martes, 14 de agosto de 2012

Sanrocada con repostaje


Durante este verano estoy pudiendo comprobar que la esencia de las carreras populares se mantiene viva en los pueblos pequeños, mientras que en las ciudades grandes se pierde poco a poco ese carácter para abrir paso al negocio.  Es indudable que correr está de moda, pero mientras unos trabajan por potenciar este deporte e intentan fomentarlo de forma desinteresada, hay quienes sólo ven en él una posibilidad de ganar unos cuartos a costa de los corredores. A lo mejor no es cierto lo que digo, pero así lo percibo, sobre todo después de ver la fantástica organización, el espíritu festivo y el magnífico ambiente que pudimos vivir y disfrutar los que tuvimos la suerte de estar el sábado en Macotera corriendo la Sanrocada 2012. Se notan los sitios en los que el corredor es lo primero, al igual que se notan los sitios en los que lo primero es la cuota de inscripción. Luego volveré sobre este asunto. 



Nada más llegar a Macotera, se podía apreciar el ambiente festivo y colorista. En cuanto vi a Ángel Fachenda subido en el estrado con la guitarra, me entraron ganas de ir a buscar unos cuartillos de vino y dejar la carrera para mejor ocasión, pero fui capaz de contenerme, al fin y al cabo tenía que recoger varios dorsales y no era cuestión de hacer la puñeta a aquellos que me lo habían encargado ni de privar al respetable de la actuación musical del polifacético Fachenda, al que me sorprendió ver tocando una guitarra en lugar de la dulzaina. O le faltaba fuelle, o le faltaba combustible.  


La recepción estupenda, todo en orden, todo en su sitio, la entrega de dorsales rápida y organizada. El bullicio en la calle, creciente, las ganas de correr, menguantes.  Ya podréis ver que mi tendencia hubiera sido quedarme a entonar unas jotas con Fachenda, pero he venido a participar y eso voy a hacer.  Saludo a los amigos y conocidos que por allí se encuentran. Al fin y al cabo, Macotera es estar en casa. Por aquí andan Juan y Tere, Miguel Alejo, Isabel Leonides, que quier ver correr a su Vitillo, Roumal, Blas y familia, que vienen acompañando a los hermanos Casas,  compañeros del club, - o de los clubes, que el pertenecer a dos te suma amistades - como Ángel, Fernando, Alex, Vitillo, y aficionados a ésta locura de correr por gusto, que acabamos coincidiendo ya en casi todas las convocatorias de la comarca. Quiero hacer una mención a Floren, que tuvo una caída y no pudo terminar. Recupérate pronto Floren que quiero adelantarte en la próxima.
El planteamiento que llevo para esta carrera es el de siempre: participar, contribuir, disfrutar y llegar a meta intacto y a poder ser antes que la bici escoba. Con esta estrategia, compartida también por mi amigo Pepe el canario,  no queda más remedio que colocarse al final del todo y salir cuando haya pasado todo el mundo, por aquello de no encontrar aglomeraciones, pero lo primero, a bailar la charrada de San Roque.

 

Originalidad hasta en la salida. Es lo que tiene Macotera. Me gusta lo de sustituir el pistoletazo de salida por una jota y cambiar el golpe seco de un disparo por una cuenta atrás coreada por todos los participantes.  A ello. Tres vueltas por un circuito urbano de tres kilómetros. La zona de salida repleta de gente que anima y aplaude, de bullicio, de música, de algarabía. Casi en la primera curva veo a mis queridos Antonio y Eloy, Gavilán o Cabaña, según apodo paterno o materno, que se ponen tan contentos de verme como yo de verlos a ellos.

 

En la misma calle nos jalea también el gran Edu de la Peña, compañero del club y amigo ya de correrías. Es una gran satisfacción que los gritos de ánimo te lleguen nominales y personalizados. Otra razón más para sentir la Sanrocada como algo propio y cercano. Al pasar por la panadería veo a Alfonso el panadero y a su hermana y les digo que saquen algo de avituallamiento, que ya saben lo que me gusta.  A la siguiente pasada tengo a Alfonso con un chupito de aguardiente de higos que me paro a degustar de buena gana. Total, Pepe ya hace tiempo que se me ha escapado y debe ir casi un minuto por delante y mi educación no me permite rechazar una invitación hecha con todo el agrado.  Riquísimo el aguardiente e inédita la experiencia, puesto que no creo que haya habido muchos corredores que hayan parado a mitad de la carrera a echarse al coleto unos tragos de aguardiente para continuar corriendo, si no con mejores piernas, al menos con renovados bríos.
Se agradece el agua que te ofrecen algunos peñistas y el que pone la organización de la carrera a mitad del circuito, sobre todo tras el aguardiente,  o el aspersor de un vecino que permite un agradable refresco en el cuerpo sin dejar de correr. 

También la música espontánea, los aplausos constantes de los macoteranos, los gritos, los saludos de los chiquillos que ponen la palma de la mano para chocar, en fin, que  aquí también se aprecia la esencia de un pueblo, que es capaz de volcarse con cada cosa que se hace y en este caso con una carrera que mejora año tras año gracias a la labor de las personas que conforman el club de atletismo, abanderados por los hermanos Bueno, que son capaces de movilizar a instituciones, empresas y vecinos. Menudo detallazo el de la bebida isotónica recién preparada y fresquita, o el del melón para cada corredor que entraba en meta, o la fantástica bolsa del corredor, con su fruta, su bebida isotónica, su empanada para merendar, su kilo de garbanzos, su revista y una braga para el cuello con los colores y el logo del Club  de Atletismo Macotera. Eso sin hablar de la gran cantidad de premios que se repartieron, de los suculentos jamones, lomos y morcillas que se rifaron, o de la bien surtida mesa que se dispuso en el pabellón para agasajo de atletas y acompañantes. Y lo más asombroso, sin coste alguno para el corredor y resalto este hecho para engrandecer todavía más la gran labor que hace este club a favor del atletismo popular y la implicación de cada uno de sus miembros en conseguir que la Sanrocada se esté convirtiendo en un referente de organización en la comunidad castellano-leonesa y desde luego en una cita ineludible para aquellos que como yo, practicamos este deporte por puro gusto y por el disfrute de compartir con los amigos jornadas tan agradables como ésta, que desde luego, es de las que crean afición y además dejan en evidencia a otras que cobrando una pasta no ofrecen al corredor ni una pequeña parte de lo que se recibe en ésta. Y no me refiero solamente a lo material. 


Para darle también a esta crónica su matiz deportivo, diré que mi tiempo de este año fue ligeramente inferior a los 43 minutos, a 4’46” el kilómetro, mejorando algo más de dos minutos respecto al del año pasado, efecto indudable del elixir de higo de Alfonso el panadero, aunque el que se salió fue Pepe que marcó 52’49”, pero dando cuatro vueltas al circuito y parando en la tercera a coger la bolsa. Cualquiera diría que el año pasado llegamos juntos. 




Sin embargo se perdió la parte buena que fue la de compartir cervezas y bocadillos de lomo, morcilla y panceta en el bar de la piscina junto a Edu, Pardi, Álvaro Rony, Adri y Fátima, Jose Mari y Almudena y Carmen y yo.  

 

 ¿Puede haber mejor colofón para una jornada deportiva y mejor argamasa para las relaciones personales? Posiblemente, pero no se alejarán mucho de esta línea, o sea que Viva San Roque y el perro y que llegue pronto la próxima carrera. Hip.

lunes, 6 de agosto de 2012

Subida a Los Hermanitos



Si la dureza de una carrera se midiese por el estado en el que te levantas al día siguiente, podría decirse que la de ayer fue excepcionalmente dura, puesto que no podía salir de la cama esta mañana y cuando por fin lo conseguí tuve que incorporarme ayudándome de la mesilla y bajar las escaleras agarrado a la barandilla y dolorido por todo el cuerpo.  No fue chica la soba que nos dimos, pero por el contrario, con la satisfacción de haber concluido honrosamente una carrera realmente exigente. Cansado pero feliz y estoy seguro que esas mismas sensaciones son compartidas por mis dos compañeros, que en breve vais a conocer.
Ya que en la anterior crónica salió a relucir Perico, he de decir que ayer volví a sentirme como el segoviano. Recuerdo algunas etapas del tour del 90 en las que un imparable Induráin, sobrado de fuerzas, sacrificaba su posición en la clasificación al servicio de su jefe de filas, al que iba marcando el ritmo y llevándole hasta la cima. Así me ocurrió con el gran Josemari, también conocido por Zubiri, que no me abandonó ni un momento de la carrera, siempre pendiente, acoplándose a mi ritmo, dándome ánimos y olvidándose de tiempos y de marcas personales. Desde luego, yo no soy Perico, pero Josemari es tan grande como persona como Induráin  lo fue como ciclista.
Fuimos tres los peñarandinos que decidimos pasar la tarde del sábado en Nava de Béjar subiendo Los Hermanitos. El tercero, aún no mencionado era ni más ni menos que Juan Antonio, Pardi para los que somos de su pueblo. Tuvieron a bien acompañarnos Almudena y Carmen, para darnos ánimos antes, jalearnos durante y felicitarnos después.  En esta ocasión estuvimos atentos a la hora de salida para que no nos ocurriera como en Linares. 


La carrera transcurre durante sus primeros kilómetros por un terreno favorable, salpicado de encinas y fresnos  y con gran cantidad de prados en los que pasta ganado vacuno, base de la economía de esta zona salmantina. Se agradecen los tramos de sombra, porque hay una temperatura que ronda los 30º. El peligro de comenzar cuesta abajo reside en que si no eres capaz de contenerte, coges un ritmo vivo que puede pasarte factura a medida que pasen los kilómetros. Hicimos los 3 primeros kilómetros en 15 minutos, un pelín rápido para mi gusto, pero apenas sin sentir y amenizados por la incansable locuacidad de Pardi que no paraba de contar chascarrillos. Nos juntamos con otros corredores que marchaban a nuestro ritmo, puesto que el camino selecciona a gente de igual condición física. Los que te encuentras en el kilómetro 5 van a ser los mismos que lleguen contigo a la meta. Pardi entabló conversación con uno de ellos y decidió acoplarse con él a un ritmo más lento. En este punto se acaba el terreno rompepiernas, de sube y baja y comienza la verdadera ascensión, cuatro kilómetros de subida ininterrumpida con unas rampas del 30º. El truco va a estar en dosificarse. La primera cuesta es por asfalto y se hace dura, pero cuando veo la que sube por la falda de la montaña comienzan a temblarme hasta las pestañas. Algunos atletas han decidido pararse y subir andando.
-Paso corto, me dice Jose Mari.
-Cómo para alargar zancada está esto, pienso.
Las piernas se ponen duras y parecen de palo. Me oigo el corazón en cada latido y la respiración trabajosa. Arriba, arriba. No me atrevo ni a mirar el final de la cuesta por no desfallecer. Subir no es sólo esfuerzo físico, requiere también de una gran fuerza mental para no desistir en el intento, al menos eso me parece. A medida que ascendemos, partimos de 1000 metros en la cota más baja y llegamos a los 1250, se pueden apreciar los hermosos paisajes de la sierra de Béjar, en los que aflora el antiguo zócalo paleozoico, de los que esta montaña que subimos es una buena muestra. Desde algún punto se aprecian también los crestones graníticos de Gredos. De frente,  La Covatilla, en la que se barruntan los trazados de las pistas de esquí.  Pienso en la nieve y en el frío. Me molesta la botella de agua que cogí en el último avituallamiento o sea que me la vuelco por encima por el alivio de sentir algo de fresco, aunque voy literalmente chorreando sudor.  Curva y otra rampa. Esta es peor que la anterior. Una chica que va por delante ha decidido pararse. Su marido la anima: Mari, vamos Mari, eres una campeona, vamos que no queda nada. Vas la tercera. Tira que yo friego toda la semana. Pero Mari ha decidido que la subida no la deje fundida y continúa la ascensión andando. A mí no me quedan fuerzas ni para reírme. Me llega el olor a tomillo. Allí arriba, a unos 500 metros aún, se ve la ambulancia. Vamos, vamos. Qué paisaje más bonito, dice JoseMari. Para paisajes voy yo. Por fin. No podía más.





Ahora lo comprendo, la ambulancia ha llegado hasta aquí, porque de este punto hasta arriba es intransitable para ella. El que era camino infernal, pero camino, se convierte ahora en una trocha para cabras intransitable para vehículos, y si me apuras para personas. Quieren acabar con nosotros. Uuufff, todavía más subida. Y que pared. Si te inclinas un poco casi tocas el suelo con las manos. No quiero ni mirar, ni pensar, solo subir, subir, subir, como sea, despacio, andando si fuera necesario,  pero sin parar. Si paro no habrá quien me arranque. El terreno ahora se vuelve pedregoso. Hay que ascender por un canchal. Esto es escalada. Ahora saltar una pared de piedra…y tras ella, el montoncito de guijarros que anuncia el punto más alto. Ahora sí. Lo más duro está hecho, pero quedan aún 4 kilómetros. A  Pardi ni le vemos.
Agua y a recuperar. Ahora si puedo levantar la cabeza y contemplar esos pueblos de la sierra que tantas veces frecuenté con mi padre llevando cebada y alfalfa. Creo que el Avia verde de mi padre, Isaac, al que aún recuerdan con cariño por estos pueblos,  se mimetizaba perfectamente con estos paisajes a base de recorrerlos a diario: Sorihuela, Ledrada, Valdelacasa, Valverde, La Cabeza, Sanchotello, Los Santos,  Valdefuentes, Cristóbal….y al fondo Guijuelo y más allá, las aguas azules del embalse de Santa Teresa. Impresionante.
El cambio de ritmo en la bajada te agarrota las piernas. Son rampas tan pronunciadas que el peligro es resbalar y no parar hasta abajo. En éstas estamos cuando adelantamos a un corredor calzado con unas chanclas. Las lleva sujetas al pie, pero se componen de una suela y unas tiras. Lleva los pies negros de polvo, pero lo asombroso es que haya podido llegar hasta aquí. No quiero ni pensar lo que le espera en la bajada.  Frena, frena. Cuidado ahí que resbala…. En plena bajada estamos, cuando Pardi nos pasa como una exhalación. Cualquiera le sigue. Entramos en las calles del pueblo. La cosa se vuelve a empinar y cualquier cuesta a estas alturas es el Tourmalet. Se ve la plaza…, se barrunta la meta, pero…sólo nos la enseñan, otra vuelta, a subir a la iglesia, nos salimos del pueblo, ¿Quién ha sido el cabr…ito que ha trazado el circuito? Esto ya es de vacile. Vamos a la parte baja de Nava de Béjar y desde allí, en subida, no podía ser de otra manera, hasta la meta. Interminable este paseo por las calles del pueblo, aunque, eso sí, con mucha gente animando, gritando, aplaudiendo.  Antes de llegar  a la meta ya oigo mi nombre por la megafonía. Es Juan Pablo, el amigo que me ha metido en este lío y que es el speaker de la prueba y que nos dedica un recibimiento personalizado.  Hemos llegado. 70 minutos, 26 segundos. No está nada mal para 13 kilómetros de los cuales cuatro han sido brutales.  Eso sí, la llegada es fantástica: mesas con hornazos, tortillas, empanadas, jamón, chorizo, salchichón y unos grandes barreñones con sandía y melón. Agua, limonada, bebida isotónica, cerveza y sangría a discreción.  De hecho, parece que nadie tiene intención de ir hacia la ducha, a pesar de que la anuncian por megafonía. Nosotros si lo hacemos, pero cuando acabamos de merendar. Tras el chapuzón de agua fría y ya reconfortados por fuera y por dentro, regresamos a la plaza, dónde aún podemos seguir tomando cerveza. Un personaje vestido de serrano, con las alforjas al hombro y el blusón negro de tratante nos ofrece un porrón con vino de misa. Riquísimo. Para hacerse sacristán.  Juan Pablo está pendiente de nosotros y  hospitalario como es,  nos ofrece, junto a su chica, Rosa,  tomar algo en su casa y hacia allá nos vamos todos.  Unas cervezas, unos pinchos y muchas risas con Pardi,  que estuvo “sembrao”, pusieron la guinda a una jornada magnífica de deporte y convivencia a la que prometimos volver para el próximo año, máxime cuando la inscripción es gratuita, la organización excelente, la bolsa del corredor de primera categoría, el agasajo excepcional y Juan Pablo seguirá teniendo su casa abierta para nosotros. Ya por eso merecerá la pena.

lunes, 30 de julio de 2012

Subida a la Honfría (casi)


El año pasado me quedé con ganas de hacer la subida a La Honfría, pero las circunstancias no lo hicieron posible, por lo que este año me puse la carrera en la agenda y me inscribí antes de que se terminaran los dorsales. Además, pensé,  me vendrá bien para entrenar la subida a Los Hermanitos en la Nava de Béjar (una semana después), que promete ser dura, aunque en estas y en otras cosas, la dureza depende de tu actitud ante ellas. Si el camino se pone cuesta arriba, se afloja el paso;  que se endurece aún más, se sube andando. No pasa nada. Somos aficionados y no nos ganamos la vida con esto.  A lo que iba. La Honfría presenta además varios alicientes, el primero que es en Linares y puedo volver a ver mi amigo Pepe el músico que dejará su retiro casi monacal para darme un abrazo a la llegada, el segundo que la carrera, aún siendo de montaña, no es muy larga (8,5 Km) y tiene un trazado que me gusta, puesto que la parte ascendente de la carrera está en la primera mitad, cuando aún vas fresco, puesto que una vez has llegado arriba, para bajar todos los santos ayudan, como suele decirse.  Gran parte del recorrido discurre bajo palio a la sombra de magníficos ejemplares de roble melojo, castaños y acebos. También puede verse algún avellano. No en balde estamos en la parte más umbría y húmeda de la Sierra de las Quilamas,  que debe su nombre a la amada del rey Don Rodrigo, último rey godo, que buscó refugió en estas tierras junto a ella, huyendo de las tropas de Tariq, padre de Quilama, que no aceptaba el amor de ambos.   Es una bendición salir a buscar setas  en otoño por estos parajes de bosque caducifolio  casi vírgenes aún. Recuerdo aún una tarde otoñal en el que mi amigo Lorenzo y yo, junto a nuestras mujeres e hijos pudimos recolectar en torno a 70 especies diferentes de setas, algunas de ellas, de las que pensé que sólo se ven en los libros. Recapitulando, estaba tratando de decir, antes de irme por las ramas, que correr a la sombra es impagable, sobre todo en el verano y eso revaloriza todavía más esta prueba. 


No me gusta llegar con el tiempo justo, por lo que salimos de Peñaranda con suficiente antelación y llegamos a Linares a las 9 y pocos minutos, casi hora y media antes de la salida. En esta ocasión íbamos a correr Marta, Pardi y yo. Llamé a Pepe para avisarle de mi llegada, pero llevaba unos días en Valladolid. Lástima. Lo primero retirar los dorsales y tomar un café. Marta se llevó los perros, ya tiene tres y nos acercamos hasta el coche para darles un paseo, vestirnos, colocarnos los dorsales y  comenzar a calentar. Pardi decidió quedarse a estirar un poco y calentar en carrera. Cogimos unas cuestas a la salida del pueblo para ir acostumbrando el cuerpo y romper a sudar. Uno de los perros se despistó y no lo encontrábamos, aunque dimos con él a falta de 15 minutos del comienzo. Todo listo. Vámonos. Al llegar a la plaza me encontré con el alguacil del pueblo, Paco,  con el que he coincidido en alguna corrobla en casa de Pepe y estuvimos saludándonos. Cinco minutos. Ciertamente se me hace extraño no ver ningún corredor. Eso es que la salida será desde otro punto. Alguien de la organización se acerca, seguro que para indicarnos el lugar:
 - ¿Qué hacéis aquí?,  la carrera ha salido hace 25 minutos.
- Pues vaya. Ahora si que la hemos hecho buena.


Creo que en aquel momento comprendí lo que sintió Perico en aquel prólogo en el que perdió el Tour por llegar tarde a la salida. Salvando las distancias, puesto que ni Linares es Luxemburgo, ni la subida a La Honfría el Tour, ni yo Perico Delgado.
Me dio pena por Marta porque tenía opciones de pódium. Lo siento, Marta. Fue culpa mía, que me empeciné en las 10.30 vaya usté a saber porqué. Tras el desconcierto inicial decidimos iniciar la subida. Apenas llevábamos 1 kilómetro cuando nos cruzamos con los primeros que bajaban. Ánimo que ya estáis ahí.  Aunque solo fuera por haber visto la cara de sorpresa de alguno de ellos al cruzarse con nosotros hubiese merecido la pena. Alguno nos animaba incluso. ¡Vamos, chavales, vamos! ¡Venga valientes que vais bien!  El público tampoco salía de su asombro, sobre todo cuándo preguntaba a alguno:
-          Oye, ¿nos sacan mucho?
-          No, están ahí mismo.
Y tanto si lo estaban, pero de frente.
Nosotros a lo nuestro. Nos cruzamos con Pardi que bajaba como un bólido. Nos debía quedar un kilómetro, el más duro, para llegar a La Honfría, cuando vimos que la bicicleta escoba descendía acompañando al último corredor. Lo cierto es que íbamos bien, corriendo cómodos y sin presión ninguna, pero decidimos darnos la vuelta y completar la cola de carrera con nuestra presencia. El público se acordaba de nosotros y nos saludaba al pasar:
¡Al final los cogisteis!, nos gritó un espectador.
¡Vaya que sí. Justo al final!
Llegué el último en la meta, pero eso es una gran ventaja. La gente te anima más, te aplaude, te da ánimos… y además, no hice tan mal resultado, ojalá llegara siempre en la misma posición en la que salgo.
Agradecí el agua fresca en la llegada, y la hermosa manzana que venía en la bolsa del corredor que me supo a gloria, y sobre todo, la ducha. Lo cierto es que el agua salía fría, pero como el cuerpo estaba caliente, no te hace ni sensación.  Qué placer. Ropa limpia y a estrenar la camiseta. Aunque sólo sea por reconocimiento (y por ver si los demás se pican, no puedo dejar pasar por alto el hecho de que la carrera es de las de inscripción gratuita, que van quedando pocas, que la bolsa del corredor no tiene nada que envidiar a la de la media maratón de Valladolid, pongamos por caso. Mejor dicho, me quedo con la de Linares que nos dio las camisetas en función de nuestra talla, que nos incluyó un chorizo ibérico, que nos regaló un pase para las piscinas, tanto para el corredor como para el acompañante, que nos invitó a una consumición en cualquiera de los bares del entorno y que ofrecía una sustanciosa oferta de parrillada al estilo argentino a un precio de 12 €. Eso es una organización, si señor, eso son regalos y no los cheques descuento del Corte Inglés, que al fin y al cabo sólo buscan engatusarte para gastar, o sea que enhorabuena al club Cazabaches que organizó el evento. Tan solo una sugerencia: Para la edición de 2013 se podrían dar los vales de las consumiciones a la entrega del dorsal, por si alguno se despista con la hora, no tenga que andar subiendo casi hasta la Honfría para pasar el rato. Con lo ricas que estaban las empanadillas….

jueves, 19 de julio de 2012

Lo que Aulablog ha unido, no lo separe el hombre


 Resulta increíble que con la que está cayendo en el sector educativo, existan profesores de todo el país que, cediendo tiempo de sus vacaciones, de su vida familiar y poniendo no poco dinero de su bolsillo, para pasar varios días fuera de casa, pagar hoteles y manutenciones, matrículas, cañeos y gastos variados, decidan acudir a los diversos eventos formativos que durante ésta primera semana de julio proliferan por toda la geografía española: Novadors, en Alcoy, Ticemur12 en Murcia, Aulablog, este año en Peñaranda.
                                                                                             
Aquí todos ponen de lo suyo, nadie se lleva nada; el que enseña, aprende, el que aprende, enseña;  todos escotan, los ponentes y profesores no cobran nada por compartir sus conocimientos con los asistentes, y el ambiente que se respira es mágico. No resulta sencillo explicárselo desde una dimensión estrictamente formativa. Es algo más que todo eso. Es el reencuentro con otros profes que se enfrentan a diario con los mismos problemas, con idéntica incomprensión por parte de otros compañeros, o de sus propios equipos directivos, es la desvirtualización de personas que habitualmente comparten información y charlas a través de su red favorita, Twitter, que hace las veces de claustro virtual, de paño de lágrimas, son las ganas de volver a ver a los amigos y de compartir con ellos nuevas apps, nuevas noticias y viejos abrazos. Incluso hay quien no puede pasar mucho tiempo sin escuchar a Cadenato, @mcadenato, cantar por Sabina. Sentimiento. Amistad, reencuentro, sensación de pertenencia a un grupo de seres extraños y encantadores. Comentaba David Álvarez, @balhisay, que su hijo le pregunta, papá, ¿De verdad que no eres un extraterrestre disfrazado de hombre? Creo que el hijo de David tiene razón y que ha sido capaz de descubrir la verdadera naturaleza de este puñado de locos, con los que he podido convivir durante la última semana, comenzando por Fernando Trujillo, @ftsaez, un torrente desbordado de energía, buen humor, apetito, conocimiento y entusiasmo,  al que he tenido ocasión de escuchar en ponencias inaugurales, mesas redondas y de verle oficiar de maestro de ceremonias, con mandil, gorro de cocinero y Thermomix en el Hackatón educativo que montó con David en el EDUCA. Hernández y Fernández, según el atinado parecido razonable que ha asignado @gorkafm a esta pareja de brillantes desmelenados. Fue también un placer oír el verbo preciso de Cristóbal Suárez, @cristobalsuarez, al que descubrí en su faceta de ingenio vivo y fino humor. Tuve ocasión de beneficiarme también del efecto balsámico de sus palabras en una inolvidable charla privada que le agradezco enormemente.  Todos ellos, junto a Félix Lozano,  @felixlozano,  conformaron la mesa redonda del Educa, dirigidos por la sonrisa dulce de Andrea Giráldez, @andreagiraldez. Buenos momentos también los que pasamos en la mesa cuadrada del restaurante. Resulta divertido observar cómo en el plato de unos sobra la lechuga, en el de otros la carne, en algunos las dos cosas y en otros no queda ni restos de la salsa. Ver cómo hay quien come con apetito y quien escarba  un poquito el plato, a quien le falta y a quien le sobra...Pasé una cena entretenida uno de los días con Luis, el director del colegio en el que trabajan Lara Romero, @larita20 y Dácil González, @dacilgonz, hablando de costumbres y entretenimientos de nuestras respectivas y rurales infancias, como cazar ranas, pájaros, asaltar huertos y melonares y algún que otro detalle que nos sirvió para escándalo de una parte del auditorio y divertimento nuestro. Gozar de la presencia de  Lara Romero ha sido uno de los placeres de la semana. Dácil y ella revolucionaron el Congreso Educa, con un taller dinámico, variado y entretenido, que rápido se completó debido a las expectativas que siempre levanta la kioskera mayor de nuestra blogosfera educativa. Lo mismo ocurrió con la creAPPtividad de Javier Monteagudo, @jmonteo,  que encandiló al respetable con su dominio de la música, las tabletas y su capacidad para generar dinámicas de trabajo. Román y Kathia @kathiapitti dejaron boquiabiertos a sus discípulos con la capacidad educativa de la robótica. De sobra sabemos en el CITA de la valía de ambos, de su entrega y de la pasión que son capaces de transmitir a los alumnos.  No quiero acabar la crónica del EDUCA sin mencionar a dos personas encantadoras a las que espero volverme a encontraren algún otro sarao, me refiero a @carmenca y @mjirigaray, que se acercaron a Peñaranda desde Almería, a alegrarnos el Congreso. Lo de acercarse desde Almería tiene su gracia ya que es el punto posiblemente más alejado de Peñaranda de toda la península. Pero así son ellas, que son capaces de atravesar el país para llenar el Congreso de sonrisas, de buen humor y empaparse la blusa nueva de vino, verdad Mari Jose.  Ah, y la sevillana morena alegre y dicharachera que vino a conocernos y que se marchó encantada tras enamorarnos a todos. En Peñaranda se abrió una cuenta de twitter: ¿@marmaries?, (acláramelo si lo lees, por favor),  por lo que seguiremos de cerca sus pasos educativos.

No habíamos apagado aún los rescoldos del EDUCA, cuando el fuego se avivó con Aulablog. He podido disfrutar, aunque fuera sólo un ratito, del ambiente de Novadors y quedé totalmente hechizado por la magia del EABE, por lo que faltaba un Aulablog en mi vida para participar de ese fluido extraño que transforma un evento formativo en una congregación de oficiantes de la amistad, el buen rollo, la generosidad y el altruismo. Compartir con los demás lo que se sabe es la forma más rápida de enriquecimiento personal, de aprendizaje y de quedar enganchado a una forma diferente de concebir la educación. 


Un par de días antes llegaban a Peñaranda los miembros de la junta directiva para ultimar detalles. Es un gustazo volver a dar un abrazo al incombustible Isidro Vidal, @isidro,  que no sé de dónde saca energía para estar en todo y talento para que nada quede al azar. Es cierto que cuenta con la ayuda inestimable del siempre sonriente Ángel Puente, @angelpuente,  del amabilísimo José Cuerva, @jcuerva, que bien me cae este hombre, de Armando, el cuadrador de cuentas, de Berta @bertamares y su incansable marido, de la simpática Lourdes Barroso, del luchador infatigable Víctor Cuevas, @vcuevas, con el que no tuve tiempo de beberme  al alimón una botella de vino de la Ribera, que queda pendiente para cuando vuelva al CITA a impartir el curso de portfolios digitales, del tingladero Alejandro Valero, del gran J. Miguel Sancho, @uaipse y de la mente sorprendente de Charo Fernández, @yalocin. Yo me hice sharista, como diría el gran Trujillo, cuando la vi poner disciplina y rigor en las reuniones preparatorias, y me convertí en un seguidor incondicional cuando vi la pasión con la que se entrega al baile. Ver cómo se transforma fue uno de los momentazos de la semana. Qué fuerza, que manera de sentir la música. Es lo más parecido que he visto a una transverberación. Yalocín convertida en Sherezade, por obra y gracia del ritmo musical. Otro momento para el recuerdo fue el improvisado recital de canciones que ofrecimos en la plaza acompañados por la guitarra de Isidro y por esa voz grave y profunda que lo mismo se levanta para dar instrucciones que se suaviza para entonar un bolero. Inolvidable, yo creo que ese fue mi primer momento Aulablog. Cantar todos juntos une mucho. Con esas mimbres es imposible no tejer un buen cesto. A la cantada se unieron mis queridos y especiales Antonio Omatos, @aomatos un riojano al que nunca he visto beber vino, pero que me tiene que guiar en su tierra por tascas y tabernas,  la guapísima Alazne Zárate, @alaznez, que llama la atención con esa piel de porcelana que es la envidia de las féminas, a Manuela Virto @Lavirto, con la que ya he coincidido en quedadas varias, Inés Andrés,  @lajaines la burgalesa fantástica e incansable que nos proporcionó la genial kddburgos hace unas semanas, @mamencita78, de nuevo en Peñaranda tras su paso por el Encuentro de Buenas Prácticas en el que arrancó una prolongada ovación con Kuentalibros y la inefable @mertxejbadiola, atenta, pendiente de todo y siempre cariñosa y de buen humor. Cuánto me alegro de verla siempre y cómo es capaz de hacerme reir. En ésta ocasión me proporcionó una receta solucionalíos a base de Evacuol. Fantástica. Allí estaban también @Vimpela y @Althose, la última pareja bendecida por Twitter, que regalaron alegría, chupachups y dulzura durante todo el encuentro. En esa serenata improvisada se desvelaron las dotes artística y la voz clara de @Naymayerai, que al día siguiente se atrevió a interpretarnos a capela unas canciones de jazz que nos dejaron con la boca abierta. Fue otro de los momentos gloriosos del Encuentro. Dudo que al ojo perspicaz de Josu Garro @otxolua, se le pasara plasmar con su cámara fotográfica la belleza de las tres Anas, Ana de la Fuente, @anuska72, Ana Mariño, @mestradeprimaria  y @AnaCobosm, resplandecientes. La primera Ana, como el que no quiere la cosa, logró "encadenarnos" a base de preguntas y respuestas y es que además de guapa es una trabajadora incansable y sonriente.  @carmeniglesiasb y yo la hemos adoptado y ya es de la familia, al igual que a la dulce Ana Mariño, que cada vez que viene a Peñaranda me trae unos destilados caseros de los que hace su padre en Galicia. Entre los orujos y su mirada limpia, me tiene hechizado esta galleguiña.  Con Ana Cobos tengo pendiente una carrerita, siempre me dice que se ha traído las zapatillas, pero nunca sé si es cierto, pero ya la pillaré, ya. Por aquí anduvieron también la guapa @Begoroldan, el jovencísimo @davizaguirre, y el atlético @chejo13, componiendo junto a @joanfelizz, la mesa de novatos. Se estrenaron también en Aulablog, en este caso de oyentes, las jovencísimas @ElenaGJ23 , @vegalg,  @behahtrihz y @NoeBranford que hoy son futuro, pero mañana serán presente.  Pude ver también la sonrisa de @lamunix, incluso detrás de su cámara de fotos y cómo no, la cara guapa de mi querida compañera @MFontalmeida, que pone la nota alegre allá dónde se encuentre.


