La mañana en Alba amenazaba
lluvia, los pronósticos la desmentían, pero cuando las nubes se empeñan no hay
previsiones que valgan. El domingo, sin
embargo, acertaron los pronósticos. También hizo lo que pudo la temperatura, en
torno a los 12 º y sin apenas viento, lo que propiciaba unas condiciones climáticas
muy aceptables para correr, sobre todo a estas alturas de noviembre. Yo en mi línea, con exceso de ropa. Ya me lo dijo el gran Juan Bueno, el campeón
macoterano que también se apuntó esta prueba en su palmarés: -¿Dónde vas tan abrigado? Te vas a poner malo. Y yo creo que va a
tener razón, porque llevaba dos camisetas, una de manga larga debajo y otra
corta por encima, ambas empapadas de sudor al final de la carrera. Según Juan
es mejor correr ligero de ropa y abrigarse al llegar. Esto también me lo ha
dicho alguna vez Manolo Opel, nuestro buque insignia: Los corredores, al igual
que los coches tienen que llevar buena refrigeración, si no se recalientan y se
gripan. Les haré caso, que al fin y al cabo ellos llevan muchas carreras
ganadas y saben de lo que hablan. Espero no “griparme“, pues hay veces que el
aire frío del invierno te traspasa como un cuchillo y te hiela el sudor según
te brota del cuerpo.
Si hay algo que agradezco en el
trazado de las carreras, es que la parte final discurra por terreno favorable.
La de Alba de Tormes cumplió esa condición, lo que pasa es que no hay anverso
sin reverso, atajo sin trabajo, bajada sin subida. Habitualmente me suele
sobrar el último kilómetro, pero en este caso me sobró el penúltimo. Menuda cuestecita
la que sube desde el río hasta la parte alta de Alba. Como para cogerla a
pecho. Si te cebas no hay cuesta que resulte cómoda, pero la de ayer nos dejó
tocados a todos. El caso es que en la página web nos suavizaron el perfil, y lo
que era una cosa en la realidad, parecía otra sobre el papel. Pero ya lo
barruntábamos. Por el contrario, no me
gusta nada comenzar cuesta abajo. Si a la adrenalina de la salida, la sumas las
ganas del comienzo, las fuerzas intactas, el dejarte llevar por el ritmo alegre
del resto de corredores y además por la facilidad que te da un terreno favorable, es muy posible que nos suceda que salgamos
a mayor velocidad que la que podemos sostener y que acabemos pagándolo al
final. Qué digo al final. Los problemas pueden comenzar mucho antes, y el de
ayer era un recorrido engañoso, de los de no fiarse, de los que están pensados
para hacer daño a las piernas, de esos que al menor descuido, te dejan sin
aliento y aparcado en la cuneta. O si no que nos cuente Adri, que tuvo que
parar a devolver bilis por tomarse la carrera demasiado a pecho desde la
salida.
Al principio, todos vamos bien,
sobrados, con brío, alegres y cuesta abajo. Cuando corredores diesel, de los
que comenzamos las carreras a 5 y pico, cubrimos los primeros kilómetros a 4
minutos, es que algo no anda bien. Por muy animoso que uno se encuentre. Tranquilidad.
Hay que conocerse y saber lo que uno da de sí para afrontar cualquier carrera,
no siendo que lo que ganes al comienzo, lo pierdas por duplicado al final, con
el atraganto añadido de ver que los metros hasta la llegada se hacen
interminables. Eso me queda claro, prefiero bajar el pistón y llegar entero al
final que cruzar la meta uno o dos minutos antes en estado agónico. Ya he dicho
en más ocasiones que mi meta deportiva en estas lides es llegar a las duchas
antes de que se termine el agua caliente. Y ayer lo conseguí. Pero a lo que
iba: Los problemas comenzaron en cuanto abandonamos el asfalto y nos adentramos
por un camino resbaladizo y lleno de puchas. Al más puro estilo cross. Afortunadamente no era terreno de
esos que te dejan el barro pegado a las zapatillas, tan solo de los que forman
una capa de chocolate del que salpica las piernas, te las deja llenas de cascarrias y te obliga
a pisar con precaución para no pegar un resbalón. Con todo, lo peor del camino
no fueron los barros, ni la distancia, ni las precauciones que hubo que tomar, si no que picaba hacia arriba y te iba
haciendo daño en las piernas y limándote las fuerzas, como el que no quiere la
cosa. Aunque lo peor estaba por llegar.
