte presionar por los que vienen detrás, ni responder a los estímulos de la adrenalina que te incita a correr más deprisa, sumido en esa sensación de casi borrachera que uno lleva durante los primeros compases. Hay que tener en cuenta que 21 Km. son muchos y que las alegrías del comienzo pueden tornarse en sufrimiento al final. O sea que lo mejor, para nuestro propósito es sosegarse y coger un paso cómodo. Entre las presentaciones, la charla amena, la belleza del recorrido, la foto al paso por la Plaza mayor, cuando nos quisimos dar cuenta estábamos ya atravesando el puente romano. Delicioso este primer tramo. Subida a Vistahermosa. Allí pillamos a Vicente, el atleta que iba en la silla de ruedas , al que acompañamos durante un rato. Me dolían los brazos sólo de verle como empujaba la silla cuesta arriba, ¡menudo esfuerzo! Según íbamos hacia el Zurguén, los primeros ya volvían por el carril contrario. Me dio mucha alegría ver que Juan Bueno iba destacado en cabeza con otro corredor. ¡Cómo corre este muchacho! Pudimos ver y animar también a Chelís y Ángel que marchaban a un ritmo endiablado, a Edu y Adri veloces como Aquiles en los campos de Troya, a Manolo González, a Álex, a los hermanos Casas Viela…En fin, cómo dice mi amigo Lillo, “a todos esos que corren en otra liga”.
Nosotros, a lo nuestro, a que cayeran kilómetros sin cansarnos demasiado. Yo me encontraba fuerte, Óscar también aguantaba el ritmo en torno a los 5,30 y Juanflo comenzó a dar los primeros avisos de debilidad camino del segundo paso por puente romano. Me gustó entrar de nuevo en Salamanca por él y contemplar una vez más la fachada acristalada de la Casa Lis, o el verraco vettón contra el que el ciego golpeó la cabeza del todavía inocente Lazarillo de Tormes. Muy agradable me resultó el tramo que discurría a la orilla del río y además seme hizo muy corto. Llegando al kilómetro 15, Juanflo nos pidió que le dejásemos continuar a su ritmo y Óscar y yo aceleramos un poco y nos distanciamos. Desde aquí a la meta, fuimos todo el camino adelantando corredores, aunque hubo que bajar un poco el pistón para llegar juntos. Cómo me gusta llegar al kilómetro 20 con fuerza en las piernas y sentir que puedo seguir corriendo y subir la velocidad si me apetece. Esa sensación es la que me anima a seguir disfrutando de este deporte, pero también ver la alegría en la cara de Óscar al terminar la carrera, y el abrazo emocionado y la gente que aplaude y el alivio de parar… Recordé el año pasado en mi debut en la de Segovia cuando Pedrote me llevó en palmitas desde la salida hasta la meta y pensé en la cantidad de emociones que vives cuando logras superar este reto. Qué diferencia he experimentado en este último año, y que distintas las sensaciones físicas entre llegar con lo justo e ir sobrado. Al final, 1,55 y el convencimiento de que ha sido la carrera que más he disfrutado. Justo en la meta nos esperaban Carmen y Tatiana para recibirnos con un beso. Ese fue nuestro mejor premio. Realmente, no podemos aspirar a otro. Tras la carrera, me enteré por Álvaro de la lesión de Josemari, pero también de que Rony y Jose Paradinas habían concluido de forma magistral su primera media maratón. Me dio verdadera pena no poder quedarme a comer y haberle puesto al magnífico día un colofón a juego. Pero no pasa nada. Yo de momento me he apuntado a la de León con la intención de darme un homenaje a base de cecina, morcilla y si pudiera ser, un botillo para garantizar la recuperación del cuerpo y un buen vino de El Bierzo para la del espíritu. Dicho queda.
martes, 14 de febrero de 2012
Apología del vino

Quiero compartir con vosotros este texto que escribí hace ahora 16 años, con motivo del 8º aniversario de la Biblioteca Municipal de Peñaranda de Bracamonte.
La idea era relacionar el vino con cada uno de los grandes apartados temáticos de la CDU (Clasificación Decimal Universal) que se utiliza en las bibliotecas para la colocación de los libros según la materia de la que tratan. Filosofía, Mitología, Religión, Arte, Historia, Medicina, Literatura... Espero que os guste.
APOLOGÍA DEL VINO.
Puede resultar extraño que para la celebración del 8º aniversario de una biblioteca hayamos elegido como tema central el vino. Nada más alejado de la realidad, el vino es parte fundamental no sólo de nuestra cultura, sino de la de todo el mundo mediterráneo. Es un hecho cada vez más aceptado que la civilización se inició paralelamente al vino, si bien dejaremos para otro momento la discusión de quién vino de la mano de quién.
Durante siglos ha conformado, junto con el trigo y el aceite, la ''Santísima Trinidad" de nuestra economía, (dicho sea de forma figurada y sin querer molestar a nadie), en la que sin duda alguna el vino viene a ser el "Espíritu Santo" (no olvidemos que es la bebida espirituosa por excelencia). Su influencia traspasa los límites de la economía y trasciende a los de la política: Cristóbal de Villalón, profesor de la Universidad de Salamanca en el siglo XVI, en cita tomada del historiador José Luis Martín, atribuye al vino la causa de la invasión de la Península Itálica por los irreductibles galos en tiempos de la República:

" Los franceses, oyendo que los italianos avían plantado viñas procuravan de gustar el licor, y como le hallaron tan sabroso a su paladar acordaron de les conquistar las tierras por gozar como señores de tan buena cosa. De manera que si en Italia no se plantaran viñas no fueran destruidas sus comarcas por los franceses. Y visto por el sacro Senado que de su perdición era total causa el vino, proveyó que se deçepasen todas las viñas del imperio. Fue cosa maravillosa, que luego çesó la guerra, y no quedó francés en toda Italia quando supieron que no havía viñas en ella "
No sería para tanto. No obstante y sin haber pretendido nunca el protagonismo que le atribuye Cristóbal de Villalón, no podemos negar que el vino ha regido en multitud de ocasiones el destino de los pueblos a través de alguno de sus gobernantes: baste recordar aquí al emperador Tiberio, al que por su afición al vino llamaron Biberio; al gran Alejandro Magno, o a nuestro ínclito Pepe Botella.
Grandísima cosa debe de ser esta cuándo es elogiada desde el mismísimo sabio Salomón, " Dad los licores a los afligidos y el vino a los que tienen el corazón lleno de amargura. Beban éstos para echar en olvido su miseria y no acordarse más de su dolor" (Proverbios), hasta el insigne Séneca : "El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y, entre otras virtudes asegura la curación de la tristeza "
En efecto, es tal su importancia que su invención es atribuida al dios Dionisos, hijo de Zeus y de Sémele, a quién, según parece, hemos de agradecer su divina generosidad por enseñar a los hombres los inestimables beneficios derivados de la obtención del vino, y a las mujeres....

Así, va dejando sus enseñanzas por la Tracia, Beocia (Ahora que caigo. ¿No significara Beocia tierra de beodos?), Etolia, Laconia, Naxos, Frigia, Capadocia, Líbano, Iberia, India., Libia y Egipto, es decir, todo el orbe conocido, excepto los bárbaros del Norte. Aunque no todos se lo agradecen: los egipcios atribuyen su difusión a Osiris, y la tradición judeo-cristiana al patriarca Noé, " que al salir del arca se topó con la vid, la podó y domesticó siendo salvaje y determinó estrujar sus frutos y sacarles el licor" (Covarrubias), lo que ocasionó la primera borrachera de la que tenemos noticia. Parece que fue tanta la afición que cogió al divino néctar que alguien le ha atribuido la siguiente frase: " Que siga lloviendo todo el tiempo que quiera, siempre que no se mezcle el agua con el vino"
Notables son también las aportaciones del vino en el campo de la medicina e inmejorables sus propiedades sanatorias, como ya nos advertía Hipócrates. Es de todos recordado ese pasaje en el que nuestro paisano Lázaro de Tormes se valía de diversas argucias para conseguir el vino del jarro del ciego. Cuando éste le descubre le asienta un jarrazo en la cara que le ocasiona diversas heridas y contusiones que acaban sanando con el mismo vino. " ¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud. "

No olvidemos tampoco que el vino es un ingrediente básico e insustituible del afamado "Bálsamo de Fierabrás", de gran potencia sanadora. " En teniendo aceite, sal, vino y romero media botica tenemos " dice D. Quijote.
Alonso de Covarrubias, autor del excelente Diccionario de la Lengua Castellana, nos dice en el siglo XVI: "No anduvo fuera de camino el que dixo que entre los demás licores que se venden en las boticas, se avía de gastar también el vino por onças y reçeptado por los médicos" . Parece que los americanos siguieron sus sabios consejos, pues es de sobra conocido que en Nueva York, una nochebuena , una ciudadana española, Concha Piquer, pagó a precio de oro una receta y pidió en la farmacia vino español, vino español.