Se me ocurre, que en clave religiosa, podemos comparar Aulablog con una liturgia de renovación de votos, de la que se sale reforzado en el compromiso educativo y con el convencimiento personal de pertenecer a una comunidad que ha creído que la socialización del conocimiento, la innovación metodológica y el trabajo colaborativo son instrumentos que pueden transformar el hecho educativo, para adaptarlo a los nuevos tiempos y retos que demanda una sociedad plural y democrática. De ahí la importancia de los vínculos personales, de ahí emana la alegría de desvirtualizar a otra persona con la que sabes que tienes muchas cosas en común, puesto que has compartido con ella informaciones, conocimientos e incluso confidencias  a través de las redes,  en especial Twitter, que es quien canaliza los flujos de este movimiento imparable. Tuve la suerte y la ilusión de desvirtualizar (digo ilusión porque conocer a alguien del twitter al que sigues, te causa similares efectos a encontrarte con un famoso de la tele), a @Isabel_Gonzal, @nievescout, @franiglesias_, @Mudejarico, @julisanzmamolar, @fzayas, @pilarpes, @jfrutoses, a los mencionados Vimpela y Althose, al manchego @antonio_garrido, que nos debe una quedada vitivinícola en Alcázar de San Juan a la que ya me he apuntado y a Dori Castellanos, @doricg, un descubrimiento personal de gran calado, a la que no perderé la pista, ya que tengo que darle cuenta de esa botella de cava brut imperial con la que tuvo a bien obsequiarme, entre otras cosas. Y hablando de agasajos me vine ahora a la cabeza el fantástico regalo de la guapísima María Jesús Camino, @mariajesusmusic, a la que ya la debo dos. No pienso revelar la naturaleza de la deuda porque la envidia es muy mala. Mejor. Así tendré una disculpa para volver a verla y gozar de su compañía y la de Jesús. Dicho queda. Y siendo  también Aulablog una celebración del reencuentro, no puedo dejar de mencionar a la dulce Ibone Amorrortu, @txiotxio, de sonrisa abierta y feliz semblante, a mi paisano @bernabe, muy bien acompañado por @lauracanocano y @gecerezo,  al que me alegré de ver y de abrazar para transmitirle que nos hemos acordado de él en sus penares y al que invito a tomar un vino, en desagravio de mi olvido, si tiene a bien llamarme cuando venga por Cantalpino,   a la chinata Puerto Blázquez, @puerto, que estaba en su salsa en esta ocasión, sin los nervios que pasó en el Encuentro de PDI, a mi admirado Raúl Diego, @raulillodiego, sonriente, servicial y permanentemente discreto, todo un caballero de esos que canta María Dolores Pradera y al que tengo que agradecer esa nominación que me hizo en Twitter, él sabe; a Jon Bustillo, @jonsanrean,  al que no esperaba y por tanto duplicó la alegría del reencuentro, al inigualable César Poyatos, @cpoyatos, autor del cartel aulablog de este año y que venía en esta ocasión muy bien acompañado, a Carmen González, @flosflorum, que se está haciendo toda una gurusa y con la que apenas tuve ocasión de cruzar unas palabras, aunque ya me desquitaré que para eso la tengo cerca, a la pareja Guillermo, @guitomares y Rosa que vinieron desde Tomares, en Sevilla, con Lola Urbano, @NoLolamento que me debe el beso que no me dio en ésta ocasión, a la gentil @NicolasaQM que me tiene atrapado con sus catástrofes diarias, en las que también participan @Carmenca, @Puerto, @Chelucana y mis amigas las Lolas (Prieto y Urbano), @Isabel_Ruiz, y @starpy, entre otras, que me dejó abandonado en esta ocasión. Menos mal que entre Isabel Ruiz, Maru Domenech, @marudo,  Cristina Díaz, @crisdialpe y Lola Prieto @lolaprieto, me dieron todo el afecto que necesitaba. Cualquier cosa que diga de ellas se va a quedar corta, puesto que el agradecimiento y el cariño se expresan mejor en vivo y en directo, además saben cada una lo que significan para mi, que para algo son mis amigas, amigas. La estupendísima, queridísima y muy admirada Lola Prieto me comentaba emocionada los inolvidables días que ha vivido en Peñaranda. Maru lo llamaría emotionwhare,  Cris, días de miel, pero se denomine como quiera,  la cuestión es que han sido momentos de tanta intensidad que resultará muy difícil no tratar de repetirlos. Ya tendré la ocasión de resarcirme con vosotras. Para mí y también para @carmeniglesiasb han supuesto un extraordinario baño de afecto y autoestima justo cuando más lo necesitábamos. Y hasta ahí puedo leer...cómo decían en el 1,2,3. Gracias chicas, mis chicas.


