viernes, 23 de marzo de 2012

Media Maratón de León: Crónica con Estrambote


Para terminar algo, antes hay que empezarlo. Eso pasa con todo, incluso con las crónicas. Comenzar es la parte más costosa, la más dura, hasta el punto de que arrancar podría ser un 50 % del trabajo. El otro 50 %, terminarlo. Pues bien, otra media empezada, y afortunadamente terminada. De momento llevo cuatro y todas ellas en distintas capitales de Castilla y León: Segovia, la primera y la más emotiva, Valladolid la segunda, Salamanca hace quince días y León la última. Aquí os dejo mis impresiones. Mañana fría en León. Mejor dicho, muy fría, casi de pleno invierno. Lo peor, el aire helador que soplaba desde la montaña. El frío me incomoda, pero aún más lo hace el viento, que traspasa la camiseta sudada y te deja como un carámbano. Pero ya lo tengo claro, prefiero llevar puesto el cortavientos aunque me toque anudármelo a la cintura a mitad de carrera, antes que pillar un catarro. Cuando llegue el verano me quejaré del calor.

Frío también el cuerpo, puesto que no calenté previamente, hice unos ligeros estiramientos y decidí ir cogiendo el tono en vivo y en directo. Preferí pasar ese rato con Carmen. Total, estaba solo, una media se hace larga y no llevaba más pretensión que la de acabar entero. En realidad me inscribí por ver si podía volver a revivir las buenas sensaciones de Salamanca en la que me quedé con ganas de más y no era mala opción León teniendo en cuenta que ese fin de semana iba a estar en Benavente y que el lunes era festivo. Así podría darme el gustazo de unos vermúts de grifo en el Barrio Húmedo con mi amigo Javi Piñán y un botillo, si hacía al caso, para comer. Pensando en lo que iba a beber al terminar, me dieron ganas de mear casi nada más dar el pistoletazo de salida, por lo que fui entretenido viendo las posibilidades que tenía, sin alejarme mucho del circuito. Realmente, en plena ciudad no son muchas, a no ser que pilles un bar abierto. En estos pensamientos fui dejando atrás La Corredera, San Francisco, Santo Domingo, Ordoño, hasta llegar a la estatua de Guzmán el bueno, que con e brazo y el dedo índice extendidos parece decir: Si no te gusta León, por ahí se va a la estación. Pero es imposible que León no te enamore viendo la imponente fachada del Hospital de San Marcos, antiguo hospital para peregrinos y joya del plateresco español, con una decoración profusa plagada de arabescos y rematada toda ella por una crestería que evoca la del Patio de Escuelas de Salamanca. Pude ver su espectacular portada, que se corona con una peineta que bien hubiese merecido una contemplación más relajada. Otra vez será.

Ya en las orillas del Bernesga, en torno al kilómetro cinco salimos hacia una zona de campo abierto para alivio de mi vejiga y de mi soledad, puesto que nada más incorporarme a la carrera, una vez resuelto el apremiante trance, observé, a unos cien metros por delante, dos camisetas de Villoruela. Pues nada, a apretar el paso. Los pillé en la única cuesta del recorrido. Rápido nos presentamos y comenzamos a charlar. Hay una gran diferencia entre correr solo y hacerlo en
compañía. Desde el momento que me junté a Raúl y Jesús, la carrera se hizo amable a pesar del helador cierzo que soplaba desde las cumbres nevadas de la Cordillera cantábrica que se veían claras y cercanas desde algunos puntos del itinerario. Entre charlas y chascarrillos fueron pasando los kilómetros. Pasamos por delante de la acristalada fachada del MUSAC, que por sus vivos colores se me antoja una recreación moderna de las vidrieras de la catedral, cómo si el arquitecto se hubiese inspirado en ellas o hubiese querido rendirlas un homenaje en esta vistosa fachada. Nuestro camino nos llevó cerca de la Colegiata de San Isidoro, dónde se albergan algunos frescos románicos de gran belleza, entre otros, el calendario de los meses del año y los oficios asociados a cada uno de ellos. Yo utilicé el motivo correspondiente al mes de septiembre para ilustrar el post “Apología del vino”. Debió ser por aquí dónde veíamos al fondo la Casa Botines, de Gaudí, con ese aspecto de casade cuento flanqueada por cuatro torres de chapiteles cónicos y con el aspecto neogótico que quiso darle el arquitecto a esta joya del arte modernista, otra alusión casi segura al monumento más importante de la ciudad. El edificio Botines es fantástico, pero lo que de verdad te deja sin aliento es la aparición repentina, al revolver de una esquina, del cuerpo principal de la fachada de la espléndida catedral.


Encontrarse de frente con las hermosas arquivoltas de acceso a las naves, el gablete que remata la nave central y el enorme rosetón gótico, es un espectáculo impagable para la sensibilidad y para la vista. Según avanzas hacia ella vas completando su visión a medida que aparecen las torres laterales y entonces comprendes porqué es la más hermosa de las catedrales góticas españolas, la más armónica, la más pura, la más francesa. Es la Pulchra leonina que, ahora, tras la limpieza de su fachada, luce más pulcra que nunca y nos recuerda en su silueta a Reims, a Chartres, e incluso a la mismísima Notre Dame de París. Poco duró la artística visión, puesto que tras un breve callejeo por la zona gótica, salimos de la ciudad para dirigirnos hacia el campus universitario. Pude ver de refilón un cubo de la vieja muralla, ante la que murió atropellado por el camión de la basura el ilustre pellejero Genarín, cuando descargaba su vejiga contra el lienzo de la muralla. Y yo buscando campo abierto. Recordé que tengo pendiente la asistencia un viernes santo a la procesión que honra su memoria con orujo y letanías en verso. Otro motivo para volver.

De momento toca correr. Hemos cubierto los primeros diez kilómetros a un ritmo confortable de charla (5'27" por km) y toca apretar un poco el paso. No sé si la visión de la catedral me ha animado, pero me encuentro mucho mejor que cuando empecé hace casi una hora. He ido cogiendo calor y tengo fuerza. Jesús va más apurado y se queda en el avituallamiento. Yo aún no me acostumbro a beber en movimiento y siempre me toca parar si no quiero añusgarme, pero vuelvo a coger a Raúl y tiramos hacia adelante a un ritmo vivo pero regular y sostenido. Cubrimos los 11 últimos Km. en menos de cinco minutos de media. Se me hizo largo el último tramo, cuando con la puerta del estadio Hispánico a la vista tuvimos que dar una vuelta a la manzana para acceder al mismo. Entramos juntos, Villoruela y Peñaranda, cogidos de la mano y con el brazo en alto. A la emoción de acabar, se une la alegría de hacerlo en menos de 1,50, tiempo real, y mi mejor tiempo en una media y sobre todo a la sensación íntima de que aún tengo posibilidades de mejora. Ya se verá. Por lo pronto me quedo con la satisfacción de haber ido de menos a más y de cruzar la meta con fuerza en las piernas. Ahora, a disfrutar del momento. Carmen nos ha visto llegar y nos hace unas fotos. Al poco llega Jesús, nos felicitamos todos y posamos de nuevo junto a Zacarías y Jose, también de Villoruela, con la satisfacción de haber concluido otra media maratón. Hasta la próxima, paisanos.