La entrada en Alba por la carretera de Aldeaseca nos dejó maduritos. Por lo
menos a mí, porque Bonilla, que no me abandonó en toda la carrera, iba sobrado,
pero pendiente en todo momento de que no me descolgara demasiado. La cuesta del
río la subió unos metros por delante, pero sin dejar de mirar atrás y de darme
ánimos a los que yo respondía con una voz, -Ya llego, -Ya voy, o –Estoy aquí. Fue
imprescindible esa ayuda para no aflojar el ritmo. En el alto pude ponerme a su
altura, en honor a la verdad, gracias a que me esperó, y pudimos pegar aún un
acelerón en la cuesta abajo, que nos sirvió para coger a Gabi, que había ido
por delante de nosotros toda la carrera.
Me gustó la entrada en la meta, a
la que llegábamos atravesando un arco que da acceso a la plaza, pero más aún me
gustó acabar. Qué alivio. Sobre todo en el tiempo que lo hicimos, a una media
de 4’50”, lo que está muy bien para mi edad, mi condición y la dureza de la
prueba. En esta ocasión se lo tengo que agradecer a Miguel Bonilla, animoso,
fiel y buen compañero, que me fue marcando los ritmos y tratando de ajustar los
suyos para llevarme hasta la meta en un tiempo impensable para mi.
Esa es otra
de las alegrías que te proporciona este deporte: la solidaridad, el compañerismo,
la lealtad, el altruismo, la generosidad que derrochan muchas de las personas
con las que tengo la suerte de coincidir. Es emocionante conocer gente así. Y
ya lo que alcanza lo sublime es poder compartir con tus compañeros, mejor dicho
amigos, que no se puede definir de otra manera a personas con las que me
encuentro cada vez más cómodo, y con las que comparto afición, gustos,
entrenamientos y buenos ratos, compartir decía, unas cervezas y unos pinchitos.
Porque si bien es cierto que se sufre en el transcurso de la prueba, cuando el
corazón se quiere salir del pecho, cuando las piernas te duelen, cuando la
respiración no te alcanza, no lo es menos que una vez que has terminado, te has
duchado, te has puesto ropa seca y te pides la primera cerveza ya acodado en la
barra del bar mientras comentas con los compañeros los pormenores de la carrera,
la satisfacción personal es inigualable. Compensa con creces los momentos de
esfuerzo. Aquí se para el tiempo. Una
vez cruzada la meta el único ritmo que importa es el de acabar las
consumiciones a la vez, para ir todos al mismo paso, que es una condición
esencial en una ronda de vinos que pretenda llamarse tal. Buenos pinchos y
abundantes en el bar de la plaza de Alba: calamares recién hechos, jetas
calentitas y crujientes, huevos rotos, estos sí manifiestamente mejorables y un
amplio surtido que no nos dio tiempo a saborear. Otra vez será.
Por allí me encontré a Floren,
con el que me alegra coincidir y echar un parlao.
También Juan Bueno, repartiendo almendras garrapiñadas y contándonos que en
esta ocasión se había llevado una paletilla ibérica. Yo soy más de lomo. Por lo
menos se parte mejor y no tiene hueso. También
fuimos llegando poco a poco todos los miembros del club para unirnos a Edu, que
hizo una carrera memorable y que ya estaba tomando cervezas junto a Manolo
hijo. A 3,50 “, el kilómetro, no las cervezas. Vaya máquinas. Carrerón de
ambos. Es lo que tiene acabar de los primeros, que llegas antes al bar. También
Adri, que entró un momento después que ellos por un problema que tuvo en la
carrera, pero que bajó, no obstante, de los 4 minutos, al igual que Álvaro
Hernández, que lleva una temporada extraordinaria. Este póker de ases son la
punta de lanza del club y están pasando un buen momento.

Álvaro Bernal, que sigue en progresión, en el
minuto 47, a 4,32.
Después llegué yo en el 51, a 4,50 el kilómetro como
dije y después Leila, en el minuto 55, sacándose
de las piernas una carrera de fábula.
La próxima será la media maratón de
Navalmoral. Allí trataremos de mejorar nuestros tiempos, el que pueda, o de
acabar, que no es poco, el que ande peor. Lo que ya tenemos es ajustada la
caldereta, o sea que sea cual sea el resultado de la carrera, no preocuparse,
que lo importante está resuelto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario