jueves, 7 de febrero de 2013

Nenikékamen



La batalla de Maratón tuvo lugar durante la 1ª guerra médica,  que no tiene nada que ver con la marea blanca en defensa de la sanidad pública, si no que toma su nombre de los medos, procedentes de Persia,  que se encontraban por aquel entonces, año 490 AC, en plenas luchas territoriales contra los griegos. Cuenta la leyenda que el soldado Filípides fue enviado a Atenas para anunciar la victoria sobre las tropas de Darío y evitar de esta manera el suicidio de las mujeres atenienses, que habían prometido sacrificar a sus hijos y matarse ellas después, para no caer vivas en manos de los persas, si antes no les llegaban noticias de la victoria griega. Imaginaos el agobio de Filípides, que no tuvo tiempo ni para tomarse un descansito.  Llegó, pero tras decir “hemos vencido”,  Nenikékamen en griego, cayó muerto.   


Ese episodio es el que ha dado origen a la prueba reina del atletismo, el maratón.  (Una curiosidad que agradará a los miembros paradinenses del club, maratón en griego, significa campo de hinojo, o hinojal, como el paraje de la ermita de Paradinas). Ahora bien,  la distancia entre el campo de batalla y la capital de Grecia es de 37 Kilómetros,  entonces, ¿por qué se corren 42.195 metros?
En realidad, esta longitud es la que existe entre la ciudad de Windsor, en Inglaterra,  y el estadio de Londres, lugar en el que se celebró por primera vez de forma oficial esta prueba, en 1908. Los últimos kilometros se añadieron para que la meta coincidiese enfrente del palco presidencial del estadio.  Ya se sabe,  cualquier cosa es preferible antes de que los presidentes muevan el culo de su poltrona un solo metro, que digo yo que si no podían desplazar la meta, que hubiesen acercado la salida. Y menos mal,  que los miembros del COI de la época  no debían ser muy versados en Historia, porque según cuenta Herodoto, Filípides no fue enviado a Atenas a dar el aviso, si no a Esparta a pedir ayuda:  “… los generales de Atenas enviaron un mensaje a Esparta. El mensajero fue un ateniense llamado Filípides, un profesional en carreras de larga distancia. …Filípides llegó a Esparta un día después de haber salido de Atenas y pronunció su mensaje ante el gobierno espartano." 

Lo asombroso es que Atenas y Esparta distan entre sí nada más y nada menos que 246 Km, y eso atrochando por atajos. No me extraña que nada más llegar cayese al suelo fulminado.  En 1982, tres miembros de la R.A.F. lograron repetir la hazaña y desde entonces se celebra cada año la llamada Espartatlhón, en este caso sobre la distancia original, al menos hasta que a algún prepotente preboste se le ocurra colocar el palco presidencial unos metros más allá.  Que hagan lo que quieran, a esa no pienso apuntarme. 

martes, 5 de febrero de 2013

Alea jacta est



Esta expresión, que significa la suerte está echada, se le atribuye a Julio César, cuando decide atravesar con sus tropas el río Rubicón,  desafiando así la autoridad de Roma, e iniciando la segunda guerra civil contra Pompeyo. Viene a significar que ya no hay vuelta atrás, y que lo que tenga que pasar que pase. Suele ocurrir que hasta que no te decides, para bien o para mal, por una cosa, la idea no deja de rondarte en la cabeza, de molestarte, incluso. Miras, analizas, reflexionas, ponderas, comparas, hablas, lees  y por fin, das el paso. El caso es que me ha costado bastante decidirme a correr mi primera maratón. Pero ya está, ya lo he hecho. No quiero ni pensar en la que me he metido. De momento he pagado la inscripción, reservado un hotel en Badajoz y comenzado a intensificar los entrenamientos. Ya me duele todo y además estoy cansado. La semana pasada casi 70 Km, ésta va por el mismo camino. Ufff. Y todavía queda mes y medio.  Una vez tomada la decisión parece que la idea deja de dar rebotes en el interior de la cabeza, aunque es sólo eso, una apariencia, ya que sigo albergando muchas dudas sobre si habré hecho lo correcto apuntándome a la maratón de Badajoz.  En última instancia nadie me ha obligado, pienso, por lo que si tengo que retirarme no pasa nada, aunque luego me digo a mi mismo que si voy con esa mentalidad no seré capaz de terminar.  En el lado del haber, se sitúa la compañía: Edu, Zubiri, Pardi, Jose Paradinas, Rony y Alvarito van a intentarlo también. Bueno, en realidad Alvarito y Zubiri ya han hecho una el año pasado, los demás nos estrenamos en el intento.  En la columna del debe, se sitúa la de acabar de correr  y volverte para casa conduciendo durante cuatro horas. Otra maratón.

sábado, 12 de enero de 2013

Carrera del roscón: Ilusión en Paradinas



 

La mañana de Reyes dejó en la meseta un regalo que no por previsible, dada la época del año en la que estamos, resultó menos hermoso: La cencellada adornó con delicadas puntillas de hielo las plantas y hierbas al borde de los caminos por los que transcurría la Carrera del roscón. El sol se asomó durante unos minutos a presenciar el espectáculo, pocos, pero suficientes para iluminar los ánimos y deshacer  los preciosos encajes de cristal sobre la vegetación.  Sobre la mitad del recorrido, la niebla volvió a bajar, borrándonos de la vista la imagen de Paradinas, que desapareció entre las brumas heladas de la mañana invernal. Esto es enero y esto es la estepa castellana. Pero, a pesar de todo, la mañana estaba apta para correr, la temperatura correcta y los ánimos dispuestos a quemar los excesos navideños por una buena causa: La lucha contra el cáncer.
La condición de benéfica hacía esta carrera distinta de las demás.  Estoy seguro de que esta circunstancia fue determinante en el éxito de la organización, que se hacía sentir nada más llegar a Paradinas, con voluntarios en todos los cruces indicando la zona de aparcamiento y dispuestos por todo el recorrido para orientar a los corredores por la dirección correcta. No me cabe ninguna duda de que también lo fue para la participación. Los 250 dorsales se quedaron cortos y hubo gente que, muy a su pesar, se quedó fuera, pero otra vez será…Unos días antes, junto a Pepe el canario, Álvaro Rony y José Luis Paradinas, fuimos a entrenar por el trazado de la carrera, encontrándonos tramos poco menos que intransitables, pero incluso el tiempo se mostró benévolo durante la semana y permitió que los caminos se oreasen y mostrasen un firme más que aceptable para correr.  He de decir que de la carrera me gustó todo:  La organización, el recorrido, el ambiente previo y la participación, con una nutrida representación de los atletas de Macotera, de los de Villoruela y, como no, de los de Peñaranda. Muchas caras conocidas como corresponde a hecho de correr en casa, y algunas otras inesperadas, como Juan Pablo Pastor y su guapísima novia, dispuestos a darlo todo,  o Carmina, que no se la quiso perder a pesar de haber estado toda la noche trabajando en el hospital; pero la ocasión lo merecía.  Para mi tengo que ese gesto puede simbolizar el esfuerzo de toda la familia García Martínez, unida en la lucha contra la enfermedad y volcada en la recuperación de Esther. Y qué duda cabe que acciones como la carrera del roscón, aumentan la ilusión, dan esperanza e infunden ánimo a quienes lo necesitan. Esther emocionada, pero contenta y Juan Antonio sonriente y agradecido, luciendo con orgullo el dorsal nº 1 y un pañuelo de color atado al brazo, al modo de los caballeros medievales que defendían los colores de su dama,  flanqueado todo el camino por el gran Zubiri y Bruno, un corredor de Santiago de la Puebla. Yo fui en su compañía durante los tres primeros kilómetros. Tenía la intención de hacer todo el camino con ellos, pero me encontraba bien y quería regalarme un tiempo por debajo de los 50’ para celebrar mi 50 cumpleaños, así que marché en busca de la meta con Jesús Redondo, con el que hice la parte central del recorrido.  Me estimuló ver a Floren por delante en el prado y me fui acercando poco a poco para saludarle y darle ánimos, que no en vano estaba en su pueblo político y tenía por allí a su mujer de voluntaria. A la salida del mismo, vi cerca a José Ángel y Luis, a los que pude alcanzar sin mucho esfuerzo, o sea que apreté un poco más para dar caza a Toñi, de Macotera, y a Carlos Elías, con el que tuve el placer de hacer la última parte del recorrido. Se conoce que el Elías Virutín y el Pago de las Pocillas tienen similar octanaje. Habrá que hacer una degustación conjunta para confirmarlo, con Lillo de sumiller oficial o de  árbitro imparcial, lo que él prefiera.  Al final, 48’11” a un ritmo de 4’49 y la enorme satisfacción de oír los gritos de ánimo de amigos y conocidos que jaleaban mi nombre en la llegada. Un espléndido regalo de cumpleaños, aunque, eso sí, no me conformo hasta que no me traigan también lo que he pedido para Esther.
Mis amigos del club en su línea. Tres de ellos corrían en casa: Edu, que está intratable y me saca un minuto por kilómetro, por lo que cuando yo llego suele estar duchado, quedó el 11 de la general  y el 4º en su categoría. Álvaro Rony, que bajó de los 40’ y estaba pletórico y feliz, máxime con esas chicas tan guapas que fueron a animarle, Vanessa y su hija,  y José Luis, con un carrerón de 41’ y a dos segundos de ser el primer corredor empadronado que entraba en la meta. Profetas en su tierra. Vaya trío de ases.  Adri se sacó de las piernas un pedazo de carrera, a 3,50 el Km. Eso es que Fati le cuida como se merece y no le deja comer todo lo que quiere.  Fernando, en la línea de José Luis y pendiente de su veloz esposa, María Jesús, representante femenina del club, que entró en torno al minuto 50, abriendo el paso a Zubiri, a Bruno y a Juan Antonio, que hacía su primera carrera oficial. No hay quien gane a Zubiri en solidaridad y compañerismo. Yo he tenido la suerte de comprobarlo en carnes propias en algunas ocasiones y en ésta fue el bueno de Juan Antonio quien disfrutó de su amigable compañía.  Almudena y Esther les esperaban para aplaudirles a la llegada, como corresponde.  También estaban mi amigo Antonio, Mari Carmen, Ana y Rodrigo, por parte de Juan, porque la otra representante de la familia, Carmina, se aventuró a correr, como ya he dicho y lo hizo a lo grande, bajando minuto y medio de la hora, y eso que se vino derecha desde el trabajo y que ha comenzado hace unas semanas en esto del running. El otro Juan Antonio del grupo, Pardi, también se encontraba como en casa, no en vano tiene casada una hermana en Paradinas y conoce el terreno. Le vi contento, disfrutando de la carrera y de la compañía. Es el que pone el toque alegre y festivo cuando salimos en grupo.
Rober se hizo la carrera acompañando a César, el sobrino de Pifo, que hace progresos a paso de gigante. El que me dejó pasmado fue Vitillo, que se sacó de las piernas un carrerón de órdago a la grande: Entró en 5º lugar, en 36’26”.
Los hermanos Bueno no quisieron perderse esta carrera y vinieron a mostrar su apoyo a Esther. Roberto se llevó el gato al agua y Juan quedó tercero. Da igual. Estos chavales son grandes. Siempre están sonrientes y alegres, siempre simpáticos y agradables, y sobre todo, siempre humildes y eso es lo que les confiere, en mi opinión, el sello de grandeza. Enhorabuena por vuestro carácter y por vuestra forma de ser.
Tras la ducha, en esta ocasión aún templada, gracias a la generosidad de Carlos Elías que se dio prisa para que no se acabara el agua caliente, el convite: Jamón, lomo, salchichón, chorizo, tortillas de patata, cortezas, queso, aceitunas….y refrescos. Todo por gentileza de la organización y de los vecinos de Paradinas que aportaron las viandas. Pude disfrutar una vez más de mi amigo Antonio, con el que pasé un buen rato mientras le presentaba a los miembros del club, para que vea en que compañías anda su hijo, y de aquí a nada también su hija, porque ya tenemos a Carmina casi convencida. Floren y Juanma amenizaron el convite con la dulzaina y el redoblante. No sabía que fueran aficionados a la música tradicional, por lo que me dejaron gratamente sorprendido. Valen para todo, corren primero y amenizan después. Vaya máquinas.
Vi un pueblo altruista y generoso, ayudando en la organización y colaborando con su presencia y con sus aportaciones culinarias o económicas. Vi a Esther ilusionada, emocionada y guapísima, como es ella, y a Juan Antonio alegre y feliz, agradeciendo a todos su presencia. Disfrutamos de una magnífica carrera, de una muy bien surtida bolsa del corredor, de un convite abundante y de la hospitalidad de los paradinenses. Unos más que otros, por que por lo que ha llegado a mis oídos, algunos de  los miembros del Club de Atletas Populares, en compañía de sus parejas, eso sí, decidieron hacer una maratón de comida, bebida y risas y siguieron “dale que te pego hasta las tantas", que para algo habían corrido antes. Así me gusta. En la próxima os acompaño, que aunque corriendo no pueda ir a vuestro paso, comiendo os he de llevar con la lengua fuera a poco que queráis seguirme el ritmo. He dicho.



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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Navalmoral, una media con cara de entera

El agua de las duchas estaba fría, a juzgar por los asparabanes que hacían los que ya estaban dentro, pero el caso es yo apenas lo noté, seguramente por el calentón que llevaba encima tras haber concluido la carrera más dura de aquellas en las que he participado. Ni sensación, oye. Es más, tras la primera impresión, aguanté las ganas de retirarme del chorro y me recreé en la suerte, gozando de una ducha larga y abundante que me reactivó la circulación y me quitó la sensación de frío durante todo el día. Quitarte el sudor de encima, ponerte ropa seca y salir del vestuario limpito y reluciente es una de las sensaciones más gratas que tiene este vicio de correr por los caminos. La otra, que no le va a la zaga, es dejar de correr cuando cruzas la meta.


En esta ocasión hice caso a los sabios consejos de Juan Bueno y de Manolo Opel y salí ligero de ropa, eso sí, con una braga al cuello por si acaso había que proteger la boca y la cabeza cubierta para tapar la ausencia de cobertura capilar y evitar la pérdida de calor, aunque en honor a la verdad, la temperatura en la salida era de unos 14º, nada comparable al diciembre estepario de Peñaranda, pero con cierta sensación de frío debido al aire en contra que nos fue limando las fuerzas durante los primeros 10 kilómetros. En alguna ocasión incluso, brilló el sol y percibimos una clara subida de la temperatura. Desde luego, me sorprendió ver un par de naranjos cargaditos de fruta, y un prado con pequeñas flores amarillas, lo que nos indica un clima mucho más benigno que el que nosotros sufrimos habitualmente. Un dato: Navalmoral tiene una altitud de 291 m. mientras que Peñaranda está a 900. Tenía ilusión por venir a esta carrera ya que se daba la feliz circunstancia de que nos juntábamos prácticamente todos los miembros del equipo para hacer juntos el viaje, comer y pasar el día, por lo que no me importó en absoluto el madrugón, ya que cuando llevas buena compañía se disfruta cada momento. Así fue. En el autobús aparecieron unas cajas de pastas, que tuvo el detalle de llevar José Luis Martín, y una botella de orujo de hierbas, aportación de Rony, con sus vasos de chupito y todo, para brindar por una carrera sin contratiempos y calentar el ánimo, que parecía algo decaído viendo la lluvia caer, mientras atravesábamos de vez en cuando densos bancos de niebla que nos hacían presagiar un día gris, tristón e invernizo. No fue así. Para nada. Temperatura ideal para correr, con viento frontal molesto como he dicho, durante una buena parte del recorrido. 




Llegó la hora. 15 peñarandinos en la salida, cada uno con sus propias inquietudes y sus objetivos particulares. Unos con la intención de rebajar tiempo, otros con la de ganar en su categoría, alguno pensando en rivales de nivel similar, otros en acabar enteros y a ser posible con hambre. En esto, al igual que en otras facetas de la vida, cada uno va a lo suyo, pero no en el sentido peyorativo, no, ya que hay pocos deportes en los que la solidaridad y el compañerismo entre rivales se muestre de forma tan evidente. Aquí alientas a quien va sufriendo un calvario y le acompañas un trecho dándole ánimos, o intercambias comentarios y conversaciones. De hecho, yo lo he convertido en una costumbre y suelo pegar la hebra con corredores a los que me unen las circunstancias de la carrera. Eso me ha permitido conocer gente muy interesante con la que espero volver a coincidir en otras ocasiones. Es el caso de David Oliver, con el que me junté en torno al kilómetro 14 y en cuya compañía hice la última parte de la prueba en animada charla. 

  

Era su primera media, aunque ya había corrido la maratón de Madrid. Al igual que yo, converso tardío en estos esfuerzos deportivos, y también encantado de haber comenzado con esta afición. Lleva perdidos 40 kilos, me dijo, para contento propio y entusiasmo de su mujer. Yo tan solo he perdido 2 arrobas, pero sé perfectamente de lo que me hablaba David. En estas y otras disquisiciones fuimos acoplando el paso y acercándonos a la meta, que como siempre, se hace de rogar. Pero no es posible que ya esté llegando al final aquí, con lo larga que se me hizo allí. Claro, 21 kilómetros, son muchos metros, sobre todo si el trazado es de los que te pone a prueba el corazón y te deja las piernas machacadas. 

 

Digamos que desde el kilómetro 3, en el que comienzas a subir, hasta el 15, es una rampa continua con tan solo dos pequeños tramos de descanso, y varios cambios en la pendiente que te rompen el ritmo y te dejan madurito para afrontar la siguiente cuesta. Y menudas cuestas. De esas de varios kilómetros en las que no parece llegar nunca el final. El caso es que al principio nos las prometíamos muy felices, con la adrenalina a tope y en desnivel favorable. Los primeros cinco kilómetros no hacían más que pasarme corredores. Yo llevaba un ritmo de 4,55’ con buenas sensaciones, pero decidí aflojar en la seguridad de que no sería capaz de seguir así hasta el final. En cualquier caso no llevaba ninguna intención de averiguarlo, por lo que me puse a la altura de un grupo de atletas de D. Benito, uno de los cuales había estudiado filosofía con un peñarandino al que conozco. Trabamos charla sobre Sócrates, sobre Kant, sobre el racionalismo cartesiano, las posibilidades profesionales de las humanidades y otras fruslerías filosóficas propias de las medias maratones. Yo llevaba en el punto de mira a Rober y a Pifo, a los que les mantenía la distancia en torno a 100 metros por delante. El filósofo se iba quedando rezagado de su grupo y pegó un acelerón para echarles mano. Yo decidí seguir a mi aire y continuar charla con un talaverano que iba casi emparejado conmigo. Paisajes de encinas, paso por algún pequeño pueblo, cerdos ibéricos, zonas de monte acotadas para el adiestramiento micológico de perros, cuestas interminables. Ahora hace calor, en cuanto se ha quitado el aire. Rober y Pifo han desaparecido de mi vista, pero no quiero mirar el reloj, iré a lo que me deje el resuello y me permitan las piernas. El caso es llegar y hacerlo razonablemente entero. Ahora no hago más que adelantar personal, entre otros al filósofo de Don Benito. Hay quien ha decidido tomárselo con calma y subir andando alguna de las rampas. Llevo dos tercios más o menos, por lo que tan solo hay que aguantar un poco más y luego disfrutar de la bajada, ¿no te parece?, 

- Así es. Me llamo David. 
 -Yo José Luis. Encantado. 

Ya en las calles de Navalmoral veo a Rober de nuevo. Parece que va fundido. Tanto es así que llego rápido a su altura: - Vamos Rober, engánchate que queda poco. - Tira, tira tú. Llegando a una rotonda, el trazado vuelve a empinarse y me entran ganas de parar a insultar a alguien, pero ya hace un poco que hemos atravesado el arco del último kilómetro y al final de la calle aparece el cartel de 250 metros. Último esfuerzo oyendo los gritos de ánimo de Nieves y Leila. Hay que entrar sonriente, por si hay foto…. Paro mi crono en 1, 46’45”, mi mejor tiempo en una media, que se me hizo entera por su dureza y eterna por sus cuestas, pero bonita y entretenida, por el recorrido y la compañía. Menos mal que a la llegada nos esperaba un hermoso bocadillo de jamón, zumos, yogures, bebida isotónica, frutas, en fin, un avituallamiento a la altura del esfuerzo. Fantástico, sí señor. Un buen preludio de lo que nos espera en los Arcos de Baram: migas y caldereta para reponer energías. 



Juan nos espera con el maletero del autobús abierto a menos de 100 metros de la llegada, cojo la mochila y me dirijo al pabellón, en el que alguno incluso ya se ha duchado y cambiado de ropa. Zubiri tumbado a la larga me tiende la mano. Parabienes, felicitaciones, otra más al morral, ha sido más dura de lo que parecía, joder con la media, no vuelvo y comentarios por el estilo. En la ducha me entero por Fernando que los servicios médicos están atendiendo a Zubiri. Al parecer una bajada de azúcar, sin mayores consecuencias, a no ser que le quitó el apetito y le tuvo desganado y visitando el servicio durante toda la comida. Adri, algo parecido, con un posible corte de digestión tras la ducha de agua fría y el esfuerzo de correr una media maratón a menos de 4’. Vaya máquinas. En este punto no puedo mejorar la crónica del gran Zubiri, o sea que me conformaré con citar a los compañeros por orden de llegada a la meta:
Manuel González, 1,23’01”
Adrián Carabias, 1,24’21”
Edu de la Peña, 1,24’53”
Álvaro Hernández, 1,26’54”
Manolo González, 1,29’32”
Fernando Torres, 1,33’25” ; José Luis Martín, 1,33’34”
Juan Antonio Santos, 1,42’56”
Pifo, 1,44’52”

José Mari de Castro, 1,38’19”
Álvaro Bernal, 1,37’21
Roberto Macías 1,47’42”
1,46'45". Mi mejor media
Manuel González, 1,23’01” ; Adrián Carabias, 1,24’21” ; Edu de la Peña, 1,24’53” ; Álvaro Hernández, 1,26’54” ; Manolo González, 1,29’32” ; Fernando Torres, 1,33’25” ; José Luis Martín, 1,33’34” ; Chiri, 1,35’53” ; (Lo siento Chiri no he encontrado una imagen tuya, solventaré la deuda en cuanto la tenga),  Álvaro Bernal, 1,37’21” ; José Mari de Castro, 1,38’19” ; Juan Antonio Santos, 1,42’56” ; Pifo, 1,44’52” ; Roberto Macías 1,47’42” ; y yo mismo.  

Estoy orgulloso de todos ellos, pero no por sus tiempos espectaculares, ni por su capacidad de sufrimiento, ni siquiera por su afán de darlo todo en cada carrera, si no por ser fantásticos compañeros, solidarios y pendientes de los demás y con las ideas claras sobre cuáles deben ser las prioridades cuando alguien lo necesita. Todo un ejemplo, aunque se explayen en la ducha y no dejen agua caliente para los que circulamos con motor diesel. Pero ya os pillaré comiendo, ya…. 


NOTA: Todas las imágenes que ilustran este post, han sido obtenidas de la página de www.tortugasveloces.com
 

martes, 27 de noviembre de 2012

Cronica de Alba

La mañana en Alba amenazaba lluvia, los pronósticos la desmentían, pero cuando las nubes se empeñan no hay previsiones que valgan.  El domingo, sin embargo, acertaron los pronósticos. También hizo lo que pudo la temperatura, en torno a los 12 º y sin apenas viento, lo que propiciaba unas condiciones climáticas muy aceptables para correr, sobre todo a estas alturas de noviembre.  Yo en mi línea, con exceso de ropa. Ya me  lo dijo el gran Juan Bueno, el campeón macoterano que también se apuntó esta prueba en su palmarés: -¿Dónde vas tan abrigado?  Te vas a poner malo. Y yo creo que va a tener razón, porque llevaba dos camisetas, una de manga larga debajo y otra corta por encima, ambas empapadas de sudor al final de la carrera. Según Juan es mejor correr ligero de ropa y abrigarse al llegar. Esto también me lo ha dicho alguna vez Manolo Opel, nuestro buque insignia: Los corredores, al igual que los coches tienen que llevar buena refrigeración, si no se recalientan y se gripan. Les haré caso, que al fin y al cabo ellos llevan muchas carreras ganadas y saben de lo que hablan. Espero no “griparme“, pues hay veces que el aire frío del invierno te traspasa como un cuchillo y te hiela el sudor según te brota del cuerpo.



Si hay algo que agradezco en el trazado de las carreras, es que la parte final discurra por terreno favorable. La de Alba de Tormes cumplió esa condición, lo que pasa es que no hay anverso sin reverso, atajo sin trabajo, bajada sin subida. Habitualmente me suele sobrar el último kilómetro, pero en este caso me sobró el penúltimo. Menuda cuestecita la que sube desde el río hasta la parte alta de Alba. Como para cogerla a pecho. Si te cebas no hay cuesta que resulte cómoda, pero la de ayer nos dejó tocados a todos. El caso es que en la página web nos suavizaron el perfil, y lo que era una cosa en la realidad, parecía otra sobre el papel. Pero ya lo barruntábamos.  Por el contrario, no me gusta nada comenzar cuesta abajo. Si a la adrenalina de la salida, la sumas las ganas del comienzo, las fuerzas intactas, el dejarte llevar por el ritmo alegre del resto de corredores y además por la facilidad que te da un terreno  favorable, es muy posible que nos suceda que salgamos a mayor velocidad que la que podemos sostener y que acabemos pagándolo al final. Qué digo al final. Los problemas pueden comenzar mucho antes, y el de ayer era un recorrido engañoso, de los de no fiarse, de los que están pensados para hacer daño a las piernas, de esos que al menor descuido, te dejan sin aliento y aparcado en la cuneta. O si no que nos cuente Adri, que tuvo que parar a devolver bilis por tomarse la carrera demasiado a pecho desde la salida. 





Al principio, todos vamos bien, sobrados, con brío, alegres y cuesta abajo. Cuando corredores diesel, de los que comenzamos las carreras a 5 y pico, cubrimos los primeros kilómetros a 4 minutos, es que algo no anda bien. Por muy animoso que uno se encuentre. Tranquilidad. Hay que conocerse y saber lo que uno da de sí para afrontar cualquier carrera, no siendo que lo que ganes al comienzo, lo pierdas por duplicado al final, con el atraganto añadido de ver que los metros hasta la llegada se hacen interminables. Eso me queda claro, prefiero bajar el pistón y llegar entero al final que cruzar la meta uno o dos minutos antes en estado agónico. Ya he dicho en más ocasiones que mi meta deportiva en estas lides es llegar a las duchas antes de que se termine el agua caliente. Y ayer lo conseguí. Pero a lo que iba: Los problemas comenzaron en cuanto abandonamos el asfalto y nos adentramos por un camino resbaladizo y lleno de puchas. Al más puro estilo cross. Afortunadamente no era terreno de esos que te dejan el barro pegado a las zapatillas, tan solo de los que forman una capa de chocolate del que salpica las piernas,  te las deja llenas de cascarrias y te obliga a pisar con precaución para no pegar un resbalón. Con todo, lo peor del camino no fueron los barros, ni la distancia, ni las precauciones que hubo que tomar,  si no que picaba hacia arriba y te iba haciendo daño en las piernas y limándote las fuerzas, como el que no quiere la cosa.  Aunque lo peor estaba por llegar. La entrada en Alba por la carretera de Aldeaseca nos dejó maduritos. Por lo menos a mí, porque Bonilla, que no me abandonó en toda la carrera, iba sobrado, pero pendiente en todo momento de que no me descolgara demasiado. La cuesta del río la subió unos metros por delante, pero sin dejar de mirar atrás y de darme ánimos a los que yo respondía con una voz, -Ya llego, -Ya voy, o –Estoy aquí. Fue imprescindible esa ayuda para no aflojar el ritmo. En el alto pude ponerme a su altura, en honor a la verdad, gracias a que me esperó, y pudimos pegar aún un acelerón en la cuesta abajo, que nos sirvió para coger a Gabi, que había ido por delante de nosotros toda la carrera. 