Por no redundar más en el tema diremos que las últimas investigaciones científicas vienen a corroborar estas cualidades del vino-medicina frente a las enfermedades cardiovasculares y algún tipo de cáncer. El estudio, realizado por dos eminentes doctores de una prestigiosa universidad norteamericana, reconoce también al vino español como uno de los más eficaces de todo el mundo en esta faceta preventiva. No andaban pués muy desencaminados los antiguos cuándo decían "Media vida es la candela, pan y vino la otra media " o " Dónde no hay vino y sobra el agua la salud falta" o "El vino sin agua es salud de cuerpo y alma".
En el campo de la filosofía, hace el vino también estimables aportaciones. Los filósofos presocráticos, fundamentalmente Anaximandró y Anaxímenes, estaban convencidos de que la vida se originaba por la conjunción de los 4 elementos: Aire, Agua, Tierra y Fuego y que duda cabe que los cuatro se sintetizan de forma armónica y perfecta en la uva. La uva por lo tanto es vida, como veremos.
En la cuestión religiosa, el vino juega un papel trascendental. No debe ser casualidad que Jesucristo le eligiera para hacer su primer milagro, que consistió, como todo el mundo sabe, en convertir el agua en vino, milagro que siguen practicando a diario con mayor o menor pericia innumerables taberneros.
El vino tiene un carácter místico en el ritual eucarístico, pues se convierte en la sangre de Cristo en el momento álgido de la eucaristía. La sangre es alegoría de la vida en la simbología católica, por lo tanto el vino es vida, o si no atentos a las palabras de Jesucristo: "Yo soy la verdad y la vida" y en S. Juan 15, 5, dice, "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" por lo que deducimos que lo que nos quiso decir en realidad fue: Yo soy la verdad y la vid.
En el acto de la consagración el vino ha de mezclarse con unas gotas de agua, por cuestiones teológicas, pero no muchas, no se desvirtúe el vino. En este sentido aconseja Pedro de Cuellar: "han de poner más vino que agua, que el agua significa el pueblo humanal, e porque el pueblo non es nada a respecto de Dios, por ende deve ser más el vino." Está claro, a la hora de bautizar es mejor hacerlo con los infieles que al fin y al cabo no les causa ningún perjuicio. El vino es mejor que se quede moro.
Podemos rastrear también la influencia del vino en disciplinas tan dispares como la arquitectura: José Luis Alonso Ponga nos ofrece una amplia muestra en su estudio sobre la arquitectura del barro, donde podemos contemplar una amplia variedad de bodegas, en la escultura, baste mirar con detenimiento muchos capiteles de los claustros medievales, o en la ingeniería con una amplia gama de maquinas e ingenios para todo el proceso de elaboración del vino.

Si son profundas sus huellas en estas materias, hemos de convenir que aún lo son más en las diversas manifestaciones del campo de la cultura: El triunfo de Baco de Velázquez, El Baco de Caravaggio, Baco niño de Guido Reni, la bacanal de Houasse, La vendimia de Goya, hermosos pasajes del Quijote, del Lazarillo, del Criticón, del Libro de Patronio, del Libro de Buen Amor..., Autores como Homero, Safo, Anacreonte, Eurípides, Platón, Aristóteles, Jenofonte, Berceo, Isidoro de Sevilla, Quevedo, Rabelais, Baudelaire, Claudel, Dante, Goethe, Rilke, Cavafís, Nietzche, Shakespeare, Neruda, Borges, Darío, Mohamed Hafiz, Li-Po, Yukio Mishima y un innumerable etcétera, que vienen a rendir homenaje a este néctar divino que da ciencia a quién no la tiene, no guarda secretos, estimula la creación, es parlanchín, pendenciero, amigo fiel de festines y celebraciones sin fallar ninguno, da alegría, es cantarín, acerca culturas, inhibe la timidez, da color a las mejillas y a la orina, aclara la voz, cura las heridas, atrapa a los mosquitos, previene la impotencia, cura la timidez, ayuda a hacer amistades, cura la melancolía, alivia las penas, dilata el corazón, duplica la visión (o la hace independiente por cada, ojo, según se mire), facilita la digestión, da calor y ánimo a quién lo bebe...., en definitiva si como hemos podido comprobar la vid es la vida, vivir es beber. Hagamos pues las pertinentes libaciones por la larga vida de nuestra biblioteca de la mano de Juan Fernández, enófilo y erudito de la cultura del vino, y que Dionisos en su generosidad nos haga participar por unos instantes de la naturaleza de los dioses.
viernes, 3 de febrero de 2012
La educación también se siente

De contino escucho decir que la enseñanza necesita un cambio inmediato y radical, que la escuela permanece anclada en las formas del siglo XIX, mientras los alumnos pertenecen al siglo XXI. Y debe ser verdad, porque veo a diario la desmotivación de alumnos a los que el sistema educativo no les aporta gran cosa.
Siento cercano cómo gente válida, inteligente y despierta, sufre un sistema educativo que no valora las capacidades individuales, que capa su crecimiento intelectual, que desalienta, desmoraliza y no evoluciona. Qué exige unas cosas y valora otras, que propone competencias pero evalúa contenidos, que no deja espacio a la imaginación de los chavales, que coarta su creatividad y en muchas ocasiones sus ilusiones, que arroja fuera a muchachos de gran capacidad y que si en algo se ha mostrado tremendamente eficaz es en generar fracaso escolar.
Oigo a algunos profesores sermonear a los padres y transmitirles que la única forma válida de obtener rendimientos es obligar a los hijos a sentarse delante de un libro durante varias horas al día. De no ser así, estaríamos haciendo dejación de nuestros deberes como progenitores y por consiguiente, recaería sobre nuestras conciencias el peso de todos los suspensos que el alumno fuese capaz de cosechar en su vida estudiantil. Ellos (los profesores) ya hacen todo lo que pueden aguantando en clase a esa pandilla de jovencitos indolentes, sin interés por nada, apáticos, distraídos y en ocasiones maleducados.
Veo también, sin embargo, a profesores que se esfuerzan por ofrecer a los chicos algo distinto, que quieren evolucionar, que buscan nuevos métodos para impartir sus clases, que se molestan para motivar a los alumnos, que se reciclan, que acuden a cursos formativos, que hacen sus asignaturas entretenidas, que tratan de acercarse a los chavales, que se ponen a su altura, que interaccionan con ellos, que dialogan.
Conozco casos en los que las buenas intenciones innovadoras de estos docentes inquietos, han de salvar obstáculos impensables de los compañeros y trabas alucinantes de los equipos directivos que no ven con buenos ojos que las cosas dejen de ser como son, supongo que por no dejar en evidencia su propia inactividad, su escandalosa desidia profesional.
Veo que ¿nuestros? políticos se enzarzan en discusiones retóricas y sin fundamento pretendiendo salvar la educación de las garras de sus oponentes, o mejor dicho, adaptarla a sus propias conveniencias, pero que se dejan deteriorar la enseñanza a base de no proponer soluciones, de incluir materias que deberían quedar fuera de la escuela, de no arreglar edificios, de racanear en personal, en medios materiales, en dineros, de incrementar las ratios, de bajar el nivel educativo.
Me mosquea que en toda la vida escolar de mis hijos, que se sacan cuatro años entre sí, no haya sido capaz de reutilizar un libro del mayor para la pequeña. Los libros de texto se cambian continuamente, obligándote a adquirir distintas ediciones de la misma obra, en la que el capítulo 8 ha pasado a ser el 6 y el 4 el 9. Esto tiene un nombre que me callo ahora, pero que tiene mucho que ver con la corrupción.
Sufro viendo la incapacidad de quienes tienen la responsabilidad de velar por la educación, de diseñar su futuro, de establecer consensos para no tener que cambiar de ley cada vez que cambiamos el color del gobierno.
Me indigno comprobando como la educación pública cae en manos de gentes que no creen en ella, o que tiene intereses en la privada; de ver cómo se utiliza de campo de batalla para dirimir las rencillas políticas; de comprobar que lo que interesa es imponer el criterio ideológico dominante; de que el sentido común y el debate se sustituyan por el ordeno y mando; de que esta ley la cambio yo en cuanto llegue al gobierno sin ni siquiera consultar con las partes implicadas….
Me cabreo cuando observo que una conquista tan importante como la gratuidad de la enseñanza se intenta convertir en un nicho de mercado. Cómo los que tienen la obligación de mimarla, la degradan y prostituyen sin el menor pudor y con el cinismo impresentable de querer hacernos ver que es para garantizar mejor nuestros derechos.

No puedo soportar a quienes desde dentro y desde fuera juegan con la formación de nuestros niños y jóvenes, manipulan, enredan y tratan de hacernos ver que la única educación de calidad posible es la que se paga.
Me solivianta la inacción de quien viendo venir las cosas no hace nada por evitarlo, de quien sabiendo que actúa en detrimento del sistema educativo público sólo se preocupa de que su jornada sea más cómoda, de estar en el centro el menor tiempo posible, de imponer por criterio de antigüedad un mejor horario para él, de quejarse de que los padres no se molestan en conocer de primera mano la evolución de sus hijos mientras ponen sus tutorias los miércoles de 11,36 a 12,07 en el convencimiento de que la gente no trabaja o de que si lo hace ha de plegarse a sus caprichosos horarios.
Estoy harto de que las únicas caras que ven a diario algunos de los profesores de mis hijos sean la del conductor del autobús, que los lleva y los trae cada mañana y la del camarero que les sirve el café. No conocen la realidad en la que se mueven sus alumnos, ni sus problemas, ni siquiera a sus padres. Lo único que importa es irse después del recreo si se ha llegado al instituto a primera hora de la mañana, y venir en el segundo autobús si tienes que quedarte hasta la última. La cuestión es no permanecer, en cualquier caso, más de tres horas seguidas en el puesto de trabajo. Sin hablar de las ocasiones en las que apenas comienza a nevar los profesores salen en tromba del centro para irse a su casa de la capital, no se complique la carretera, o directamente no salgan hacia el instituto si les pilla en casa.
Sin embargo también veo ilusión en algunos profesores, ganas de enseñar, entusiasmo por que los chavales aprendan, que son capaces de apasionar porque ponen pasión, de reír porque son alegres, de conectar con sus alumnos porque saben ponerse a su altura, de darse a respetar porque son respetuosos, de convencer porque son sinceros, de transmitir porque son cercanos, de que sus alumnos trabajen porque ellos son trabajadores.
Reconozco que en ocasiones, las buenas intenciones formadoras de algunos docentes se enfrentan a un auténtico e insalvable muro por parte de la administración y a los palos en las ruedas de quienes no desean que nada cambie.
Valoro a profesores comprometidos con sus alumnos y con su profesión. La enseñanza es una actividad vocacional, al igual que un sacerdocio. A los que se la juegan defendiendo lo que creen, a los que están señalados por el dedo por haber sido capaces de dar la cara, a los que son capaces de comprometerse, a los que aún creen que las cosas tienen remedio.
Envidio a los que, a pesar de la oposición de sus equipos directivos, y del vacío de sus compañeros, apuestan por ofrecer a los chicos otras cosas, a los que se salen del guión, a los que elaboran sus propios contenidos, a los que no se dejan doblegar por las presiones de las editoriales.
Admiro a aquellos que contra viento y marea persisten en su tarea de enseñar con buen semblante y acuden a la escuela alegres y contentos cada día. Podríamos medir la profesionalidad de un profesor viendo la cara que saca después de clase, o mejor aún viendo la que sacan sus alumnos. Un profesor puede hacer mucho bien, pero también mucho daño, puesto que trabaja con material sensible. Bravo por quienes siempre lo tienen presente.
Sé que sin educación no hay futuro, que la educación es la inversión más rentable que un país puede hacer para sí mismo. Esto lo sabe también cualquier persona, incluso los que gobiernan. Todos conocemos las enormes ventajas sociales, económicas y personales de tener una sociedad cultivada, pero parece que hubiésemos abdicado de conseguir mejoras de cara al futuro. Alguien dijo que una sociedad que invierte en escuelas, se lo ahorra en cárceles, pero convendría añadir que lo gana en desarrollo humano, en bienestar social y en riqueza económica.
O sea que por favor, dejemos de jugar con las cosas serias y pongamos los cinco sentidos en proteger la educación de los ataques de los mercaderes. Animo a los profesores a unirse en defensa de la educación pública, a implicarse en los cambios metodológicos necesarios para incrementar el interés del alumnado, a ejercer con honestidad una profesión apasionante, a comprometerse con sus alumnos por encima de cualquier otra consideración. A los gobernantes a creer que la educación es una inversión y no un gasto, que es un derecho de todos, que con ella no se debe hacer política, a creerse que la calidad de vida de un país tiene mucho que ver con la calidad de su enseñanza, que un paso atrás en materia educativa es un retroceso social que costará décadas en recuperar. A los padres a que sean capaces de valorar que la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos es la formación, que también tienen cosas que aportar en ese proceso, que las actitudes de los muchachos dentro del aula tienen mucho que ver con su forma de ver las cosas dentro de la familia, que deben implicarse en la tarea de reclamar una educación pública, gratuita y de calidad. A los alumnos a tomar conciencia de que la educación pública es el derecho que el día de mañana les va a permitir defender todos los demás derechos. Que sin ella, la sociedad democrática pierde su principal razón de ser, ya que una buena educación pública es la única forma de garantizar la igualdad de oportunidades.
Ya está bien de utilizar la educación pública como campo de batalla, unámonos para defenderla, porque será el mejor antídoto para luchar contra las crisis, ésta y las que vengan. Nuestros hijos nos lo agradecerán, la sociedad nos lo agradecerá, nuestro bienestar nos lo agradecerá, porque sin educación no hay futuro del que podamos sentirnos orgullosos.
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