martes, 14 de febrero de 2012

Apología del vino


Quiero compartir con vosotros este texto que escribí hace ahora 16 años, con motivo del 8º aniversario de la Biblioteca Municipal de Peñaranda de Bracamonte.
La idea era relacionar el vino con cada uno de los grandes apartados temáticos de la CDU (Clasificación Decimal Universal) que se utiliza en las bibliotecas para la colocación de los libros según la materia de la que tratan. Filosofía, Mitología, Religión, Arte, Historia, Medicina, Literatura... Espero que os guste.

APOLOGÍA DEL VINO.

Puede resultar extraño que para la celebración del 8º aniversario de una biblioteca hayamos elegido como tema central el vino. Nada más alejado de la realidad, el vino es parte fundamental no sólo de nuestra cultura, sino de la de todo el mundo mediterráneo. Es un hecho cada vez más aceptado que la civilización se inició paralelamente al vino, si bien dejaremos para otro momento la discusión de quién vino de la mano de quién.
Durante siglos ha conformado, junto con el trigo y el aceite, la ''Santísima Trinidad" de nuestra economía, (dicho sea de forma figurada y sin querer molestar a nadie), en la que sin duda alguna el vino viene a ser el "Espíritu Santo" (no olvidemos que es la bebida espirituosa por excelencia). Su influencia traspasa los límites de la economía y trasciende a los de la política: Cristóbal de Villalón, profesor de la Universidad de Salamanca en el siglo XVI, en cita tomada del historiador José Luis Martín, atribuye al vino la causa de la invasión de la Península Itálica por los irreductibles galos en tiempos de la República:
" Los franceses, oyendo que los italianos avían plantado viñas procuravan de gustar el licor, y como le hallaron tan sabroso a su paladar acordaron de les conquistar las tierras por gozar como señores de tan buena cosa. De manera que si en Italia no se plantaran viñas no fueran destruidas sus comarcas por los franceses. Y visto por el sacro Senado que de su perdición era total causa el vino, proveyó que se deçepasen todas las viñas del imperio. Fue cosa maravillosa, que luego çesó la guerra, y no quedó francés en toda Italia quando supieron que no havía viñas en ella "
No sería para tanto. No obstante y sin haber pretendido nunca el protagonismo que le atribuye Cristóbal de Villalón, no podemos negar que el vino ha regido en multitud de ocasiones el destino de los pueblos a través de alguno de sus gobernantes: baste recordar aquí al emperador Tiberio, al que por su afición al vino llamaron Biberio; al gran Alejandro Magno, o a nuestro ínclito Pepe Botella.
Grandísima cosa debe de ser esta cuándo es elogiada desde el mismísimo sabio Salomón, " Dad los licores a los afligidos y el vino a los que tienen el corazón lleno de amargura. Beban éstos para echar en olvido su miseria y no acordarse más de su dolor" (Proverbios), hasta el insigne Séneca : "El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y, entre otras virtudes asegura la curación de la tristeza "
En efecto, es tal su importancia que su invención es atribuida al dios Dionisos, hijo de Zeus y de Sémele, a quién, según parece, hemos de agradecer su divina generosidad por enseñar a los hombres los inestimables beneficios derivados de la obtención del vino, y a las mujeres....


