martes, 30 de abril de 2013

De Linares a Medina



Una de las cosas que peor llevo desde que me he aficionado a correr y participo en diferentes carreras populares, es la contención en las comidas. Sin ir más lejos, el domingo 21 de abril estaba apuntado a la Media Maratón de Medina del Campo, pero resulta que el sábado 20, mi amigo JFT, de Linares, celebraba su jubilación tras toda una vida de trabajo, en la emigración primero y más tarde en la administración local de Salamanca. Para ello convocó a un grupo de amigos a su casa para cumplimentarnos con una colación acorde a la tradición gastronómica de la provincia en la que vivimos: matanza, matanza y matanza, con un asado entremedias. A eso de la hora del ángelus, comenzamos dando buena cuenta de unas tripas culares de chorizo gordo y de salchichón, ambas de cerdo ibérico, haciendo los honores a una pata de marrano, de la misma raza que los embutidos, saludando convenientemente a un queso curado de oveja y libando sin mesura unas botellas de vino de Herguijuela, todo ello trufado con su correspondiente pan de pueblo, de ese que es todo miga y que resiste cualquier cosa que le pongas encima, no en vano se parte contra el pecho, con cuchillo chacinero, a poder ser. Para cuando llegó la hora de acercarse a la panadería a buscar el cordero asado, ya llevábamos en el cuerpo  reservas suficientes como para correr un Ironman, pero desde luego, no seré yo quien le haga de menos al lechazo, ni mucho menos a la generosidad de un amigo, aunque para ello tenga que dejar de lado mi estricta dieta macrobiótica. Menos mal que al bueno de Celso se le ocurrió llevar dos cestas repletas de “pamplina” o “maruxa”,  que de ambas formas se conoce a esta planta que nace en arroyos de aguas claras al comienzo de la primavera y que compone una ensalada de alto copete. Así nadie podrá decir que no tuvimos una dieta equilibrada. No quiero hacer recuento del vino, de los pasteles, de los aguardientes y demás mondongos artesanos, porque todo eso lo quemamos en el largo paseo de 30 minutos hasta la ermita de Linares, lo que nos permitió hacer de nuevo el hambre suficiente para merendar otro poquillo y verle por fin el hueso a un jamón que ya llevaba abierto al menos 7 horas.  Os cuento todo esto para que vayáis tomando nota y comprendáis que no se puede ser maximalista, ni en la vida, ni en el deporte. Si hay que saltarse la dieta, se salta, -de hecho yo me la salto continuamente y hasta he conseguido comer forrajes variados sin tener que tomarme un Omeprazol-, si hay que correr unos kilómetros más, se corren, si no se puede entrar antes en la meta, pues se llega después, ¡no paasssa naaadaa!


Con estos argumentos previos me presenté al día siguiente en la salida de Medina, junto a Álvaro Bernal, Pardi, Rober, Fernando, Chiri y Pifo, con la intención de finalizar otra media maratón. Creo que es la 8ª en dos años que llevo en esto.  Ando rondando los 105 minutos, pero no me da ningún bajón la autoestima si tardo 110.  La del año pasado nos resultó durísima, porque se corría por la tarde, por el calor, por el fuerte viento, por dar tres aburridas vueltas a un circuito  más bien feo y por no haber festejado el día antes ninguna jubilación, que todo hace.  Antes de empezar, me encontré a Caíto, un recio medinense de 63 años con el que hice la carrera el año pasado, o sea que ya tenía compañía para éste.  Nos colocamos a la parte de atrás del todo, entre otras cosas por no estorbar y porque es un gustazo ir adelantando corredores.
Es lo que tiene salir los últimos, que sólo puedes ir a mejor. El trazado de este año, tenía la salida en la calle Padilla,  capitán de las tropas comuneras, que anduvieron de revuelta por estos pagos hace casi 5 siglos, y la llegada en la magnífica plaza de Medina, espacio que vio nacer las letras de cambio y que tuvo tanta importancia en la economía de la Baja Edad Media y de la Edad Moderna, siendo el mercado de lana más importante de la Península. Parte de la plaza y de la ciudad fue arrasada a fuego por las tropas de Carlos V, por negar las piezas de artillería que hubieran sido utilizadas para rendir Segovia a la obediencia imperial.  Quien nos iba a decir, que varios siglos después la tierra de Castilla sigue esperando ansiosa buenos gobiernos… http://www.youtube.com/watch?v=M1e4X4S2jsM