Estrambote: Lo mejor, el caldo calentito que nos ofrecen al llegar y que me entona el cuerpo. Lo peor, la desesperante desorganización del ropero, que provocó atascos y esperas, la mía de media hora y sin trazas de avanzar, hasta que los más impacientes rompieron la barrera y pudimos entrar a recoger nuestros equipajes personalmente. En menos de dos minutos todos con la mochila a cuestas. Ducha fría, pero reconfortante, ropa seca....y a tomar unas cervezas con sus tapas. Hay que ver que rico sabe todo cuando tienes hambre..... Graniza en León, pero no importa, entre la carrera, el caldo, las cervezas, las tapas y un vinito, yo ya voy calentito.

martes, 13 de marzo de 2012

Emoción en Carmona: #EABE12


¿Cómo se pueden evaluar las emociones? ¿Los afectos también computan en la cuenta de resultados? ¿Por qué los abrazos, los besos, las risas y las canciones no aparecen como indicadores en las encuestas de satisfacción?
Me he venido del #eabe12 con la maleta llena de cariños, recuerdos, satisfacciones, ilusiones, risas, sonrisas, abrazos, amistades nuevas que presagian próximos reencuentros, reencuentros con antiguas amistades, y con el corazón alegre. He compartido, he trabajado, he aportado, he recibido, he desvirtualizado, he conocido, he hablado mucho, he escuchado más (Starpy dixit), he visto, he aprendido, he sentido las ausencias, he disfrutado las presencias. También he comido, he bebido, he bailado, he ayunado (no fue otra cosa la presunta cena del sábado) y he desayunado (menos mal), he cantado, incluso he bailado y espero que no haya testimonios gráficos que avalen este punto. También me he sentido escuchado, apreciado, halagado. He notado la preocupación de los organizadores para que nos sintiéramos a gusto. Ni sé las veces que el bueno de Jochimet me preguntó si estaba todo bien y he percibido el agradecimiento sincero de Lola Urbano por nuestra presencia. -Por cierto, habría que declarar a esta mujer Patrimonio de la Comunidad Educativa- . Cómo si la oyera, con ese gracejo natural que ella tiene: Ni patrimonio, ni matrimonio, ni leshes. Bueno Lola, era sólo una sugerencia…
Aunque solo fuera por los ratos inolvidables no puedo dejar de citar a Marcos Cadenato, al que ya me une algo más que nuestro gusto por Sabina y Serrat (respectivamente), a Fernando García Páez, siempre tan amable y cariñoso conmigo, a Gorka, cantor vasco-andaluz con voz de orfeón, a Fernando Trujillo y David Álvarez, por lo que presiento como un buen y duradero entendimiento, a Starpy, referente personal puesto que siempre indica el rumbo, como cualquier estrella que se precia y además ya amiga, a Lola Prieto, a la que siempre me alegro de ver, sincera y admirable, a Maru Domenech, con la sonrisa en la cara, llevando alegría allá dónde esté y siempre dispuesta a darme un abrazo, a Isabel Ruiz, que ya es como de la familia, a Puerto, con la que congenie muy bien, a Julio Hinojo, con el que compartí comida y chistes, a María José sin FA, también almeriense y simpática como pocas, a Ginés, Ciudadreal y a Maribel, entre otras cosas por enseñarme a preparar los molletes de Antequera, a mi tocayo Gamboa, que cuando pasan las 12 de la noche deja de pensar en códigos QR, a otro tocayo, el incansable José Luis Castillo, gran persona, y a otro más, José Luis Lozano, Anna Sorolla y Ainhoa Ezeiza, guapas, guapas y listas, listas, Antonio González que creo que hace unos brazos de gitano que te mueres, a la elegantísima María Barceló, reina del glamour y del salmorejo, según me confesó ella (habrá que catarlo), a Guillermo Cepeda, atentísimo, a Rosa, encantadora, a Juanma Díaz, a Manuel de Capileira, que me da que es la mejor persona que uno puede encontrarse en cualquier sitio en el que él esté presente con el permiso de Salvador (Salpegu) que no le va a la zaga al precedente, a Gregorio Toribio, al que me alegré enormemente de ver aunque no llevase las zapatillas para una carrerita por Carmona, a Juan Morata, siempre amigable y sonriente, a Agustín, que se destapó como un gran dibujante en el grupo 3, a Juan Sánchez Martos, el primero que desvirtualicé en el EABE, a César Poyatos, al que siempre le veo sonriente y amistoso, a José María Ruiz, con el que crucé dos palabras, pero me cayó de lujo por su sonrisa permanente, a Pepe Arjona, al que tengo que escuchar cantar en alguna otra ocasión, a Pepa Bermudo, a Engracia, por su sabiduría, su sinceridad y compromiso con la educación, a Miguel Torres, compañero de grupo con el que seguro que haré buenas migas, a Miguel Gil cara del proyecto Lova y desvirtualización imprescindible, a Antonio Sevilla, que al igual que el delantero del Alcoyano que tiraba los corners y salía a rematarlos, tiene el don de la ubicuidad, puesto que hace la foto de familia y aparece en ella, a la profe de las caretas, creo recordar que se llamaba Raquel y desde luego a sus alumnos por el trabajo que hicieron para nosotros, a Yola y a Carmen Devesa que tiñeron el encuentro de verde primavera, a Ana Rosaleda y sus poses de modelo consumada, a Loli Peralías a la que vi tan entregada que no quise ni molestar, a Rafa Castillo, a Andrea Giráldez, siempre discreta siendo una gurusa ella, a Jon Bustillo con el que me encuentro ya como en casa, al gran Manu Piel Roja con el que confío verme en temporada micológica, al sonriente Mappo, al cercano y detallista Eraser y a su hijo, que nos le presentó, a los chavales de la mesa de alumnos, que nos dieron una buena lección, a Antonio el camarero de la taberna irlandesa que acabó haciéndome descuentos en las cervezas , y procuró que me sirvieran un plato de garbanzos con espinacas cuando ya se habían llevado todo para adentro en la noche de la cena cuaresmal. A Anibal de la Torre, Chelucana, a Pily, a Félix, a Jordi Adell y Linda Castañeda…..También a El Fregonero, con el que me hubiese gustado departir un rato y a todos los demás cuyos nombres no recuerdo ahora, pero con los que coincidí en el bar, en la comida, en los descansos, en el servicio, en el vestíbulo, en los grupos, en las gimkanas, en la cena del viernes y en la no cena del sábado, en el baile. Al liberador anónimo de El puente de los asesinos, un libro que vino a mí por dos veces. La primera lo volví a dejar dónde estaba tras leer el primer capítulo, la segunda volví a tropezarme con él en otro lugar, él y yo solos y me pareció que me estaba buscando sabedor de que era el único libro de Pérez Reverte que me faltaba por leer. En fin a todos los citados, gracias y a los que se me olvidaron, mil perdones. Tendremos ocasiones de volvernos a ver, a hablar, a convivir, porque arrieros somos y (estoy seguro que) en el camino nos encontraremos. Y sea cual sea el lugar en el que esto ocurra, seguro que recordaremos orgullosos que estuvimos en el EABE12, haciendo visible lo invisible y compartiendo una forma común de pensar la educación, la pública, la nuestra, la de todos.

lunes, 12 de marzo de 2012

(re)Corriendo Carmona

Sábado 10 de marzo.

Amanece en Carmona. Si no me levanto ahora no tendré ocasión de correr unos kilómetros en todo el día. Ayer no hice nada y mañana lo tengo difícil y eso lo acabaré pagando en la media maratón de León del día 18. Arriba. Total, apenas he dormido (debieron ser las Coca Colas, porque por lo que sé, el ron adormece) y una hora más en la cama no me solucionará nada. A la calle. La mañana está fresquita, aunque se va bien en pantalón corto. Lo mejor es dejarme llevar sin rumbo ya que el pueblo es nuevo para mí. Carmona es una ciudad empedrada con adoquínes y cantos, por lo que lo mejor es tomárselo con calma, por las rodillas lo primero y por los tropezones lo segundo. Está situada encima de un alcor dominando una amplia y espaciosa campiña. Toda la ciudad estuvo amurallada, pero conserva sólo dos puertas y algún que otro paño anexo a las mismas. Cuando llegué a la llamada puerta de Córdoba, situada al este de la ciudad, los primeros rayos de sol penetraban en la ciudad a través de su arco de factura romana. Es uno de esos momentos mágicos que sólo tienes la dicha de contemplar muy de tarde en tarde. La luz parecía tener presencia física, como cuando la vemos dibujarse en el polvo de una habitación oscura en la que entra un solo foco. Me paré a disfrutar de tanta belleza y me arrepentí de no haber sacado mi pequeña máquina de fotos. Del otro lado de la puerta, tres fotógrafos, de los de trípode, grandes objetivos y enormes máquinas estaban aprovechando el momento de luz para captarlo en sus cámaras. Seguro que en alguna otra ocasión se vieron sorprendidos, al igual que yo, por la belleza efímera de las primeras luces del amanecer en la puerta de Córdoba. Poco a poco el día fue afianzándose. Llegué hasta el Alcazar del rey D. Pedro, que hoy acoge el Parador Nacional de Turismo. Entré en el patio de armas a través de un arco de herradura apuntado. Contemplé en lo que pude, los restos de torreones, almenas, foso, adarve, barbacana... hoy en ruinas, pero con aún una gran prestancia y con la capacidad seductora que envuelve a todas las ruinas históricas.
La luz del sol se reflejaba ya en las fachadas blancas de las casas y el azul puro del cielo prometía un hermoso día. Tuve ocasión de comprobarlo desde un pequeño mirador desde el que se divisaba la enorme vega. Todavía algún resto de bruma le confería el aspecto de un gran mar. Me vinieron a la cabeza los versos de Miguel Hernández en El romancillo de mayo “… y las mañanas son miel, de puro y puro doradas.” Se comprende que la ciudad se ubique en el sitio en el que está y que haya estado poblada desde el Neolítico, dada su privilegiada posición, sus fértiles campos y su fácil defensa. Eché de menos un río para que el enclave hubiese sido de libro.
Todavía me dio tiempo a trotar arriba y abajo por el trazado árabe de sus calles, a pasar por un mercado que se configura como una gran plaza cuadrada y porticada. La
s tiendas se disponen en las fachadas de debajo de los soportales. Hay incluso un par de bares. Me evocaba alguna fotografía de los zocos árabes puesto que al fondo se veía una torre esbelta que bien hubiera podido pasar por un alminar. Algunas tiendas estaban colocando ya su mercancía y los tenderos me miraban como queriendo decir ¿De dónde ha salido éste? Salí del mercado y me dirigí de nuevo hacia la puerta de Sevilla, de allí al Alcázar y vuelta a descender hacia una carretera antes de emprender la cuesta arriba que acabaría metiéndome otra vez en la ciudad. Di rápido con el hotel y me hubiese quedado otro rato más, pero he venido a otra cosa. He tardado una hora y he corrido en torno a los 10 kilómetros, pero he disfrutado como pocas veces y además se me ha pasado el sueño. Los más madrugadores comienzan a bajar a desayunar. ¡Qué hambre!


Domingo 11 de marzo

Ayer me quedé con ganas. Hoy es domingo y me tocaría tirada larga de dos horas, pero no quiero sobarme mucho porque tengo que conducir más de 500 kilómetros. Decido salir y correr durante una hora y darle un poco más de ritmo que ayer. Para eso he de buscar un camino. Enfilo una calle cuesta abajo, y justo como había imaginado, me acaba sacando del casco histórico. Veo una especie de polígono y hacia él me dirijo. Justo enfrente sale un camino de tierra, lo único que llevaré cuatro kilómetros y no he dejado de ir cuesta abajo. Me espera una vuelta un poco dura, máxime cuando ayer casi me marché a la cama tarde y a la canal. Vaya una cena que nos pusieron: la tortilla que había sobrado del desayuno, unos platitos de pescado rebozado para compartir (comí 3 trozos) y unos calamares fritos y fríos. De postre, espinacas con garbanzos, pero platillos contados. En fin. Menos mal que lo compensé con las cervezas, los vinos y los gintonic. O sea que combustible tengo. Vamos p’alante. Veo a un kilómetro o así un campo florecido y decido llegarme hasta allí por ver de qué se trata. Es una planta de unos doce centímetros de alto, con hojas agrupadas de 6 en 6, como la marihuana, que me recuerdan también a las plantas de la patata cuando están pequeñas. La flor de color ceniciento. No soy capaz de identificarla, o sea que vuelta para atrás. Ahora toca subir y me fuerzo un poco. Me da por pensar que parte del esfuerzo que haga en los entrenamientos me lo ahorraré el día de la carrera.

Lo cierto es que voy bien y casi sin darme cuenta estoy de nuevo a los pies
de la ciudad. Me llama la atención una torre, casi a las afueras de la ciudad, a la entrada en este caso, que se me antoja prima directa de La Giralda, incluso está rematada por una veleta, al igual que el famoso giraldillo de su pariente cercana, que lo es al menos en la distancia. La observo sin pararme y tiene una decoración muy profusa y un estilo decorativo muy próximo al arte almohade. Ya lo miraré. De momento a apretar los dientes y a subir el último tramo empedrado. Llegando al hotel me encuentro ya con compañeros del EABE que llevan las maletas al coche. Me despido. Una hora. Calculo que 11, 5 kilómetros, la mitad de buena subida. Estiramientos frente al hotel con la vega de fondo y un sol agradable. A por la ducha y el desayuno, que me lo he ganado. Se van a arrepentir estos del hotel de haberme dejado con hambre ayer a la hora de la cena.

miércoles, 7 de marzo de 2012

MM Salamanca. Una media muy completa


Llevamos semanas sin que caiga una gota de agua. La prensa dice que es uno de los inviernos más secos desde que se registran datos. Pues mira por dónde, las previsiones vaticinan lluvia en Salamanca durante 3 horas, entre las 10 y las 13 horas del domingo, justamente en el transcurso de la media maratón. Hay que jod…obarse. No me importa mucho mojarme en la carrera, si no es un chaparrón, claro, pero es un incordio. El suelo se vuelve peligroso y más aún en los trazados urbanos, cómo era el caso, los pies y las zapatillas terminan empapados, y sobre todo, la ropa pesa más, te roza, y te hace daño en las tetillas, que acaban doloridas ye incluso sangrantes. Por no hablar de que si al llegar a meta te tienen un ratito entretenido, como es previsible, el catarro está servido. Mucho musculito, mucha resistencia física, pero como veis, los corredores somos gente delicada.