Así, va dejando sus enseñanzas por la Tracia, Beocia (Ahora que caigo. ¿No significara Beocia tierra de beodos?), Etolia, Laconia, Naxos, Frigia, Capadocia, Líbano, Iberia, India., Libia y Egipto, es decir, todo el orbe conocido, excepto los bárbaros del Norte. Aunque no todos se lo agradecen: los egipcios atribuyen su difusión a Osiris, y la tradición judeo-cristiana al patriarca Noé, " que al salir del arca se topó con la vid, la podó y domesticó siendo salvaje y determinó estrujar sus frutos y sacarles el licor" (Covarrubias), lo que ocasionó la primera borrachera de la que tenemos noticia. Parece que fue tanta la afición que cogió al divino néctar que alguien le ha atribuido la siguiente frase: " Que siga lloviendo todo el tiempo que quiera, siempre que no se mezcle el agua con el vino"
Notables son también las aportaciones del vino en el campo de la medicina e inmejorables sus propiedades sanatorias, como ya nos advertía Hipócrates. Es de todos recordado ese pasaje en el que nuestro paisano Lázaro de Tormes se valía de diversas argucias para conseguir el vino del jarro del ciego. Cuando éste le descubre le asienta un jarrazo en la cara que le ocasiona diversas heridas y contusiones que acaban sanando con el mismo vino. " ¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud. "
No olvidemos tampoco que el vino es un ingrediente básico e insustituible del afamado "Bálsamo de Fierabrás", de gran potencia sanadora. " En teniendo aceite, sal, vino y romero media botica tenemos " dice D. Quijote.
Alonso de Covarrubias, autor del excelente Diccionario de la Lengua Castellana, nos dice en el siglo XVI: "No anduvo fuera de camino el que dixo que entre los demás licores que se venden en las boticas, se avía de gastar también el vino por onças y reçeptado por los médicos" . Parece que los americanos siguieron sus sabios consejos, pues es de sobra conocido que en Nueva York, una nochebuena , una ciudadana española, Concha Piquer, pagó a precio de oro una receta y pidió en la farmacia vino español, vino español.
Por no redundar más en el tema diremos que las últimas investigaciones científicas vienen a corroborar estas cualidades del vino-medicina frente a las enfermedades cardiovasculares y algún tipo de cáncer. El estudio, realizado por dos eminentes doctores de una prestigiosa universidad norteamericana, reconoce también al vino español como uno de los más eficaces de todo el mundo en esta faceta preventiva. No andaban pués muy desencaminados los antiguos cuándo decían "Media vida es la candela, pan y vino la otra media " o " Dónde no hay vino y sobra el agua la salud falta" o "El vino sin agua es salud de cuerpo y alma".
En el campo de la filosofía, hace el vino también estimables aportaciones. Los filósofos presocráticos, fundamentalmente Anaximandró y Anaxímenes, estaban convencidos de que la vida se originaba por la conjunción de los 4 elementos: Aire, Agua, Tierra y Fuego y que duda cabe que los cuatro se sintetizan de forma armónica y perfecta en la uva. La uva por lo tanto es vida, como veremos.
En la cuestión religiosa, el vino juega un papel trascendental. No debe ser casualidad que Jesucristo le eligiera para hacer su primer milagro, que consistió, como todo el mundo sabe, en convertir el agua en vino, milagro que siguen practicando a diario con mayor o menor pericia innumerables taberneros.
El vino tiene un carácter místico en el ritual eucarístico, pues se convierte en la sangre de Cristo en el momento álgido de la eucaristía. La sangre es alegoría de la vida en la simbología católica, por lo tanto el vino es vida, o si no atentos a las palabras de Jesucristo: "Yo soy la verdad y la vida" y en S. Juan 15, 5, dice, "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" por lo que deducimos que lo que nos quiso decir en realidad fue: Yo soy la verdad y la vid.
En el acto de la consagración el vino ha de mezclarse con unas gotas de agua, por cuestiones teológicas, pero no muchas, no se desvirtúe el vino. En este sentido aconseja Pedro de Cuellar: "han de poner más vino que agua, que el agua significa el pueblo humanal, e porque el pueblo non es nada a respecto de Dios, por ende deve ser más el vino." Está claro, a la hora de bautizar es mejor hacerlo con los infieles que al fin y al cabo no les causa ningún perjuicio. El vino es mejor que se quede moro.
Podemos rastrear también la influencia del vino en disciplinas tan dispares como la arquitectura: José Luis Alonso Ponga nos ofrece una amplia muestra en su estudio sobre la arquitectura del barro, donde podemos contemplar una amplia variedad de bodegas, en la escultura, baste mirar con detenimiento muchos capiteles de los claustros medievales, o en la ingeniería con una amplia gama de maquinas e ingenios para todo el proceso de elaboración del vino.


Si son profundas sus huellas en estas materias, hemos de convenir que aún lo son más en las diversas manifestaciones del campo de la cultura: El triunfo de Baco de Velázquez, El Baco de Caravaggio, Baco niño de Guido Reni, la bacanal de Houasse, La vendimia de Goya, hermosos pasajes del Quijote, del Lazarillo, del Criticón, del Libro de Patronio, del Libro de Buen Amor..., Autores como Homero, Safo, Anacreonte, Eurípides, Platón, Aristóteles, Jenofonte, Berceo, Isidoro de Sevilla, Quevedo, Rabelais, Baudelaire, Claudel, Dante, Goethe, Rilke, Cavafís, Nietzche, Shakespeare, Neruda, Borges, Darío, Mohamed Hafiz, Li-Po, Yukio Mishima y un innumerable etcétera, que vienen a rendir homenaje a este néctar divino que da ciencia a quién no la tiene, no guarda secretos, estimula la creación, es parlanchín, pendenciero, amigo fiel de festines y celebraciones sin fallar ninguno, da alegría, es cantarín, acerca culturas, inhibe la timidez, da color a las mejillas y a la orina, aclara la voz, cura las heridas, atrapa a los mosquitos, previene la impotencia, cura la timidez, ayuda a hacer amistades, cura la melancolía, alivia las penas, dilata el corazón, duplica la visión (o la hace independiente por cada, ojo, según se mire), facilita la digestión, da calor y ánimo a quién lo bebe...., en definitiva si como hemos podido comprobar la vid es la vida, vivir es beber. Hagamos pues las pertinentes libaciones por la larga vida de nuestra biblioteca de la mano de Juan Fernández, enófilo y erudito de la cultura del vino, y que Dionisos en su generosidad nos haga participar por unos instantes de la naturaleza de los dioses.

viernes, 3 de febrero de 2012

La educación también se siente



De contino escucho decir que la enseñanza necesita un cambio inmediato y radical, que la escuela permanece anclada en las formas del siglo XIX, mientras los alumnos pertenecen al siglo XXI. Y debe ser verdad, porque veo a diario la desmotivación de alumnos a los que el sistema educativo no les aporta gran cosa.

Siento cercano cómo gente válida, inteligente y despierta, sufre un sistema educativo que no valora las capacidades individuales, que capa su crecimiento intelectual, que desalienta, desmoraliza y no evoluciona. Qué exige unas cosas y valora otras, que propone competencias pero evalúa contenidos, que no deja espacio a la imaginación de los chavales, que coarta su creatividad y en muchas ocasiones sus ilusiones, que arroja fuera a muchachos de gran capacidad y que si en algo se ha mostrado tremendamente eficaz es en generar fracaso escolar.

Oigo a algunos profesores sermonear a los padres y transmitirles que la única forma válida de obtener rendimientos es obligar a los hijos a sentarse delante de un libro durante varias horas al día. De no ser así, estaríamos haciendo dejación de nuestros deberes como progenitores y por consiguiente, recaería sobre nuestras conciencias el peso de todos los suspensos que el alumno fuese capaz de cosechar en su vida estudiantil. Ellos (los profesores) ya hacen todo lo que pueden aguantando en clase a esa pandilla de jovencitos indolentes, sin interés por nada, apáticos, distraídos y en ocasiones maleducados.

Veo también, sin embargo, a profesores que se esfuerzan por ofrecer a los chicos algo distinto, que quieren evolucionar, que buscan nuevos métodos para impartir sus clases, que se molestan para motivar a los alumnos, que se reciclan, que acuden a cursos formativos, que hacen sus asignaturas entretenidas, que tratan de acercarse a los chavales, que se ponen a su altura, que interaccionan con ellos, que dialogan.

Conozco casos en los que las buenas intenciones innovadoras de estos docentes inquietos, han de salvar obstáculos impensables de los compañeros y trabas alucinantes de los equipos directivos que no ven con buenos ojos que las cosas dejen de ser como son, supongo que por no dejar en evidencia su propia inactividad, su escandalosa desidia profesional.

Veo que ¿nuestros? políticos se enzarzan en discusiones retóricas y sin fundamento pretendiendo salvar la educación de las garras de sus oponentes, o mejor dicho, adaptarla a sus propias conveniencias, pero que se dejan deteriorar la enseñanza a base de no proponer soluciones, de incluir materias que deberían quedar fuera de la escuela, de no arreglar edificios, de racanear en personal, en medios materiales, en dineros, de incrementar las ratios, de bajar el nivel educativo.

Me mosquea que en toda la vida escolar de mis hijos, que se sacan cuatro años entre sí, no haya sido capaz de reutilizar un libro del mayor para la pequeña. Los libros de texto se cambian continuamente, obligándote a adquirir distintas ediciones de la misma obra, en la que el capítulo 8 ha pasado a ser el 6 y el 4 el 9. Esto tiene un nombre que me callo ahora, pero que tiene mucho que ver con la corrupción.

Sufro viendo la incapacidad de quienes tienen la responsabilidad de velar por la educación, de diseñar su futuro, de establecer consensos para no tener que cambiar de ley cada vez que cambiamos el color del gobierno.

Me indigno comprobando como la educación pública cae en manos de gentes que no creen en ella, o que tiene intereses en la privada; de ver cómo se utiliza de campo de batalla para dirimir las rencillas políticas; de comprobar que lo que interesa es imponer el criterio ideológico dominante; de que el sentido común y el debate se sustituyan por el ordeno y mando; de que esta ley la cambio yo en cuanto llegue al gobierno sin ni siquiera consultar con las partes implicadas….

Me cabreo cuando observo que una conquista tan importante como la gratuidad de la enseñanza se intenta convertir en un nicho de mercado. Cómo los que tienen la obligación de mimarla, la degradan y prostituyen sin el menor pudor y con el cinismo impresentable de querer hacernos ver que es para garantizar mejor nuestros derechos.


No puedo soportar a quienes desde dentro y desde fuera juegan con la formación de nuestros niños y jóvenes, manipulan, enredan y tratan de hacernos ver que la única educación de calidad posible es la que se paga.

Me solivianta la inacción de quien viendo venir las cosas no hace nada por evitarlo, de quien sabiendo que actúa en detrimento del sistema educativo público sólo se preocupa de que su jornada sea más cómoda, de estar en el centro el menor tiempo posible, de imponer por criterio de antigüedad un mejor horario para él, de quejarse de que los padres no se molestan en conocer de primera mano la evolución de sus hijos mientras ponen sus tutorias los miércoles de 11,36 a 12,07 en el convencimiento de que la gente no trabaja o de que si lo hace ha de plegarse a sus caprichosos horarios.

Estoy harto de que las únicas caras que ven a diario algunos de los profesores de mis hijos sean la del conductor del autobús, que los lleva y los trae cada mañana y la del camarero que les sirve el café. No conocen la realidad en la que se mueven sus alumnos, ni sus problemas, ni siquiera a sus padres. Lo único que importa es irse después del recreo si se ha llegado al instituto a primera hora de la mañana, y venir en el segundo autobús si tienes que quedarte hasta la última. La cuestión es no permanecer, en cualquier caso, más de tres horas seguidas en el puesto de trabajo. Sin hablar de las ocasiones en las que apenas comienza a nevar los profesores salen en tromba del centro para irse a su casa de la capital, no se complique la carretera, o directamente no salgan hacia el instituto si les pilla en casa.

Sin embargo también veo ilusión en algunos profesores, ganas de enseñar, entusiasmo por que los chavales aprendan, que son capaces de apasionar porque ponen pasión, de reír porque son alegres, de conectar con sus alumnos porque saben ponerse a su altura, de darse a respetar porque son respetuosos, de convencer porque son sinceros, de transmitir porque son cercanos, de que sus alumnos trabajen porque ellos son trabajadores.

Reconozco que en ocasiones, las buenas intenciones formadoras de algunos docentes se enfrentan a un auténtico e insalvable muro por parte de la administración y a los palos en las ruedas de quienes no desean que nada cambie.

Valoro a profesores comprometidos con sus alumnos y con su profesión. La enseñanza es una actividad vocacional, al igual que un sacerdocio. A los que se la juegan defendiendo lo que creen, a los que están señalados por el dedo por haber sido capaces de dar la cara, a los que son capaces de comprometerse, a los que aún creen que las cosas tienen remedio.