Iba diciendo que el trazado ha sido modificado y en mi opinión, mejorado. Ahora son dos vueltas, en lugar de tres, aunque sigue existiendo un tramo, el del polígono, feo y monótono. Se agradece, no obstante, la voluntad de colocar allí un punto con música y un puesto de avituallamiento, puesto que de alguna forma hace más llevadera esa parte del recorrido.  Hay también una larga avenida en la que te cruzas con los corredores que van por delante y en el que pude ver, animar y saludar a los compañeros. Al fantástico Vitillo, que cruzó la meta en 1, 17’33, a Ángel, también con un tiempo estratosférico de 1’17”50, a Chelís, que incluso con molestias de cuello se sacó de las piernas un carrerón en 1,18’28, los hermanos Casas, en torno a la hora y media, Fernando Torres, que llegó en 1,37’, Pardi, que decía que iba de paseo y se hizo 1,37,41, Pedro, 1,39, Chiri, por debajo del 1,40’, Pifo, algo menos de un minuto después  que Chiri, Álvaro Bernal y Rober, que cruzaron juntos la meta en 1’42’ 10”. Yo seguía cerrando la delegación peñarandina con el incombustible Caíto al lado. El caso es que comenzamos rodando a 5,20’ y poco a poco íbamos cogiendo ritmos más ligeros. Tampoco para tirar cohetes, pero al fin y al cabo, uno con 63 años y más o menos los mismos kilos, y el otro , o sea yo, con 50 añazos ya , 85 en báscula,  y un #almuerzocomidameriendacena el día anterior, no está nada mal. Al menos a mí me lo parece, sobre todo si se conoce mi brillante trayectoria como fumador empedernido, sedentario recalcitrante y tragaldabas por puro gusto. En el kilómetro 18 dimos alcance a Toñi Castrillejo, del equipo Trotapinares, que transitaba en solitario. Nos acoplamos a su ritmo para cubrir la parte final. Hizo un amago de quedarse, ya casi en la recta final, pero de ninguna manera lo íbamos a consentir, ni Caíto, ni yo, o sea que la agarramos uno de cada mano y de esta manera cruzamos la meta los tres juntos en 1, 49’ 11”, a un ritmo medio de 5’11” por kilómetro. Digamos, que si quiero, puedo tardar más tiempo. En cualquier caso, un día fantástico para correr, con algo de frío en la salida, 3º, pero con un sol radiante que fue caldeando el ambiente y poniendo los termómetros en 16º a medida que avanzaba la mañana. O quizás lo que calentó los cuerpos no fue tanto el sol como el  hecho de correr, aunque a muchos de los que te están viendo les parece que vas despacio. Lo noto porque cuando  les pregunto con gesto serio, ¿han pasado hace mucho los de alante?, todos sonríen y callan.  Pero bueno, cada loco con su tema, yo de momento tengo apalabrada otra comilona en Linares para la víspera de la carrera de San Fernando, que será la próxima que corra. Perdón, quiero decir que trote.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Como los bueyes




En tiempos pretéritos, cuando las tierras se labraban con animales, los bueyes, a pesar de ser más lentos que las mulas, podían aguantar mucho más tiempo que ellas trabajando la tierra y su labor era más uniforme, sobre todo en terrenos recios.  Hubo un tiempo, en mi juventud, que trabajaba los veranos con mi padre. Eran trabajos duros, asociados al campo y a la recolección, de esos que de no ser por la edad, te inhabilitan para salir de fiesta. El vigor juvenil daba para ambas cosas a pesar de que al día siguiente había que cumplir en el tajo, casi de sol a sol.  No importaba, yo lo hacía sin rechistar. Ahora bien, en el momento que alguien me venía con prisas y me atosigaba para terminar antes,  lo único que conseguía era sacarme de punto y enfadarme. Además me cansaba rápido y tenía que pararme continuamente, por lo que el efecto era justo el contrario al deseado. Mi padre, que me conocía bien, decía: 


-Si le dejáis a su ritmo, irá despacio, pero ni parará ni levantará la cabeza. Este muchacho mío es como los bueyes. 