Nos libramos del agua, aunque tuvimos un invitado con el que casi nadie contaba, el viento, que nos complicó las cosas en algunos tramos de la carrera, sobre todo al final, que es cuándo más duele, aunque imagino que hubo gente que ni lo notó. La dureza de las carreras tiene una parte importante de subjetividad. Me explico. Depende de cómo tengas el día. Si tienes fuerza no hay obstáculos, si vas tocado cualquier circunstancia adversa se convierte en un martirio. Personalmente no me pareció una carrera dura, incluso se me hizo corta. Digamos que el trazado es exigente en algunos tramos, pero bastante llevadero. La cuesta final subiendo desde La Aldehuela puede hacer daño si no has reservado fuerzas anteriormente. Creo que ahí estaba la clave para llegar más o menos entero a la meta: No tomarse uno las cuestas muy a pecho. Me gusta decir que hay que subirlas como un viejo para llegar arriba como un joven.

Disfruté de la carrera desde el primer momento y eso también es mérito de la excelente organización. No hubo que esperar en la recogida de dorsales, las instalaciones del pabellón eran excelentes, servicios impolutos, guardarropa rápido, cómodo y eficaz, salida por cajones muy bien señalados, trazado espectacular, como le corresponde a la ciudad, detalles inesperados cómo la exposición de automóviles antiguos a lo largo del recorrido, voluntarios amables, ciclistas de la organización atentos a cualquier incidencia, recogida rápida de la bolsa del corredor….en fin, una organización prácticamente perfecta. Como sugerencia, no como crítica, diría que sería interesante pactar con el Corte Inglés el uso de su aparcamiento y que los voluntarios de las bicis llevasen caramelos: En el transcurso del recorrido hubo dos personas que los solicitaban para compensar la bajada de glucosa.

En esta ocasión había quedado con Óscar, el afortunado marido de la mejor diseñadora gráfica de la región (por lo menos), que se enfrentaba por primera vez a esta distancia. Al grupo se incorporó, ya en la línea de salida, Juanflo, que también se estrenaba en las medias. Yo había llegado con Marta , que salió también con nosotros y a la que perdimos de vista antes de llegar a la calle Toro. Nos acabó sacando 10 minutos en la meta. Nosotros a nuestro aire y a tratar de acabar, que era el objetivo para ese día. Es importante no dejarse llevar por un ritmo demasiado alegre al principio de la carrera, ni tratar de seguir el paso de los que te preceden, ni dejarte presionar por los que vienen detrás, ni responder a los estímulos de la adrenalina que te incita a correr más deprisa, sumido en esa sensación de casi borrachera que uno lleva durante los primeros compases. Hay que tener en cuenta que 21 Km. son muchos y que las alegrías del comienzo pueden tornarse en sufrimiento al final. O sea que lo mejor, para nuestro propósito es sosegarse y coger un paso cómodo. Entre las presentaciones, la charla amena, la belleza del recorrido, la foto al paso por la Plaza mayor, cuando nos quisimos dar cuenta estábamos ya atravesando el puente romano. Delicioso este primer tramo. Subida a Vistahermosa. Allí pillamos a Vicente, el atleta que iba en la silla de ruedas , al que acompañamos durante un rato. Me dolían los brazos sólo de verle como empujaba la silla cuesta arriba, ¡menudo esfuerzo! Según íbamos hacia el Zurguén, los primeros ya volvían por el carril contrario. Me dio mucha alegría ver que Juan Bueno iba destacado en cabeza con otro corredor. ¡Cómo corre este muchacho! Pudimos ver y animar también a Chelís y Ángel que marchaban a un ritmo endiablado, a Edu y Adri veloces como Aquiles en los campos de Troya, a Manolo González, a Álex, a los hermanos Casas Viela…En fin, cómo dice mi amigo Lillo, “a todos esos que corren en otra liga”.

Nosotros, a lo nuestro, a que cayeran kilómetros sin cansarnos demasiado. Yo me encontraba fuerte, Óscar también aguantaba el ritmo en torno a los 5,30 y Juanflo comenzó a dar los primeros avisos de debilidad camino del segundo paso por puente romano. Me gustó entrar de nuevo en Salamanca por él y contemplar una vez más la fachada acristalada de la Casa Lis, o el verraco vettón contra el que el ciego golpeó la cabeza del todavía inocente Lazarillo de Tormes. Muy agradable me resultó el tramo que discurría a la orilla del río y además seme hizo muy corto. Llegando al kilómetro 15, Juanflo nos pidió que le dejásemos continuar a su ritmo y Óscar y yo aceleramos un poco y nos distanciamos. Desde aquí a la meta, fuimos todo el camino adelantando corredores, aunque hubo que bajar un poco el pistón para llegar juntos. Cómo me gusta llegar al kilómetro 20 con fuerza en las piernas y sentir que puedo seguir corriendo y subir la velocidad si me apetece. Esa sensación es la que me anima a seguir disfrutando de este deporte, pero también ver la alegría en la cara de Óscar al terminar la carrera, y el abrazo emocionado y la gente que aplaude y el alivio de parar… Recordé el año pasado en mi debut en la de Segovia cuando Pedrote me llevó en palmitas desde la salida hasta la meta y pensé en la cantidad de emociones que vives cuando logras superar este reto. Qué diferencia he experimentado en este último año, y que distintas las sensaciones físicas entre llegar con lo justo e ir sobrado. Al final, 1,55 y el convencimiento de que ha sido la carrera que más he disfrutado. Justo en la meta nos esperaban Carmen y Tatiana para recibirnos con un beso. Ese fue nuestro mejor premio. Realmente, no podemos aspirar a otro. Tras la carrera, me enteré por Álvaro de la lesión de Josemari, pero también de que Rony y Jose Paradinas habían concluido de forma magistral su primera media maratón. Me dio verdadera pena no poder quedarme a comer y haberle puesto al magnífico día un colofón a juego. Pero no pasa nada. Yo de momento me he apuntado a la de León con la intención de darme un homenaje a base de cecina, morcilla y si pudiera ser, un botillo para garantizar la recuperación del cuerpo y un buen vino de El Bierzo para la del espíritu. Dicho queda.

martes, 14 de febrero de 2012

Apología del vino


Quiero compartir con vosotros este texto que escribí hace ahora 16 años, con motivo del 8º aniversario de la Biblioteca Municipal de Peñaranda de Bracamonte.
La idea era relacionar el vino con cada uno de los grandes apartados temáticos de la CDU (Clasificación Decimal Universal) que se utiliza en las bibliotecas para la colocación de los libros según la materia de la que tratan. Filosofía, Mitología, Religión, Arte, Historia, Medicina, Literatura... Espero que os guste.

APOLOGÍA DEL VINO.

Puede resultar extraño que para la celebración del 8º aniversario de una biblioteca hayamos elegido como tema central el vino. Nada más alejado de la realidad, el vino es parte fundamental no sólo de nuestra cultura, sino de la de todo el mundo mediterráneo. Es un hecho cada vez más aceptado que la civilización se inició paralelamente al vino, si bien dejaremos para otro momento la discusión de quién vino de la mano de quién.
Durante siglos ha conformado, junto con el trigo y el aceite, la ''Santísima Trinidad" de nuestra economía, (dicho sea de forma figurada y sin querer molestar a nadie), en la que sin duda alguna el vino viene a ser el "Espíritu Santo" (no olvidemos que es la bebida espirituosa por excelencia). Su influencia traspasa los límites de la economía y trasciende a los de la política: Cristóbal de Villalón, profesor de la Universidad de Salamanca en el siglo XVI, en cita tomada del historiador José Luis Martín, atribuye al vino la causa de la invasión de la Península Itálica por los irreductibles galos en tiempos de la República:
" Los franceses, oyendo que los italianos avían plantado viñas procuravan de gustar el licor, y como le hallaron tan sabroso a su paladar acordaron de les conquistar las tierras por gozar como señores de tan buena cosa. De manera que si en Italia no se plantaran viñas no fueran destruidas sus comarcas por los franceses. Y visto por el sacro Senado que de su perdición era total causa el vino, proveyó que se deçepasen todas las viñas del imperio. Fue cosa maravillosa, que luego çesó la guerra, y no quedó francés en toda Italia quando supieron que no havía viñas en ella "
No sería para tanto. No obstante y sin haber pretendido nunca el protagonismo que le atribuye Cristóbal de Villalón, no podemos negar que el vino ha regido en multitud de ocasiones el destino de los pueblos a través de alguno de sus gobernantes: baste recordar aquí al emperador Tiberio, al que por su afición al vino llamaron Biberio; al gran Alejandro Magno, o a nuestro ínclito Pepe Botella.
Grandísima cosa debe de ser esta cuándo es elogiada desde el mismísimo sabio Salomón, " Dad los licores a los afligidos y el vino a los que tienen el corazón lleno de amargura. Beban éstos para echar en olvido su miseria y no acordarse más de su dolor" (Proverbios), hasta el insigne Séneca : "El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y, entre otras virtudes asegura la curación de la tristeza "
En efecto, es tal su importancia que su invención es atribuida al dios Dionisos, hijo de Zeus y de Sémele, a quién, según parece, hemos de agradecer su divina generosidad por enseñar a los hombres los inestimables beneficios derivados de la obtención del vino, y a las mujeres....


Así, va dejando sus enseñanzas por la Tracia, Beocia (Ahora que caigo. ¿No significara Beocia tierra de beodos?), Etolia, Laconia, Naxos, Frigia, Capadocia, Líbano, Iberia, India., Libia y Egipto, es decir, todo el orbe conocido, excepto los bárbaros del Norte. Aunque no todos se lo agradecen: los egipcios atribuyen su difusión a Osiris, y la tradición judeo-cristiana al patriarca Noé, " que al salir del arca se topó con la vid, la podó y domesticó siendo salvaje y determinó estrujar sus frutos y sacarles el licor" (Covarrubias), lo que ocasionó la primera borrachera de la que tenemos noticia. Parece que fue tanta la afición que cogió al divino néctar que alguien le ha atribuido la siguiente frase: " Que siga lloviendo todo el tiempo que quiera, siempre que no se mezcle el agua con el vino"
Notables son también las aportaciones del vino en el campo de la medicina e inmejorables sus propiedades sanatorias, como ya nos advertía Hipócrates. Es de todos recordado ese pasaje en el que nuestro paisano Lázaro de Tormes se valía de diversas argucias para conseguir el vino del jarro del ciego. Cuando éste le descubre le asienta un jarrazo en la cara que le ocasiona diversas heridas y contusiones que acaban sanando con el mismo vino. " ¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud. "
No olvidemos tampoco que el vino es un ingrediente básico e insustituible del afamado "Bálsamo de Fierabrás", de gran potencia sanadora. " En teniendo aceite, sal, vino y romero media botica tenemos " dice D. Quijote.
Alonso de Covarrubias, autor del excelente Diccionario de la Lengua Castellana, nos dice en el siglo XVI: "No anduvo fuera de camino el que dixo que entre los demás licores que se venden en las boticas, se avía de gastar también el vino por onças y reçeptado por los médicos" . Parece que los americanos siguieron sus sabios consejos, pues es de sobra conocido que en Nueva York, una nochebuena , una ciudadana española, Concha Piquer, pagó a precio de oro una receta y pidió en la farmacia vino español, vino español.
Por no redundar más en el tema diremos que las últimas investigaciones científicas vienen a corroborar estas cualidades del vino-medicina frente a las enfermedades cardiovasculares y algún tipo de cáncer. El estudio, realizado por dos eminentes doctores de una prestigiosa universidad norteamericana, reconoce también al vino español como uno de los más eficaces de todo el mundo en esta faceta preventiva. No andaban pués muy desencaminados los antiguos cuándo decían "Media vida es la candela, pan y vino la otra media " o " Dónde no hay vino y sobra el agua la salud falta" o "El vino sin agua es salud de cuerpo y alma".
En el campo de la filosofía, hace el vino también estimables aportaciones. Los filósofos presocráticos, fundamentalmente Anaximandró y Anaxímenes, estaban convencidos de que la vida se originaba por la conjunción de los 4 elementos: Aire, Agua, Tierra y Fuego y que duda cabe que los cuatro se sintetizan de forma armónica y perfecta en la uva. La uva por lo tanto es vida, como veremos.
En la cuestión religiosa, el vino juega un papel trascendental. No debe ser casualidad que Jesucristo le eligiera para hacer su primer milagro, que consistió, como todo el mundo sabe, en convertir el agua en vino, milagro que siguen practicando a diario con mayor o menor pericia innumerables taberneros.
El vino tiene un carácter místico en el ritual eucarístico, pues se convierte en la sangre de Cristo en el momento álgido de la eucaristía. La sangre es alegoría de la vida en la simbología católica, por lo tanto el vino es vida, o si no atentos a las palabras de Jesucristo: "Yo soy la verdad y la vida" y en S. Juan 15, 5, dice, "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" por lo que deducimos que lo que nos quiso decir en realidad fue: Yo soy la verdad y la vid.
En el acto de la consagración el vino ha de mezclarse con unas gotas de agua, por cuestiones teológicas, pero no muchas, no se desvirtúe el vino. En este sentido aconseja Pedro de Cuellar: "han de poner más vino que agua, que el agua significa el pueblo humanal, e porque el pueblo non es nada a respecto de Dios, por ende deve ser más el vino." Está claro, a la hora de bautizar es mejor hacerlo con los infieles que al fin y al cabo no les causa ningún perjuicio. El vino es mejor que se quede moro.
Podemos rastrear también la influencia del vino en disciplinas tan dispares como la arquitectura: José Luis Alonso Ponga nos ofrece una amplia muestra en su estudio sobre la arquitectura del barro, donde podemos contemplar una amplia variedad de bodegas, en la escultura, baste mirar con detenimiento muchos capiteles de los claustros medievales, o en la ingeniería con una amplia gama de maquinas e ingenios para todo el proceso de elaboración del vino.


Si son profundas sus huellas en estas materias, hemos de convenir que aún lo son más en las diversas manifestaciones del campo de la cultura: El triunfo de Baco de Velázquez, El Baco de Caravaggio, Baco niño de Guido Reni, la bacanal de Houasse, La vendimia de Goya, hermosos pasajes del Quijote, del Lazarillo, del Criticón, del Libro de Patronio, del Libro de Buen Amor..., Autores como Homero, Safo, Anacreonte, Eurípides, Platón, Aristóteles, Jenofonte, Berceo, Isidoro de Sevilla, Quevedo, Rabelais, Baudelaire, Claudel, Dante, Goethe, Rilke, Cavafís, Nietzche, Shakespeare, Neruda, Borges, Darío, Mohamed Hafiz, Li-Po, Yukio Mishima y un innumerable etcétera, que vienen a rendir homenaje a este néctar divino que da ciencia a quién no la tiene, no guarda secretos, estimula la creación, es parlanchín, pendenciero, amigo fiel de festines y celebraciones sin fallar ninguno, da alegría, es cantarín, acerca culturas, inhibe la timidez, da color a las mejillas y a la orina, aclara la voz, cura las heridas, atrapa a los mosquitos, previene la impotencia, cura la timidez, ayuda a hacer amistades, cura la melancolía, alivia las penas, dilata el corazón, duplica la visión (o la hace independiente por cada, ojo, según se mire), facilita la digestión, da calor y ánimo a quién lo bebe...., en definitiva si como hemos podido comprobar la vid es la vida, vivir es beber. Hagamos pues las pertinentes libaciones por la larga vida de nuestra biblioteca de la mano de Juan Fernández, enófilo y erudito de la cultura del vino, y que Dionisos en su generosidad nos haga participar por unos instantes de la naturaleza de los dioses.

viernes, 3 de febrero de 2012

La educación también se siente



De contino escucho decir que la enseñanza necesita un cambio inmediato y radical, que la escuela permanece anclada en las formas del siglo XIX, mientras los alumnos pertenecen al siglo XXI. Y debe ser verdad, porque veo a diario la desmotivación de alumnos a los que el sistema educativo no les aporta gran cosa.

Siento cercano cómo gente válida, inteligente y despierta, sufre un sistema educativo que no valora las capacidades individuales, que capa su crecimiento intelectual, que desalienta, desmoraliza y no evoluciona. Qué exige unas cosas y valora otras, que propone competencias pero evalúa contenidos, que no deja espacio a la imaginación de los chavales, que coarta su creatividad y en muchas ocasiones sus ilusiones, que arroja fuera a muchachos de gran capacidad y que si en algo se ha mostrado tremendamente eficaz es en generar fracaso escolar.

Oigo a algunos profesores sermonear a los padres y transmitirles que la única forma válida de obtener rendimientos es obligar a los hijos a sentarse delante de un libro durante varias horas al día. De no ser así, estaríamos haciendo dejación de nuestros deberes como progenitores y por consiguiente, recaería sobre nuestras conciencias el peso de todos los suspensos que el alumno fuese capaz de cosechar en su vida estudiantil. Ellos (los profesores) ya hacen todo lo que pueden aguantando en clase a esa pandilla de jovencitos indolentes, sin interés por nada, apáticos, distraídos y en ocasiones maleducados.

Veo también, sin embargo, a profesores que se esfuerzan por ofrecer a los chicos algo distinto, que quieren evolucionar, que buscan nuevos métodos para impartir sus clases, que se molestan para motivar a los alumnos, que se reciclan, que acuden a cursos formativos, que hacen sus asignaturas entretenidas, que tratan de acercarse a los chavales, que se ponen a su altura, que interaccionan con ellos, que dialogan.

Conozco casos en los que las buenas intenciones innovadoras de estos docentes inquietos, han de salvar obstáculos impensables de los compañeros y trabas alucinantes de los equipos directivos que no ven con buenos ojos que las cosas dejen de ser como son, supongo que por no dejar en evidencia su propia inactividad, su escandalosa desidia profesional.

Veo que ¿nuestros? políticos se enzarzan en discusiones retóricas y sin fundamento pretendiendo salvar la educación de las garras de sus oponentes, o mejor dicho, adaptarla a sus propias conveniencias, pero que se dejan deteriorar la enseñanza a base de no proponer soluciones, de incluir materias que deberían quedar fuera de la escuela, de no arreglar edificios, de racanear en personal, en medios materiales, en dineros, de incrementar las ratios, de bajar el nivel educativo.

Me mosquea que en toda la vida escolar de mis hijos, que se sacan cuatro años entre sí, no haya sido capaz de reutilizar un libro del mayor para la pequeña. Los libros de texto se cambian continuamente, obligándote a adquirir distintas ediciones de la misma obra, en la que el capítulo 8 ha pasado a ser el 6 y el 4 el 9. Esto tiene un nombre que me callo ahora, pero que tiene mucho que ver con la corrupción.

Sufro viendo la incapacidad de quienes tienen la responsabilidad de velar por la educación, de diseñar su futuro, de establecer consensos para no tener que cambiar de ley cada vez que cambiamos el color del gobierno.

Me indigno comprobando como la educación pública cae en manos de gentes que no creen en ella, o que tiene intereses en la privada; de ver cómo se utiliza de campo de batalla para dirimir las rencillas políticas; de comprobar que lo que interesa es imponer el criterio ideológico dominante; de que el sentido común y el debate se sustituyan por el ordeno y mando; de que esta ley la cambio yo en cuanto llegue al gobierno sin ni siquiera consultar con las partes implicadas….

Me cabreo cuando observo que una conquista tan importante como la gratuidad de la enseñanza se intenta convertir en un nicho de mercado. Cómo los que tienen la obligación de mimarla, la degradan y prostituyen sin el menor pudor y con el cinismo impresentable de querer hacernos ver que es para garantizar mejor nuestros derechos.


No puedo soportar a quienes desde dentro y desde fuera juegan con la formación de nuestros niños y jóvenes, manipulan, enredan y tratan de hacernos ver que la única educación de calidad posible es la que se paga.

Me solivianta la inacción de quien viendo venir las cosas no hace nada por evitarlo, de quien sabiendo que actúa en detrimento del sistema educativo público sólo se preocupa de que su jornada sea más cómoda, de estar en el centro el menor tiempo posible, de imponer por criterio de antigüedad un mejor horario para él, de quejarse de que los padres no se molestan en conocer de primera mano la evolución de sus hijos mientras ponen sus tutorias los miércoles de 11,36 a 12,07 en el convencimiento de que la gente no trabaja o de que si lo hace ha de plegarse a sus caprichosos horarios.

Estoy harto de que las únicas caras que ven a diario algunos de los profesores de mis hijos sean la del conductor del autobús, que los lleva y los trae cada mañana y la del camarero que les sirve el café. No conocen la realidad en la que se mueven sus alumnos, ni sus problemas, ni siquiera a sus padres. Lo único que importa es irse después del recreo si se ha llegado al instituto a primera hora de la mañana, y venir en el segundo autobús si tienes que quedarte hasta la última. La cuestión es no permanecer, en cualquier caso, más de tres horas seguidas en el puesto de trabajo. Sin hablar de las ocasiones en las que apenas comienza a nevar los profesores salen en tromba del centro para irse a su casa de la capital, no se complique la carretera, o directamente no salgan hacia el instituto si les pilla en casa.

Sin embargo también veo ilusión en algunos profesores, ganas de enseñar, entusiasmo por que los chavales aprendan, que son capaces de apasionar porque ponen pasión, de reír porque son alegres, de conectar con sus alumnos porque saben ponerse a su altura, de darse a respetar porque son respetuosos, de convencer porque son sinceros, de transmitir porque son cercanos, de que sus alumnos trabajen porque ellos son trabajadores.

Reconozco que en ocasiones, las buenas intenciones formadoras de algunos docentes se enfrentan a un auténtico e insalvable muro por parte de la administración y a los palos en las ruedas de quienes no desean que nada cambie.

Valoro a profesores comprometidos con sus alumnos y con su profesión. La enseñanza es una actividad vocacional, al igual que un sacerdocio. A los que se la juegan defendiendo lo que creen, a los que están señalados por el dedo por haber sido capaces de dar la cara, a los que son capaces de comprometerse, a los que aún creen que las cosas tienen remedio.

Envidio a los que, a pesar de la oposición de sus equipos directivos, y del vacío de sus compañeros, apuestan por ofrecer a los chicos otras cosas, a los que se salen del guión, a los que elaboran sus propios contenidos, a los que no se dejan doblegar por las presiones de las editoriales.

Admiro a aquellos que contra viento y marea persisten en su tarea de enseñar con buen semblante y acuden a la escuela alegres y contentos cada día. Podríamos medir la profesionalidad de un profesor viendo la cara que saca después de clase, o mejor aún viendo la que sacan sus alumnos. Un profesor puede hacer mucho bien, pero también mucho daño, puesto que trabaja con material sensible. Bravo por quienes siempre lo tienen presente.

Sé que sin educación no hay futuro, que la educación es la inversión más rentable que un país puede hacer para sí mismo. Esto lo sabe también cualquier persona, incluso los que gobiernan. Todos conocemos las enormes ventajas sociales, económicas y personales de tener una sociedad cultivada, pero parece que hubiésemos abdicado de conseguir mejoras de cara al futuro. Alguien dijo que una sociedad que invierte en escuelas, se lo ahorra en cárceles, pero convendría añadir que lo gana en desarrollo humano, en bienestar social y en riqueza económica.

O sea que por favor, dejemos de jugar con las cosas serias y pongamos los cinco sentidos en proteger la educación de los ataques de los mercaderes. Animo a los profesores a unirse en defensa de la educación pública, a implicarse en los cambios metodológicos necesarios para incrementar el interés del alumnado, a ejercer con honestidad una profesión apasionante, a comprometerse con sus alumnos por encima de cualquier otra consideración. A los gobernantes a creer que la educación es una inversión y no un gasto, que es un derecho de todos, que con ella no se debe hacer política, a creerse que la calidad de vida de un país tiene mucho que ver con la calidad de su enseñanza, que un paso atrás en materia educativa es un retroceso social que costará décadas en recuperar. A los padres a que sean capaces de valorar que la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos es la formación, que también tienen cosas que aportar en ese proceso, que las actitudes de los muchachos dentro del aula tienen mucho que ver con su forma de ver las cosas dentro de la familia, que deben implicarse en la tarea de reclamar una educación pública, gratuita y de calidad. A los alumnos a tomar conciencia de que la educación pública es el derecho que el día de mañana les va a permitir defender todos los demás derechos. Que sin ella, la sociedad democrática pierde su principal razón de ser, ya que una buena educación pública es la única forma de garantizar la igualdad de oportunidades.

Ya está bien de utilizar la educación pública como campo de batalla, unámonos para defenderla, porque será el mejor antídoto para luchar contra las crisis, ésta y las que vengan. Nuestros hijos nos lo agradecerán, la sociedad nos lo agradecerá, nuestro bienestar nos lo agradecerá, porque sin educación no hay futuro del que podamos sentirnos orgullosos.

La imagen que encabeza este post ha sido extraída de la siguiente dirección, con licencia Creative Commons:
http://antoniomaestre.files.wordpress.com/2011/08/por-la-escuela-publica.gif

lunes, 23 de enero de 2012

Arriba las manos, esto es una crisis...

He de confesar que no tengo ni repajolera idea de economía. Ni siquiera de economía doméstica, y aún menos de esta economía salvaje con la que parece que tenemos que acostumbrarnos a vivir. Se supone que quienes saben de economía son los economistas y también los políticos y los gestores de fondos y los banqueros y los agentes de calificación y los de bolsa, y los dirigentes del FMI, y los del BCE, pero a juzgar por los resultados obtenidos me da en la nariz que, en esta materia estamos todos al mismo nivel. Esa es una hipótesis posible: Aquellos que deberían haber sabido la que se nos venía encima, puesto que son expertos y cobran por ello, no las vieron venir, y ahora, a toro pasado, nos toca pagar a los demás (mejor dicho, a los de siempre), por su ineficacia. También existe la posibilidad de que supieran lo que estaba pasando y las consecuencias que tendría, pero unos por otros, decidieron seguir engrasando la maquinaria para que ésta continuara produciendo dinerito. Total, a ellos, como expertos que son, les basta con echar la culpa a otros factores, a otras personas, a otras cosas. Y al fin y al cabo, algo de razón no les habría de faltar. En la génesis de esta crisis está la ambición desmedida, la falta de escrúpulos y el dinero fácil y en esos parámetros no sólo se mueven los bancos y los grandes fondos de inversión, también lo hacen los especuladores de andar por casa, el constructor aprovechado, el comisionista sin piedad, el gestor desalmado, los empresarios oportunistas y esos espabilados que saben pescar en ríos revueltos y que no ven más allá de la rentabilidad inmediata.

¿Y quién dicen los expertos que tiene la culpa de lo que está pasando? Evidentemente la clase media, los asalariados, los funcionarios, y los trabajadores de nómina corta, que se lanzaron a comprar pisos y coches como posesos a pesar de que era evidente de que vivíamos en una burbuja. Es lo que tiene creerse más de lo que se es. A uno le dicen que la mierda de piso de 60 metros en el que vive, vale a precio de mercado al menos 200.000 euros, y se acaba creyendo que habita en el Palacio de Versalles, que pertenece a la privilegiada casta de los propietarios y lo que es peor, que vive convencido de que lo mejor que le puede pasar a su bolsillo es que el precio de la vivienda no deje de subir.

Lo de menos es que el banco te diese 10 cuando pedías 8 y te animase a cambiar el coche, o a invertir además en un apartamento en la playa, digno de tu estatus. Lo de menos es que el FMI siguiera alentando un consumo desaforado e insostenible, lo de menos es que los políticos ni las vieran venir, lo de menos es que la especulación sustituyera al trabajo e inflara los precios de las casas y los bolsillos de los especuladores en una espiral sin límites, lo de menos es que el derroche ostentoso de las administraciones, la corrupción urbanística, los trapicheos constantes, el desvío de fondos públicos hacia cuentas privadas, los autos de lujo, los aeropuertos sin aviones, los bolsos de Vuitton y el todo vale, camparan a sus anchas. Ahora resulta que el culpable es aquel que se endeudó para 40 años para adquirir una vivienda minúscula y mal construida o el que aceptó sustanciosas subidas del 3% anual en su nómina mensual en los años de bonanza.
Pero nos está bien empleado. Lo primero por no entender de economía, y lo segundo por entrar al juego de un capitalismo popular que acabará por dejarnos con el culo al aire y viviendo debajo del puente. Resulta que detraemos de nuestras cada vez más exiguas nóminas, una cantidad mensual para complementar nuestra jubilación contratando un fondo de pensiones adicional a una empresa privada ¿acaso no tenemos derecho a una pensión pública?, o fiamos nuestros ahorros a tiburones financieros a través de los fondos de inversión. La cuestión es que ingentes cantidades de dinero procedentes de las rentas del trabajo, le sirven al capital para jugar al monopoly, para especular con los alimentos, con la energía, con la vivienda e incluso con las personas. Es “nuestro” dinero, el que se ha utilizado para provocar esta crisis, o mejor dicho, este macronegocio global. Y seguirá siendo nuestro dinero el que siga alimentando a la fiera que acabará con nuestros ahorros, nuestras pensiones, nuestros derechos y nuestro bienestar. Hemos colaborado con nuestros ahorros a poner una bomba de relojería en las prestaciones sociales de carácter público: En las pensiones, en la sanidad, en la educación, en la asistencia al anciano… De momento, la insaciable y cada vez más inútil banca, ha perdido lo que no está escrito por imprudencia, avaricia y operaciones arriesgadas con fondos que no la pertenecen, pero para que el sistema financiero no se hunda, los gobiernos acuden al rescate inyectando a estas sanguijuelas ingentes cantidades de dinero público y endeudando de paso a toda la sociedad. La banca, en señal de agradecimiento, exige a los gobiernos que rebajen inmediatamente la deuda que han generado para ayudarles a salir del bache, si no quieren que los mercados (o sea la propia banca) acaben devorándoles. Los gobiernos complacientes reunidos deciden seguir las instrucciones de quien les está llevando a la ruina para no arruinarse antes que el vecino (bueno, todos menos el de Islandia, que optó por juzgar a los banqueros sinvergüenzas y no pagarles las deudas que ellos mismos se habían ocasionado) y comienzan a aplicar recortes a los gastos públicos superfluos (sanidad, educación, servicios sociales, investigación científica, I+D, salarios, pensiones de viudedad, casas de acogida para mujeres maltratadas, quirófanos….), para poder seguir manteniendo los que son estrictamente necesarios (aeropuertos inoperantes, estatuas conmemorativas, privilegios fiscales a los ricos, exenciones de impuestos y aportaciones millonarias a la iglesia, duplicidades administrativas, representantes políticos continentales, nacionales, autonómicos, provinciales, locales y de distrito, senadores, coches blindados, teléfonos móviles, dietas de representantes del pueblo, viajes, trajes de cachemir, bolsos y complementos…) en fin, todas esas cosas imprescindibles que hacen avanzar las sociedades.
Mientras tanto, y a pesar de lo que pudiera parecer tras haber financiado las deudas bancarias con dinero de todos, las entidades financieras, pobrecitas, se ven obligadas a desahuciar de sus casas a los que dejan de pagar la hipoteca por haberse quedado sin trabajo. Poco importa que de las 10 que te prestaron ya hayas pagado 8. La banca gana. Se queda con los 8 y se queda con la casa. A las otras 2 que faltan de cobrar se le suman intereses, costas judiciales e indemnizaciones varias (que no habíamos leído en el contrato de hipoteca) y obtenemos como resultado una persona totalmente arruinada, sin trabajo, sin casa, y con una deuda que lo mantendrá ligado al banco de por vida, aunque si escuchas con atención el discurso que sale por la boca de Botín, llegarás a la conclusión de que el sale perdiendo es el propio banco. Ya se sabe que su negocio no son los pisos. El caso es que se han hecho con cientos de miles de viviendas y nos lo presentan como si fuesen los realmente perjudicados por el estallido de la burbuja. No sé si es mayor su
infame cinismo o nuestra gilipollesca credulidad.



A todo esto, los que tienen que poner soluciones se dejan guiar por las exigencias de los mismos tiburones que provocaron la crisis y que ahora nos dicen tener el remedio para salir de ella:
Bajada de salarios a los trabajadores, jubilación a los 67 años, desmonte sistemático del estado social, de prestaciones sanitarias, educativas, de derechos sociales. Subida de impuestos a los “privilegiados” que tienen una nómina, más horas de trabajo, menos puentes y vacaciones, total, no nos va a quedar dinero para gastar…, abaratamiento de los despidos, congelación de pensiones, subida de los combustibles, del IBI, aumento de las retenciones del IRPF, corte drástico del grifo del crédito para las PYMES y particulares, menos obras públicas. Es decir, los que se tienen que defender con un salario, en muchas ocasiones mileurista, los que no cambian de coche porque el viejo sigue funcionando, los que no pueden salir de vacaciones porque no les llega el sueldo, los que en su vida han probado las huevas de esturión, tienen que pagar ahora los excesos del que tenía 4 coches, dos chalets, un barquito en el puerto, cientos de miles de euros de beneficios y se daban atracones de langosta bebiendo champán francés.


Esos mismos, o sus representantes en la tierra, descartan de plano la lucha contra el fraude fiscal, la eliminación de la ayuda a la iglesia católica, la posibilidad de cobrarles el IBI, (a los obispos, digo) la subida de impuestos en los tramos más elevados, la inspección de los paraísos fiscales, la creación de una tasa para evitar la especulación en bolsa, la creación de un impuesto a las grandes fortunas, la dación en pago, la supresión de los privilegios a los políticos, topes salariales para los altos cargos públicos, puesto que serían medidas que erosionarían la actividad económica del país, nos cuentan.

O sea, que los que verdaderamente entienden de esto, saben cómo esquivar la crisis y sus efectos, y saldrán de ésta situación reforzados y con más dinero en Suiza del que tenían antes de comenzar “el gran negocio”. De momento el único consumo que aumenta es el de los artículos de lujo. Los demás, pobres ignorantes, seguiremos costeando sus excesos y eligiendo democráticamente a los que han de poner el marco legal a nuestra ruina. Es lo que tiene no saber de economía.

Mi agradecimiento a Forges y a El Roto, por sus imágenes, que me venían cómo hechas de encargo para ilustrar este post.