Envidio a los que, a pesar de la oposición de sus equipos directivos, y del vacío de sus compañeros, apuestan por ofrecer a los chicos otras cosas, a los que se salen del guión, a los que elaboran sus propios contenidos, a los que no se dejan doblegar por las presiones de las editoriales.

Admiro a aquellos que contra viento y marea persisten en su tarea de enseñar con buen semblante y acuden a la escuela alegres y contentos cada día. Podríamos medir la profesionalidad de un profesor viendo la cara que saca después de clase, o mejor aún viendo la que sacan sus alumnos. Un profesor puede hacer mucho bien, pero también mucho daño, puesto que trabaja con material sensible. Bravo por quienes siempre lo tienen presente.

Sé que sin educación no hay futuro, que la educación es la inversión más rentable que un país puede hacer para sí mismo. Esto lo sabe también cualquier persona, incluso los que gobiernan. Todos conocemos las enormes ventajas sociales, económicas y personales de tener una sociedad cultivada, pero parece que hubiésemos abdicado de conseguir mejoras de cara al futuro. Alguien dijo que una sociedad que invierte en escuelas, se lo ahorra en cárceles, pero convendría añadir que lo gana en desarrollo humano, en bienestar social y en riqueza económica.

O sea que por favor, dejemos de jugar con las cosas serias y pongamos los cinco sentidos en proteger la educación de los ataques de los mercaderes. Animo a los profesores a unirse en defensa de la educación pública, a implicarse en los cambios metodológicos necesarios para incrementar el interés del alumnado, a ejercer con honestidad una profesión apasionante, a comprometerse con sus alumnos por encima de cualquier otra consideración. A los gobernantes a creer que la educación es una inversión y no un gasto, que es un derecho de todos, que con ella no se debe hacer política, a creerse que la calidad de vida de un país tiene mucho que ver con la calidad de su enseñanza, que un paso atrás en materia educativa es un retroceso social que costará décadas en recuperar. A los padres a que sean capaces de valorar que la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos es la formación, que también tienen cosas que aportar en ese proceso, que las actitudes de los muchachos dentro del aula tienen mucho que ver con su forma de ver las cosas dentro de la familia, que deben implicarse en la tarea de reclamar una educación pública, gratuita y de calidad. A los alumnos a tomar conciencia de que la educación pública es el derecho que el día de mañana les va a permitir defender todos los demás derechos. Que sin ella, la sociedad democrática pierde su principal razón de ser, ya que una buena educación pública es la única forma de garantizar la igualdad de oportunidades.

Ya está bien de utilizar la educación pública como campo de batalla, unámonos para defenderla, porque será el mejor antídoto para luchar contra las crisis, ésta y las que vengan. Nuestros hijos nos lo agradecerán, la sociedad nos lo agradecerá, nuestro bienestar nos lo agradecerá, porque sin educación no hay futuro del que podamos sentirnos orgullosos.

La imagen que encabeza este post ha sido extraída de la siguiente dirección, con licencia Creative Commons:
http://antoniomaestre.files.wordpress.com/2011/08/por-la-escuela-publica.gif

lunes, 23 de enero de 2012

Arriba las manos, esto es una crisis...

He de confesar que no tengo ni repajolera idea de economía. Ni siquiera de economía doméstica, y aún menos de esta economía salvaje con la que parece que tenemos que acostumbrarnos a vivir. Se supone que quienes saben de economía son los economistas y también los políticos y los gestores de fondos y los banqueros y los agentes de calificación y los de bolsa, y los dirigentes del FMI, y los del BCE, pero a juzgar por los resultados obtenidos me da en la nariz que, en esta materia estamos todos al mismo nivel. Esa es una hipótesis posible: Aquellos que deberían haber sabido la que se nos venía encima, puesto que son expertos y cobran por ello, no las vieron venir, y ahora, a toro pasado, nos toca pagar a los demás (mejor dicho, a los de siempre), por su ineficacia. También existe la posibilidad de que supieran lo que estaba pasando y las consecuencias que tendría, pero unos por otros, decidieron seguir engrasando la maquinaria para que ésta continuara produciendo dinerito. Total, a ellos, como expertos que son, les basta con echar la culpa a otros factores, a otras personas, a otras cosas. Y al fin y al cabo, algo de razón no les habría de faltar. En la génesis de esta crisis está la ambición desmedida, la falta de escrúpulos y el dinero fácil y en esos parámetros no sólo se mueven los bancos y los grandes fondos de inversión, también lo hacen los especuladores de andar por casa, el constructor aprovechado, el comisionista sin piedad, el gestor desalmado, los empresarios oportunistas y esos espabilados que saben pescar en ríos revueltos y que no ven más allá de la rentabilidad inmediata.

¿Y quién dicen los expertos que tiene la culpa de lo que está pasando? Evidentemente la clase media, los asalariados, los funcionarios, y los trabajadores de nómina corta, que se lanzaron a comprar pisos y coches como posesos a pesar de que era evidente de que vivíamos en una burbuja. Es lo que tiene creerse más de lo que se es. A uno le dicen que la mierda de piso de 60 metros en el que vive, vale a precio de mercado al menos 200.000 euros, y se acaba creyendo que habita en el Palacio de Versalles, que pertenece a la privilegiada casta de los propietarios y lo que es peor, que vive convencido de que lo mejor que le puede pasar a su bolsillo es que el precio de la vivienda no deje de subir.

Lo de menos es que el banco te diese 10 cuando pedías 8 y te animase a cambiar el coche, o a invertir además en un apartamento en la playa, digno de tu estatus. Lo de menos es que el FMI siguiera alentando un consumo desaforado e insostenible, lo de menos es que los políticos ni las vieran venir, lo de menos es que la especulación sustituyera al trabajo e inflara los precios de las casas y los bolsillos de los especuladores en una espiral sin límites, lo de menos es que el derroche ostentoso de las administraciones, la corrupción urbanística, los trapicheos constantes, el desvío de fondos públicos hacia cuentas privadas, los autos de lujo, los aeropuertos sin aviones, los bolsos de Vuitton y el todo vale, camparan a sus anchas. Ahora resulta que el culpable es aquel que se endeudó para 40 años para adquirir una vivienda minúscula y mal construida o el que aceptó sustanciosas subidas del 3% anual en su nómina mensual en los años de bonanza.
Pero nos está bien empleado. Lo primero por no entender de economía, y lo segundo por entrar al juego de un capitalismo popular que acabará por dejarnos con el culo al aire y viviendo debajo del puente. Resulta que detraemos de nuestras cada vez más exiguas nóminas, una cantidad mensual para complementar nuestra jubilación contratando un fondo de pensiones adicional a una empresa privada ¿acaso no tenemos derecho a una pensión pública?, o fiamos nuestros ahorros a tiburones financieros a través de los fondos de inversión. La cuestión es que ingentes cantidades de dinero procedentes de las rentas del trabajo, le sirven al capital para jugar al monopoly, para especular con los alimentos, con la energía, con la vivienda e incluso con las personas. Es “nuestro” dinero, el que se ha utilizado para provocar esta crisis, o mejor dicho, este macronegocio global. Y seguirá siendo nuestro dinero el que siga alimentando a la fiera que acabará con nuestros ahorros, nuestras pensiones, nuestros derechos y nuestro bienestar. Hemos colaborado con nuestros ahorros a poner una bomba de relojería en las prestaciones sociales de carácter público: En las pensiones, en la sanidad, en la educación, en la asistencia al anciano… De momento, la insaciable y cada vez más inútil banca, ha perdido lo que no está escrito por imprudencia, avaricia y operaciones arriesgadas con fondos que no la pertenecen, pero para que el sistema financiero no se hunda, los gobiernos acuden al rescate inyectando a estas sanguijuelas ingentes cantidades de dinero público y endeudando de paso a toda la sociedad. La banca, en señal de agradecimiento, exige a los gobiernos que rebajen inmediatamente la deuda que han generado para ayudarles a salir del bache, si no quieren que los mercados (o sea la propia banca) acaben devorándoles. Los gobiernos complacientes reunidos deciden seguir las instrucciones de quien les está llevando a la ruina para no arruinarse antes que el vecino (bueno, todos menos el de Islandia, que optó por juzgar a los banqueros sinvergüenzas y no pagarles las deudas que ellos mismos se habían ocasionado) y comienzan a aplicar recortes a los gastos públicos superfluos (sanidad, educación, servicios sociales, investigación científica, I+D, salarios, pensiones de viudedad, casas de acogida para mujeres maltratadas, quirófanos….), para poder seguir manteniendo los que son estrictamente necesarios (aeropuertos inoperantes, estatuas conmemorativas, privilegios fiscales a los ricos, exenciones de impuestos y aportaciones millonarias a la iglesia, duplicidades administrativas, representantes políticos continentales, nacionales, autonómicos, provinciales, locales y de distrito, senadores, coches blindados, teléfonos móviles, dietas de representantes del pueblo, viajes, trajes de cachemir, bolsos y complementos…) en fin, todas esas cosas imprescindibles que hacen avanzar las sociedades.
Mientras tanto, y a pesar de lo que pudiera parecer tras haber financiado las deudas bancarias con dinero de todos, las entidades financieras, pobrecitas, se ven obligadas a desahuciar de sus casas a los que dejan de pagar la hipoteca por haberse quedado sin trabajo. Poco importa que de las 10 que te prestaron ya hayas pagado 8. La banca gana. Se queda con los 8 y se queda con la casa. A las otras 2 que faltan de cobrar se le suman intereses, costas judiciales e indemnizaciones varias (que no habíamos leído en el contrato de hipoteca) y obtenemos como resultado una persona totalmente arruinada, sin trabajo, sin casa, y con una deuda que lo mantendrá ligado al banco de por vida, aunque si escuchas con atención el discurso que sale por la boca de Botín, llegarás a la conclusión de que el sale perdiendo es el propio banco. Ya se sabe que su negocio no son los pisos. El caso es que se han hecho con cientos de miles de viviendas y nos lo presentan como si fuesen los realmente perjudicados por el estallido de la burbuja. No sé si es mayor su
infame cinismo o nuestra gilipollesca credulidad.



A todo esto, los que tienen que poner soluciones se dejan guiar por las exigencias de los mismos tiburones que provocaron la crisis y que ahora nos dicen tener el remedio para salir de ella:
Bajada de salarios a los trabajadores, jubilación a los 67 años, desmonte sistemático del estado social, de prestaciones sanitarias, educativas, de derechos sociales. Subida de impuestos a los “privilegiados” que tienen una nómina, más horas de trabajo, menos puentes y vacaciones, total, no nos va a quedar dinero para gastar…, abaratamiento de los despidos, congelación de pensiones, subida de los combustibles, del IBI, aumento de las retenciones del IRPF, corte drástico del grifo del crédito para las PYMES y particulares, menos obras públicas. Es decir, los que se tienen que defender con un salario, en muchas ocasiones mileurista, los que no cambian de coche porque el viejo sigue funcionando, los que no pueden salir de vacaciones porque no les llega el sueldo, los que en su vida han probado las huevas de esturión, tienen que pagar ahora los excesos del que tenía 4 coches, dos chalets, un barquito en el puerto, cientos de miles de euros de beneficios y se daban atracones de langosta bebiendo champán francés.