Ayer, corriendo por las calles de Badajoz, recordaba estas palabras. Mi única posibilidad de terminar la carrera pasaba por ser como los bueyes, lento pero resistente y seguro.  Y esa fue la estrategia que me planteé de cara a mi primer intento de terminar una maratón.  No es fácil contenerse durante los primeros kilómetros, cuando la adrenalina, el buen estado físico, la marcha de los demás, el ansia de acabar y las ganas de correr, tiran de uno. Saber medir el ritmo que le conviene a tu condición física y mantenerse en él puede resultar esencial para llegar a la línea de meta, aunque tampoco se pueda afirmar que eso sea garantía de nada.  En mi caso, tan importante como el ritmo, resultó la compañía.  Impagable. Recuerdo algún episodio ciclista en el que un emergente Induráin, sacrificaba su posición por acompañar y ayudar a su jefe de filas, que no era otro que Perico Delgado, que en el declive de su carrera andaba bastante más justo de fuerzas que su genial gregario. Me suena que esto ya lo he comentado en otra ocasión para ponderar al gran Zubiri, que ha vuelto a ser una vez más mi acompañante de lujo, mi compañero inseparable, mi fiel escudero, mi animador incansable. Somos ya muchos los beneficiados de la generosidad de Jose Mari de Castro, que encuentra más satisfacción en ayudar a los compañeros que en bajar sus propios tiempos. Se adapta a tu ritmo, te da consejos, te coge el agua, te espera, te alienta, te abre las barritas que se resisten, te habla, te mira para ver si necesitas algo o vas sufriendo, en fin, que el que tiene la suerte de correr con él, tiene la seguridad de que hay alguien a su lado que va a hacer todo lo posible por hacerle el camino más fácil. Estoy por proponer sacarle en procesión durante esta Semana Santa. Yo me apunto como costalero para llevarle en andas.  Esa misma solidaridad la he vivido con todos los compañeros de entrenamiento en esos días  en los que la auténtica motivación para salir a correr es la compañía y el buen rollo que se disfruta en este club. Hablo de Edu, de Pardi, de Adri Carabias, de Mako, de Gonza, de Rony, de Bernal, de Jose Paradinas, de Pepe el canario, de Alberto, de Adri Morales… Ahí reside parte del hecho de que los 7 miembros del club que lo hemos intentado en esta ocasión, hayamos concluido con éxito nuestra aventura, puesto que lo realmente duro es salir a entrenar con un frío de mil demonios, o cuando el tiempo amenaza lluvia, o comienza a nevar, o te pilla una granizada, en fin, todos esos días en los que lo más sensato sería quedarse en casa.  Porque el día de la carrera, lo que sobra es motivación y ganas de correr. Al menos al principio, porque a medida que pasan los kilómetros, las piernas se van cargando y las ganas de correr se sustituyen por las ganas de acabar, en el mejor de los casos, o directamente  de parar y dejarlo todo, en los ratos más peliagudos.


Creo que todos estábamos ilusionados con esta carrera, ya que la primera maratón es algo especial para cualquier corredor, y en este caso éramos cinco los que nos estrenábamos en la distancia, pero además significaba una salida de convivencia entre nosotros. Puedo decir que en ambas facetas hemos regresado colmados: Todos pudimos acabar, y nuestros lazos personales han salido muy reforzados.  Comidas compartidas, agradables paseos, cañitas por aquí, unos vinos por allá, charlas, bromas, risas e incluso algún momento de nerviosismo que acabó diluido en vino. Badajoz, muy agradable como ciudad. Lo cierto es que no esperábamos nada de ella a nivel urbanístico y artístico y acabamos gratamente sorprendidos por rincones realmente bonitos con regustos árabes,  andalusíes y una magnífica alcazaba que nos habla de su pasado fronterizo.

En lo deportivo, nos encontramos con una carrera poco concurrida, 707 inscritos, en relación con otros eventos de esta naturaleza en los que hemos podido participar, pero con una buena organización: Visita guiada por la ciudad, comida de la pasta la víspera de la carrera, gratuita para los inscritos, bolsa del corredor y los servicios habituales en la zona de meta.  El tiempo prometía lluvia durante toda la mañana. Personalmente estaba “acojonado” pensando en lo que significaría correr durante cuatro horas con lluvia, principalmente por el peso de la ropa empapada y por el roce que produce en el cuerpo, o sea que me pertreché de chubasquero atado a la cintura, por si las moscas, y me embadurné con vaselina todas las zonas susceptibles de escocerse.  En la salida, los siete hicimos una piña para desearnos suerte y buena carrera.  Es difícil describir estos momentos previos al pistoletazo. Tienes nervios, la adrenalina no te deja parar, estás deseando de comenzar, pero de lo que verdaderamente tienes ganas es de terminar. Es importante serenarse, tomarse las cosas con calma, respirar hondo y no pensar en lo que queda por delante, simplemente concentrarse en el momento y disfrutar de él. Desde luego para mi ya suponía un éxito impensable haber podido llegar hasta la salida de la prueba reina del atletismo. Mis posibilidades de realizar una maratón eran las mismas hace unos años, que las que tengo hoy de subir a la luna; el que me conoció lo sabe, o sea que a disfrutarlo.  

Comenzada la carrera, el grupo se divide: por un lado Zubiri y un servidor, rodando más lentos y por otro el resto, a los que pudimos mantener en nuestro campo visual durante los primeros kilómetros. Rápidamente Pardi se despegó del grupo y comenzó su batalla individual por completar la carrera y además hacerlo en menos de tres horas y media. La primera vuelta la hicimos sosegados y tranquilos, disfrutando y buscando buenas sensaciones. Lo cierto es que llegamos a la media maratón con fuerza en las piernas, el ánimo intacto y con ganas de seguir corriendo, sobre todo después del abrazo que me dio en el Kilómetro 20 mi amigo Isidoro, responsable de las bibliotecas públicas de la provincia de Badajoz y que me esperaba con el propósito de apoyarme y mostrarme su apoyo. Me lo prometió y no faltó a su palabra; menudo es el comandante Bohoyo.  Al poco, dejamos de ver a los corredores que iban delante de nosotros, parecía que se les hubiera tragado la tierra. Al volver una esquina, gente de la organización nos miró con sorpresa puesto que no se esperaban ver aparecer a nadie por esa calle. Lo que sucedió es que hicimos el circuito destinado a la segunda vuelta, unos 400 metros más, que hubiésemos agradecido de menos al final.  Todo fue transcurriendo sin novedad: Bebida en todos los puestos de avituallamiento, barrita energética cada 10 km, y parada técnica a mear en el 25. La temperatura ideal y el cielo nublado pero sin lluvia. Así fuimos hasta el kilómetro 30, en el que el tiempo optó por mostrarnos su otra cara: El diluvio comenzó mientras atravesábamos el Puente de Palma, con buenos truenos de fondo.  Ni me molesté en ponerme el chubasquero. Rápido se encharcó la calzada y en algunas zonas el agua nos cubría las zapatillas, pero lo cierto es que la lluvia nos dio bríos y nos marcamos unos kilómetros a ritmo vivo en los que fuimos gozando de correr y del agua que apenas sentíamos, disfrutando de adelantar atletas, recreándonos en el hecho de encontrarnos con fuerzas a pesar de los kilómetros transcurridos, sintiéndonos grandes, pletóricos, aunque las piernas comenzaban ya a resentirse. Esa sensación por si sola ya compensa el esfuerzo de tantos días. Era fantástico correr bajo la lluvia encontrándote mejor que en la salida tras haber cubierto treinta y tantos mil metros. 


Fue en el 38. De repente. Comencé a notar las piernas duras y cada paso me costaba un gran esfuerzo.  Notaba que no podía mantener el ritmo y advertí a Zubiri que aflojara el paso. Ni con esas. El flato también hizo acto de presencia. Nunca me había pasado. Respiré hondo varias veces.  Una pequeña cuesta abajo me ayudó a recuperar un poco. Lo cierto es que de respiración iba bien, no era ese el problema, eran las piernas que pedían una tregua. No pensaba dársela. Estaba claro que si había llegado hasta aquí nada iba a detenerme. Por delante,  apenas tres kilómetros, interminables, eternos;  se olía la meta, la gloria estaba al alcance de los dedos. Avanzar era mi único pensamiento.  No puedo recordar si seguía lloviendo o si ya había parado. Total, íbamos calados hasta los huesos, pero no me sentía mojado. Sólo recuerdo a Zubiri dándome ánimos. ¡¡¡Vamos, vamos, que ya está hecho, lo tenemos ahí!!! Ya se veía la silueta del Puente Real. Último kilómetro aún. Avanzar cada metro es un trabajo de voluntad, porque las fuerzas se han acabado hace un rato. Encaramos la recta final. Ya no duele nada, tan solo piensas vas a culminar un sueño, que lo has conseguido.  Venía emocionado desde hacía un rato y cuando vi a Carmen, a Almudena, a Rosa y a Leila, que nos jaleaban unos metros antes de la meta, me salían a la vez las risas y las lágrimas y me sentía como nuevo otra vez, como si acabásemos de empezar. Zubiri el Grande, me cogió la mano y atravesamos juntos la meta mientras oíamos nuestros nombres por megafonía.  Si no es porque me tiene agarrado, levito. Abrazos, besos, más risas, más lágrimas y una enorme alegría interior. El delirio. 


Qué rica sabe una ducha de agua caliente, a pesar de que al acabarla aún nos espera el cambio de la rueda del coche de Zubiri, que se reventó aparcando.  No pasa nada. Total, todos hemos acabado lo que veníamos a hacer. Estamos juntos de nuevo los siete magníficos. Nos abrazamos, nos felicitamos, nos referimos los buenos y los malos momentos, las anécdotas.  Rony se ha hecho su primer maratón en 3:30, fantástico, porque además ha ido a más durante el último tramo y no ha conocido el muro; Pardi, tiene el enorme mérito de haber ido solo durante toda la carrera, por lo que su gran proeza no es tanto haberla terminado en 3:33, como ser capaz de tener la fortaleza mental para seguir adelante en los momentos duros, en los que le tocó parar a estirar debido a ciertas molestias en los muslos;  Edu y José Luis entraron juntos en 3:37, este último en plena remontada tras su crisis del kilómetro 32, Edu más constante y sabiendo regular sus fuerzas durante la carrera, pero sabiendo sobreponerse a los malos momentos; Álvaro Bernal, que corría su segunda maratón, estaba pletórico y feliz con su 3:48. Es de esa condición. El bueno de Zubi y yo llegamos en 4:04, aunque él podría haber estado en meta media hora antes. Lo importante es que todos supimos aguantar el sufrimiento, concluir la carrera y sacar conclusiones personales de cara a la siguiente.  Yo no me la pierdo. 

Apostilla: La experiencia vivida nos ha enriquecido como personas, como corredores, como amigos, como grupo. La maratón comenzó el sábado a las 9 de la mañana, cuando nos montamos en los coches para iniciar el viaje y no terminó hasta 37 horas después, al regresar a casa. En algún caso de forma literal, puesto que mi tocayo no pegó ojo durante la noche y yo apenas pude dormir un par de horas. El ánimo que hemos recibido de nuestras mujeres, Almudena, Rosa, Leila y Carmen, que han querido acompañarnos en una experiencia única para nosotros, sólo podremos compensárselo volviéndolas a invitar a compartir con nosotros muchas más.  Muchas, muchas, muchas gracias por las esperas, por los ánimos, por aguantar la lluvia, por los madrugones, por aburriros con el monotema sin reprocharnos nada, por acompañarnos, por estar de buen humor, por llevaros bien, por no quejaros, por hacernos felices.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Miña Terra Galega



Voltei de #kddou 13 convertido nun galego. Pensei que estas cousas só ocorrían nas novelas de Kafka, pero só ata que me pasou a mín, ainda que, agora que o pensó, non creo que fora de repente, como lle pasou a Gregorio Samsa, @gsamsa, se non que dalgunha maneira veuse producindo unha galeguización paulatina ao longo dos últimos meses.


Dende que probei por primeira vez gustaronme as empenadas de berberechos, as centolas da ría e as ostras de Arcade, pero como só tiven ocasión de degustar estes manxares nun par de ocasións na miña vida, ben, cicais tres, non lle tiña dado importancia ao feito de querer repetir a experiencia en canto a miña economía mo permitise. Certamente, empecei a sospeitar algún síntoma de que as cousas non iban ben cando trataba de racionalizar a miña simpatía, como de frechazo, por @manelrives e Ana Mariño, a @mestraprimaria, sobre todo polo primeiro, xa que á segunda non podes coñecela sen quedar prendado, ainda que tampoucol lle daba moita importancia xa que tanto Rajoy como Rouco son galegos e en certa medida viñan a contrarrestar as miñas repentinas querencias.
Notei que a cousa se agravaba cando coñecín á escultural @MiriamLeiros e que adquiría tintes inequívocos de galleguismo cada vez que estaba con @o_fragha. Cicais, a lexendaria noite na que nos contou o entroido de Laza, debería terme feito disparar as alarmas de que as cousas non iban ben e que estaban empezando a escapar ao meu control, pero hai veces nas que un non quere ver. Un segundo momento de agudización do mal, debei ser o #fraganato, que funcionou no nivel psicosomático coma unha bomba de neutróns no bélico, polo que non poiden por menos que liarme a manta á cabeza e xunto a @carmeniglesiasb, plantarnos en Ourense este último decembro a coñecer a @Belencinha73 e a comer a Celanova, con ela e con @o_fragha. Por si algo me faltaba atópome con que Belén nos enche de atención e simpatías, como se nos coñecese de toda a vida. Carallo. Nese punto debeu iniciarse a metástese, á que eu iba facilitando as cousas en canto empecei a ler poemas de Celso Emilio Ferreiro, descuberto para mín polo mesmo que tivo a ben pagar a conta da comida en Celanova. Pero cando fai un par de semanas tiven a ben aloxar na miña casa ás dúas partes do #fraganato e ás miñas queridísimas Maru @marudo76 e Lola @lolaprieto, as miñas posibilidades de curación deberían ser mínimas, pero sen embargo ainda permanecía ignorante da miña dramática situación. Para colmo ocórreseme acudir a Ourense ao toque de kdd. Quen pode resistirse a un MD de Miriam? Nin siquera @pepetic. Ademáis, que teriades feito vós de saber que á mesma se anotaran @crisdialpe e @javi3150, @londones e Juan, @vcuevas, @jhergony, @flosflorum, @puerto e o seu marido, @pepegiraldez, do que me tiñan chegado novas de que era galego, pero non tanto. E que o tío é de Celanvoa, modestia fóra, e @javisociales, @marudo76 e @mcadenato,? Eh, decídeme.


A proba definitiva da miña metamorfose como galego, foi cando, xa de volta ao hotel o sábado pola noite, non sabía se o ascensor subía ou baixaba, que iso é algo que só lles pasa aos nativos. É o viño!, diciame @carmeniglesiasb, pero eu sabía que para entón xa estaba deshauciado. Se é que ademáis iba tarareando unha canción de Andrés do Barro! que creo lembrar se chamaba O tren



Quíxenvos advertir disto que me ocorre porque apreciei nas vosas caras síntomas precoces que poden derivar nun proceso similar ao meu. Vin o arroubo m´sitico debuxado nas caras dalgúns féminas cando escoitaban a @jguede referirnos as historias asociadas ás pedras da cidade. Incluso escoitei algún salaio. Home, o chaval non é para menos. Menuda labia, e qué erudición. Outro que inocula o galleguismo en canto te descuidas, pero a mín xa non me collen desprevido. Para a parte masculina puxeronnos de cebo a gracia de @MiriamLeiros. Ou vés da Galitzia dos Cárpatos e polo tanto xa eres galego de nacemento, ou non hai quen se resista a deixarse levar. Vin tamén rostros felices que comían polvo na taberna, e que se sentían galegos ata a médula, incluso o marido de @puerto, que é estremeño falaba con acento do Barco de Valdeorras e teño algunha proba gráfica. Debía ser cousa de meigas.


A miña querida Cris, @crisdialpe, parecía unha boneca de porcelana con esa pel blanca e fina, como a cor de Los Torozos, sonrinte e feliz, degustando polvo e alegrándonos a vista. Tamén algo preocupada, con respeto a certo asunto familiar, pero iso non é tema para a crónica. A outra que o demo de @o_fragha lle predixo o futuro non fai moito, ainda que debería casarse en Compostela se quere que vaiamos vestidos de marineriños con pantalón corto a levarlle a cola. Ó noivo, @javi3150, que xa pasaría por natural de Xinzo de Limia, non sei o que lle farían a noite anterior, pero a xuzgar pola cara de cansancio, o sono acumulado e as olleiras ata os pés, o feitizo da meiga Miriam debeu funcionar á perfección, posto que, a pesar de todo, alí estaba dende o sábado ben cedo (debeu erguerse a iso das 13 horas), coa sonrisa posta e decidido a ser de nobo o cerrabares da noite anterior. Creo que os da cerveza lle van conceder unha estrela, Galicia, por suposto.



Quenes pensó que tampouco teñen remedio son Marcos e Maru. Estes van a pola laureada de Santiago, ou se non xuzgadeo por vós mesmos. O primeiro, xa é parella de feito do Fraga no #fraganato, que Terán que voltar a reeditar algunha vez, digo eu; e Maru, porque acude sen pensalo duas veces dende Mallorca ata Ourense, a iluminar Galicia coa súa sonrisa franca e aberta e a colmarnos a nós de mimos. Teño para min que tamén están encantados, posto que creo lembrar escoitar algún sufixo en –iño con acento bilbaíno. Por un lado é un alivio que os teus mellores amigos tamén estén infectados, posto que podemos programar visitas conxuntas a San Andrés de Teixido ou a Ourense para aprender a tocar a gaita. Ainda que este instrumento se lle daría mellor ao meu grande amigo, o xenial @pepetic. Hai que ver o que disfruta e hai que ver o que disfuto. Rexuvenecemos ambos e volvemos ás nosas tolerías xuvenís. O de rexuvenecer digoo no sentido literal da palabra, porque saímos da burga coa pel tersa dun de trinta. Tanto é así, que un grupo de señoras tirounos os texos na terma. Iso é que a auga quente templa tamén a temperatura interior. Que disfute!!! E iso que non nos deixaron meter á pisicna a botella de augardente de herbas que nos regalou o empresario do bar no que comemos, con tres vasos de chupito para que non nos faltara de nada. Ver a Puerto, a Carmen e a Mar con esa sonrisa posta durante o baño, e tan relaxadiñas despois, mereceu a pena. E ademáis gratis. Os de taller de sesta non saben o que se perderon, ainda que tamén poderíamos dicir, facendo uso do meu recén estreado galleguismo, que non sabemos nós o que eles poideron gañar, que unha sesta é unha sesta… J) Quen sabe. Sexa como fora, unha das cousas polas que me gosta terme volto galego de repente é precisamente por poder ir ás Burgas cando queira. Ainda que sexa as de pago, que me dixo @pepetic que están moito mellor que as de seguro. Así teremos unha boa disculpa para voltar ver a María Jesús (Susi) e a María Isabel Vázquez @recantodastics, coas que teño a corazoada de que me vou levar ben. O de rexuvenecemento aínda continuaba pola noite no garito do taller de gintonics, no que me transmutei en min mesmo con 25 anos menos, cando ainda estaba na facultade, escoitando en directo música reinvindicativa, facendo coro nos estribillos e bailando sen despegar os pés do chan, como bo galego. Momentazo apoteósico. Ainda que non debeu ser menos o da noite do venres a xuzgar polo axiño que fixeron mute polo forro @pepegiraldez, @javisociales, que tivo a ben rebaixarnos a media de idade durante toda a quedada e atraerse as miradas das nosas mulleres, @MiriamLeiros, falta de sono, e a gran @londones, dona Díriga, que ou ben polo vértigo ou ben polo cansancio acumulado con tanto traballo como desenvolve, iba a relentí, cando habitualmente ten a enerxía dun fórmula 1. Pero ela non para, co seu inseparable Juan. Veremonos axiña Mercedes, con ese proxecto tan bonito que me contaches e encantarame voltar a estar con vós. A que tamén se retirou a noite do sábado foi @puerto, a chinata de pelo vermello, que debeu quedar derrengada tras hora e media de baño quente na terma de Calpurnia; e o amigo Pepe Giráldez, como xa dixen, galego trasplantado ao Colexio Base, que non dubidou en ir a súa terra mater a recargar baterías. E tanto, porque vin algunha foto con Javi diante da preciosa capela mozárabe de San Miguel, en Celanova, patria chica de Giráldez, do Fraga, de Celso Emilio e de Curros Enríquez. Vaia póker!


Mentras tanto ainda me corre polas veas o mencía, o meu corpo destila ainda o bouquete do godello e o pimentón do polbo debeuseme quedar nalgún esquinazo da boca, porque de vez en cando me veñen bafaradas de picor que me obrigan a botar un trago para disipalo e deume como de repente por poñerme a afiar os coitelos de toda a casa. Iso só nos pasa aos de Ourense. De momento, e para evitar a morriña, xa teño controlado un bar onde podo parar a beber unha Estrella Galicia, ou dúas, ainda que necesito con urxencia un froiteiro que me proporcione grelos. Polo demáis, rescatei da arca as pegatinas de Nunca Máis, os discos de Os Resentido e Siniestro total, e como o que non quere a cousa acabo de colocarme fai uns intres un anaco de empanada de zamburiña e berberechos, que me deixou o corpo vacinado de Saudade polo menos para 12 horas.

E unha vez que sain do armario e  desveleivos a miña auténtica nacionalidade, non podo acabar sen agradecer a José Luis Guede esa visita turística, chea de anécdotas, de bo humor e de humilde sabiduría; os desvelos e atención de Miriam, sempre pendente de todo e de todos, atenta ás nosas necesidades e servicial cos nosos entoxos; de José Antonio, artífice, mestre de ceremonias, cicerone, madrugador, trasnoitador e infatigable; e por suposto de Belén, que dende a súa discreción e como quen non quere a cousa estivo ao pé do cañón da mañá á tarde, da tarde á noite, da noite á madrugada, para que pudésemos disfrutar dos seu semblante apacible.


De momento, é todo. Vémonos en San Andrés de Teixido, mismamente…;-)) Brindo por ilo. Con ribeiro, naturalmente…;-))



Nota: Si alguien necesitase traducción al castellano, rogamos se ponga en contacto con José Antonio @o_fragha, que está en proceso de castellanización y os agradecerá la petición.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Lecturas para entender la crisis.

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Gabriel García Márquez Para comprender la deuda, nada mejor que leer esta deliciosa obra del gran Gabo.

 

Ensayo sobre la lucidez. José Saramago. Lucidez la de este genial portugués, que vaticina todos los manejos de los gobiernos cuando las cosas no salen como les interesan. Impresionante como describe la manipulación informativa. Ni que lo estuviera viendo.