Me gustó la entrada en la meta, a la que llegábamos atravesando un arco que da acceso a la plaza, pero más aún me gustó acabar. Qué alivio. Sobre todo en el tiempo que lo hicimos, a una media de 4’50”, lo que está muy bien para mi edad, mi condición y la dureza de la prueba. En esta ocasión se lo tengo que agradecer a Miguel Bonilla, animoso, fiel y buen compañero, que me fue marcando los ritmos y tratando de ajustar los suyos para llevarme hasta la meta en un tiempo impensable para mi. 

Esa es otra de las alegrías que te proporciona este deporte: la solidaridad, el compañerismo, la lealtad, el altruismo, la generosidad que derrochan muchas de las personas con las que tengo la suerte de coincidir. Es emocionante conocer gente así. Y ya lo que alcanza lo sublime es poder compartir con tus compañeros, mejor dicho amigos, que no se puede definir de otra manera a personas con las que me encuentro cada vez más cómodo, y con las que comparto afición, gustos, entrenamientos y buenos ratos, compartir decía, unas cervezas y unos pinchitos. Porque si bien es cierto que se sufre en el transcurso de la prueba, cuando el corazón se quiere salir del pecho, cuando las piernas te duelen, cuando la respiración no te alcanza, no lo es menos que una vez que has terminado, te has duchado, te has puesto ropa seca y te pides la primera cerveza ya acodado en la barra del bar mientras comentas con los compañeros los pormenores de la carrera, la satisfacción personal es inigualable. Compensa con creces los momentos de esfuerzo.  Aquí se para el tiempo. Una vez cruzada la meta el único ritmo que importa es el de acabar las consumiciones a la vez, para ir todos al mismo paso, que es una condición esencial en una ronda de vinos que pretenda llamarse tal. Buenos pinchos y abundantes en el bar de la plaza de Alba: calamares recién hechos, jetas calentitas y crujientes, huevos rotos, estos sí manifiestamente mejorables y un amplio surtido que no nos dio tiempo a saborear. Otra vez será.


Por allí me encontré a Floren, con el que me alegra coincidir y echar un parlao. También Juan Bueno, repartiendo almendras garrapiñadas y contándonos que en esta ocasión se había llevado una paletilla ibérica. Yo soy más de lomo. Por lo menos se parte mejor y no tiene hueso.  También fuimos llegando poco a poco todos los miembros del club para unirnos a Edu, que hizo una carrera memorable y que ya estaba tomando cervezas junto a Manolo hijo. A 3,50 “, el kilómetro, no las cervezas. Vaya máquinas. Carrerón de ambos. Es lo que tiene acabar de los primeros, que llegas antes al bar. También Adri, que entró un momento después que ellos por un problema que tuvo en la carrera, pero que bajó, no obstante, de los 4 minutos, al igual que Álvaro Hernández, que lleva una temporada extraordinaria. Este póker de ases son la punta de lanza del club y están pasando un buen momento. 

En el minuto 43 cruzó la meta Manuel padre, el campeón peñarandino que volvió a repetir triunfo en su categoría. Fantástico.  Antes de los 45, entró mi tocayo José Luis Martín, que tras bajar de la hora y media en la Behobia, nos ha confirmado su magnífico estado de forma. Bravo.   
Álvaro Bernal, que sigue en progresión,  en el  minuto 47, a 4,32. 





  

Después llegué yo en el 51, a 4,50 el kilómetro como dije y después Leila,  en el minuto 55, sacándose de las piernas una carrera de fábula. 


 

La próxima será la media maratón de Navalmoral. Allí trataremos de mejorar nuestros tiempos, el que pueda, o de acabar, que no es poco, el que ande peor. Lo que ya tenemos es ajustada la caldereta, o sea que sea cual sea el resultado de la carrera, no preocuparse, que lo importante está resuelto.