Esos mismos, o sus representantes en la tierra, descartan de plano la lucha contra el fraude fiscal, la eliminación de la ayuda a la iglesia católica, la posibilidad de cobrarles el IBI, (a los obispos, digo) la subida de impuestos en los tramos más elevados, la inspección de los paraísos fiscales, la creación de una tasa para evitar la especulación en bolsa, la creación de un impuesto a las grandes fortunas, la dación en pago, la supresión de los privilegios a los políticos, topes salariales para los altos cargos públicos, puesto que serían medidas que erosionarían la actividad económica del país, nos cuentan.

O sea, que los que verdaderamente entienden de esto, saben cómo esquivar la crisis y sus efectos, y saldrán de ésta situación reforzados y con más dinero en Suiza del que tenían antes de comenzar “el gran negocio”. De momento el único consumo que aumenta es el de los artículos de lujo. Los demás, pobres ignorantes, seguiremos costeando sus excesos y eligiendo democráticamente a los que han de poner el marco legal a nuestra ruina. Es lo que tiene no saber de economía.

Mi agradecimiento a Forges y a El Roto, por sus imágenes, que me venían cómo hechas de encargo para ilustrar este post.

miércoles, 18 de enero de 2012

¿En qué se parecen Bach y Cabrerizos?

¿Habéis oído hablar de las Variaciones Goldberg? Se trata de una obra musical del barroco que fue completada por Johann Sebastian Bach. En esta composición, se repite un tema único y constante sobre el que se superponen distintas melodías. El que se detenga a escucharlas podrá apreciar que todas ellas son diferentes, aunque compartan un mismo aire de familia.

Algo parecido ocurre con la liga de Cross de Cabrerizos. Todas las carreras se asemejan, incluso comparten recorridos, pero las melodías que se escuchan son diferentes en cada ocasión. Es más, ésta particularidad lejos de hacerlas repetitivas, las aporta valor añadido, las distingue de otras carreras y estoy convencido de que las enriquece. Aquí, al igual que en la música, no influye sólo la partitura, también lo hacen músicos, los instrumentos, el director, e incluso las condiciones acústicas del auditorio, de tal manera que una misma obra nunca suena de la misma forma. Es irrepetible. Por eso me encanta escuchar a Bach y por eso me gusta cada vez más la Liga de Cross de Cabrerizos. Es el primer año que participo, pero todas las carreras han transcurrido por los mismos caminos, aunque con distintos recorridos, unas veces hacia acá y otras hacia allá, en unas se sube lo que se baja en otras, un día no puedes ver más allá de 10 metros por la niebla y otro puedes disfrutar de un paisaje variado y unas vistas espléndidas, con barros hasta los tobillos en alguna ocasión y con el firme perfecto en otras. Y eso en cuanto a las condiciones externas, porque luego están las otras, las propias de cada uno, el estado físico, el cansancio, el ánimo, la compañía. En fin una serie de factores que hacen que cada carrera sea radicalmente distinta a la anterior, excepto en una cosa, el gustazo que te da terminarlas.

La del domingo 15 fue espléndida por varias razones: unas condiciones climáticas estupendas para correr, los caminos en magnífico estado, algo de humedad ambiental para que los acatarrados respirásemos mejor y lo mejor de todo, una compañía de lujo, de las que hacen afición. Ya me lo dijo Álvaro el día antes: mañana vamos contigo. Pensé que se referían a que vendrían conmigo en el coche, pero se estaba refiriendo a ir conmigo en la carrera. Sabía, aunque no se lo dije, que no serían capaces de aguantarme el ritmo. Bueno, en realidad Edu y Álvaro lo consiguieron hasta que el camino comenzó a empinarse hacia la mitad de la carrera, a partir de ese punto tan solo fue capaz de quedarse conmigo Jose Mari. Los otros dos gamberros se fueron en busca de Marta que iba 200 metros por delante y que es mejor compañía que yo. Así, como el que no quiere la cosa. Yo apretando los dientes en la cuesta arriba y ellos trotando alegremente hacia adelante, parándose a hacer fotos, saliéndose del circuito a mear, mirando hacia atrás. Qué tíos. Cómo disfrutaron de la carrera y cómo disfruté yo con ellos. Al grupo se unió en algún tramo un espontáneo de Albornos, con el que espero volver a coincidir en alguna otra ocasión. A partir del kilómetro 6 el objetivo era intentar recuperar esos 200 metros de ventaja, al menos así debió planteárselo mi fiel acompañante, que me llevó en palmitas abriéndome paso entre los corredores, siempre pendiente de que pudiera seguirle, acoplándose a mi ritmo y dándome impulso. Lo conseguimos en pleno escarpe, casi en el último kilómetro de la prueba, aunque se nos volvieron a ir unos metros en la tremenda cuesta de la iglesia. Qué barbaridad. Menos mal que es corta y sobre todo que es el final, porque te deja madurito. Pero bueno, todo cronometrado, sincronizado y en su punto: Marqué por mi reloj un ritmo de 5,02, lo que no está nada mal para mí(cronometrado), Edu, anda por debajo de los 4, Alvarito y Jose Mari en torno a 4,15, pero me da que lo que perdieron en tiempo lo ganaron en disfrute; tras cambiarnos la camiseta y estirar un poquito pudimos llegar al bar todavía un poco antes de que saliese la chanfaina (sincronizado), lo que nos obligó a hacer las libaciones previas con unos vinitos de ribera y unas patatas meneás, (también conocidas como machacás, machaconas, revolconas, rebullías y alguna otra denominación más que ahora no me viene a la cabeza) mientras esperábamos el plato de chanfaina, al que pillamos reciente, caldoso y humeante (en su punto). Riquísima. ¡Ponga otro vino, oiga! Qué delicia, ¿Eh, compañeros? Desde luego me atrevo a decir que la meta final de cualquier carrera, ruta, recorrido o caminata que se precie de serlo está en la barra de un bar para gozar también de la compañía y la charla amigable de aquellos con los que has compartido sudores un rato antes. ¡Cómo une esto! Podría decirse que la segregación de fluidos corporales es la argamasa que aglutina las relaciones humanas, con mayor o menor velocidad dependiendo de la naturaleza de la segregación, puesto que no salivamos siempre por las mismas cosas y no es lo mismo sudar en unas circunstancias que en otras, y eso por no hablar del resto de fluidos…, aunque creo que va a ser mejor dejar la reflexión en este punto, porque en teoría ésta es una crónica deportiva. Os espero a todos en la 5ª de Cabrerizos. Me voy a escuchar a Bach.

martes, 27 de diciembre de 2011

San Silvestre salmantina: Frío ambiental y calor humano

Los momentos previos al pistoletazo de salida de las carreras populares huelen a réflex y linimento. También a nervios contenidos y a adrenalina, suponiendo que tanto unos como otra exhalen algún olor. La gran mayoría de los corredores que concurrimos a estos eventos lo hacemos por el gusto de acabar y no tenemos ninguna opción de ganar nada, pero en cuanto se aproxima la hora nos ponemos nerviosos, no paramos quietos, nos entran ganas de mear, damos saltitos, estiramos las piernas, ponemos nuestros cronómetros a cero y calibramos con la mirada al resto de corredores, aunque eso no quita que nos intercambiemos palabras de suerte y nos deseemos un buen trayecto. Este buen rollo es algo característico en todas las que he participado. Pero hay algunas carreras en las que se huele a fiesta, a ganas de pasarlo bien, a distensión y a entusiasmo desde bastante antes de salir. Corredores disfrazados, amigos haciendo el ganso, ruidosos grupos con vuvuzelas y carracas, sonrisas, canciones y gran ambiente. Esto no resulta extraño teniendo en cuenta que el número de inscritos superaba los 4000, según los rumores y según se palpaba en el Paseo de San Antonio. ¡Vaya cantidad de gente! Nunca había corrido con tanto tráfico. Es lógico que lo haya a la salida, pero pensaba que a partir del kilómetro cinco la densidad de corredores disminuiría. No fue así. Correr una San Silvestre con desahogo es un privilegio que está solo al alcance de los más rápidos. Los demás apelotonados, que por algo somos “del montón”. Pero pude comprobar que esta particularidad, lejos de restarle atractivo, se convierte en un valor añadido y en un elemento más para el disfrute. A estas carreras no puedes ir pensando en mejorar tus tiempos, si no en aumentar tus índices de satisfacción personal por dedicarte a correr. A sentirte revalorizado por el hecho de hacerlo y contento contigo mismo por tener la suerte de disfrutarlo. A saborear la ciudad, a deleitarte con todos los sentidos del privilegio que supone correr por la calle Zamora repleta de corredores y de gente a los lados animando a los valientes, la Plaza Mayor, abarrotada de personal que aplaudía y corredores que la atraviesan dando voces de alegría antes de enfilar la calle de San Pablo y pasar corriendo por delante del Palacio de La Salina, de la Torre del Clavero, con la visión majestuosa de la magnífica fachada del convento de San Esteban que puede verse durante un buen tramo, o los muros mudéjares de la Iglesia de San Polo, pasando al lado de los únicos paños de la muralla que aún se conservan y cruzar el Tormes por el puente romano, lleno de turistas a pesar del frío. Yo había tenido el gustazo de atravesarlo este año corriendo en la carrera CISE que organiza la Universidad, pero mi amigo Pepe, con el que compartí esta singular experiencia no pudo resistir la tentación de correr hacia atrás (un momentito) para no perderse el espectáculo.

Tras la subida por la Vaguada de la Palma rodeando el Palacio de Congresos, cuando parecía que el camino se despejaba, nos volvimos a agrupar encajonados en las calles del barrio viejo y de nuevo a pisarnos las zapatillas unos a otros, hasta que casi sin darnos cuenta estábamos circulando por la calle Doctrinos, frente a la fachada plateresca de la Universidad. Dan ganas de pararse. No es por presumir, pero localicé la rana según pasé por delante. Después la Clerecía, la Casa de las Conchas, la Iglesia de la Purísima, el Palacio de Monterrey… Algunas carreras populares saben a gloria y correr por las monumental Salamanca es un menú para gourmets: Bocatto di cardinali. No tiene parangón.

Y eso a pesar de los cambios de ritmo constantes, los quiebros para no llevarte una jardinera que aparece de repente, los frenazos bruscos para no pisar al de adelante, un grupo que te cierra el paso, un corredor que cambia de trayectoria, aquel que se para, el otro que se agacha… un lío. Pretendía hacer la carrera de principio a fin charlando y compartiendo con mi amigo Pepe, pero nos separábamos y nos perdíamos a cada momento, por lo que tuvimos suficiente trabajo con no alejarnos demasiado de la vista. Cuando llegamos al Paseo del Rollo, a Pepe le entraron las prisas por acabar y dio un demarraje que ni siquiera me molesté en seguir, entretenido como estaba en saludar a mi compañera y amiga Tatiana Martins, la mejor diseñadora de la región (por lo menos), a mi amigo Eloy, el de Macotera y a Andrés García, presidente de la Sociedad Micológica. Este acelerón le valió para acabar a un ritmo de 4’59 el kilómetro, acabando yo a 5’01” con un tiempo total de 50’14”.

La llegada, muy bien organizada, al igual que el resto de la carrera. Bebida isotónica en el patio de los jesuitas y bolsa del corredor. El ropero en el mismo patio. Todo bien colocado. Tan solo un elemento mejorable: Los carteles de las tallas de las camisetas quedaban muy bajos y no se veían entre la multitud de atletas, lo que dio lugar a que muchos se enterasen después de un rato, que habían estado guardando una cola que no era la suya. Esto en verano no importa, pero con el frio helador de ayer, aguantar unos minutos sudado puede ser de pulmonía. Basta con subir un metro los carteles para poder verlos por encima de las cabezas. Lo demás, todo perfecto: La organización, el escenario, Salamanca y, sobre todo, los salmantinos, que abarrotaron las calles durante todo el recorrido, supliendo con calor humano el gélido frío ambiental del invierno charro.

Qué cuenten conmigo para el año que viene y si es posible, que en lugar de bebidas frías e isotónicas nos pongan un calentito y reconstituyente caldo con vino blanco. Pernicotes no faltan en esta tierra y ya sería como tocar el cielo con la punta de los dedos.

martes, 20 de diciembre de 2011

La carrera del tostón, digo....del turrón


Cómo llevo poco tiempo participando en carreras populares y aún me faltan muchas cosas por aprender, ni siquiera sabía que si sales de juerga un par de noches antes de una competición y le echas al cuerpo bien de combustible, luego corres más ligero. Nadie me lo había dicho. En realidad había escuchado rumores de que la fiesta y el deporte eran incompatibles, pero si me guío de mi experiencia, he de decir que conseguí mi mejor marca personal en cuanto a ritmo por kilómetro se refiere, tras una cena de empresa. Y cómo no quiero que os pase lo que a mí, que viváis en la ignorancia, privándoos de comilonas y eventos gastronómicos, sobre todo en esta época del año, os lo cuento para que no sea un secreto sólo al alcance de los iniciados. No menciono las cantidades de vino, aguardientes y cervezas necesarias para alcanzar este éxito deportivo porque cada cual tiene una capacidad en el depósito y sabe hasta dónde puede llegar. Me estoy refiriendo a la Carrera del Turrón, que se celebró en Peñaranda el domingo 18 de diciembre con gran afluencia de público. La cita era obligada por celebrarse en casa. Mañana fría aunque brillante, como corresponde a los días invernales en esta tierra castellana y por lo tanto propicia para hacer el trasiego del vino ya que además la luna coincidía en menguante y así hacían las cosas nuestros abuelos. O sea que antes de correr, a la bodega de Lorenzo a trasegar el tinto. Los vapores etílicos del vino ya fermentado, y algún que otro trago para catar te entonan el cuerpo, al que hay que ir haciendo entrar en calor poco a poco antes de comenzar la carrera. O sea que cambio de hato, zapatillas de correr y a seguir calentando. Cualquiera paraba. Si te quedabas quieto de pasmabas de frío, o sea que no dejé de trotar junto a Manolillo hasta que no dieron la salida.

Carrera corta: Cuatro vueltas a un circuito urbano de 1 kilómetro. Por no andar cambiando de pareja, seguí corriendo junto a Manolillo, tanto es así que entramos en la meta cogiditos de la mano. En realidad este tipo de carreras tan breves no son para corredores diesel, ya que tienen un ritmo muy vivo y si te dejas llevar acabas reventado. Yo prefiero distancias más largas y no lo digo por presumir. En cualquier caso y sin forzar la máquina, pudimos completar el recorrido en 18’20”, es decir a 4,35 el kilómetro, o lo que es lo mismo, casi medio minuto más rápido que la mejor que había corrido hasta ahora. No es para tirar cohetes, porque entre otras cosas tan solo he participado en 10 carreras, pero qué queréis que os diga, me gusta ir mejorando. Por comentar algo del recorrido diré que lo que más me agradó fue ir viendo caras amigas durante todo el trayecto y conocidos que te animaban por tu nombre o que se quedaban sorprendidos al verte pasar, cómo diciendo, “..éste se ha vuelto loco.”

En fin. Bonita experiencia. Lo que no tengo claro todavía es si la marca obtenida gracias a la opípara cena, tengo que atribuirla al azumbre de vino o a ese enorme costillar de tostón, doradito, crujiente y jugoso, con ese punto exquisito que sólo saben darle en mí pueblo, pero prometo averiguarlo para la San Silvestre Salmantina que es el día 26. Me entrenaré debidamente en las cenas de nochebuena y navidad.