 
Me faltan menciones de peso emocional elevado como la de mi amigo José Rubiales, @Pepetic al que pude ver disfrazado de mago para exponer su proyecto Mira dentro de TIC, fantástico, movilizando además a un grupo de niños encabezados por Dieguín de Bracamonte, el de los Monstruos de Tatolandia, hijo de mi amigo Lillo, (el autor de la foto cenital desde el tejado del CITA), que pintaron emociones en los rostros de los asistentes. Fue uno de  los momentazos Aulablog, sobre todo cuando Pepetic trataba de meter su cabeza rotunda dentro de la cabezota de cartón, otro fue el que protagonizó @Joanfelizz  (no es un apellido, es una condición) que emocionó al auditorio con sus libros para la paz. Qué grande, Joan. Que privilegio tenerte como amigo, al igual que a esos dos jovencitos, encadenados e inquietos profes, Carlos González, @achinech y Juan Pablo Hernández, @jphramos, al que he visto feliz al lado de su preciosa acompañante y que me ha liado para participar en una carrera de montaña en su pueblo, Nava de Béjar, iré dónde me pidan cualquiera de los dos, que no pierden ocasión de mostrarme su cariño, al igual que yo a ellos.  No les pierdan de vista. No puedo terminar este repaso emocional  sin una mención a Marcos Cadenato, @mcadenato, con el que me unen tantas cosas y que se ha convertido en uno de mis amigos inseparables de quedadas y saraos. Gracias por tu apoyo sincero Marcos.  Tampoco sin recordar el ensayo de la polka el viernes por la noche, divertidísimo y tras el que viví emocionantes despedidas, entre otras la de @angelsaez, el profe que se enfrentó él solito a la de la peineta, dándonos una lección de dignidad y de coherencia  ejemplarizante en estos tiempos duros que nos esperan. Me regaló un abrazo y un tarrito de almendras garrapiñadas, el primero para transmitirme la fuerza de la dignidad, el segundo para endulzar momentos amargos.

Los mencionados y los que me habré olvidado imperdonablemente, que la memoria suele tener estas cosas, forman mi PLE, como nos ha dado por decir ahora. Con todos he reído, he cantado, he aprendido, he comido, he bebido, he compartido, he charlado, con algunos incluso he llorado y vivido momentos tiernos y emotivos. También he echado de menos a los que faltaban por unas u otras razones.  Acabé Aulablog con un gran cansancio físico, los ojos llorosos, el corazón alegre y el ánimo esperanzado.  Otra educación es posible porque hay educadores que son diferentes. A pesar de gobiernos y ministros ineptos que se empeñan en lo contrario. 

¡Brindo por ello!

 
 #GraciasAulaBlog.

PD: Recordadme los olvidos y prometo enmendarlos de inmediato.

martes, 24 de abril de 2012

Crónica medinense


Aire, mucho aire durante largos tramos de la prueba que transcurría por un circuito urbano al que había que dar tres vueltas. Tomé la salida junto a Pardi, Luismi, Rober y Redondo, peñarandinos todos. Manolo y Ángel, los figuras del grupo, se colocaron en las primeras posiciones cabeza, que para eso van a otros objetivos. En la marabunta inicial perdí rápido de vista  a los compañeros  y casi en los primeros metros, en la calle Padilla, me uní a Ricardo un simpático y dicharachero corredor local de 
 63 años con el que compartí buena parte de la carrera. Rápido congeniamos, nos presentamos y comenzamos a hablar. Un ritmo de 5,10 en los primeros kilómetros nos parecía adecuado. Es importante no dejarse llevar por las ganas y refrenarse al principio. Tanto Ricardo como yo compartíamos ese pensamiento. Tras los primeros 5 ó 6 Km. el cuerpo se calienta y sin darte cuenta comienzas a rodar más deprisa. Dejé a Ricardo y a Redondo que se marchasen unos metros por delante pues me parecía aún muy pronto para incrementar el ritmo. En alguna zona pude ver como a un minuto por delante a Rober y a Pardi, pero aquí cada uno tiene que ir a lo suyo y buscar compañía en corredores que van a la misma marcha. Me uní a un simpático grupo de jóvenes de Tordesillas, que escoltaban entre risas y bromas a una chica guapa y morena y participé de sus chistes durante 6 kilómetros más o menos. Me resultó muy divertida esta parte del recorrido a pesar del fuerte viento que nos frenaba y nos iba poco a poco limando las fuerzas. Dos de ellos decidieron incrementar el ritmo a 5’ y me fui a su encuentro. Pude alcanzar de nuevo a Ricardo (Caito) y me uní de nuevo a la animosa conversación de este medinense al que conocían hasta los gatos. Todo el mundo le daba ánimos por su nombre y a todo el mundo saludaba. Un personaje popular, sin duda. Me hizo gracia el que debía ser su carnicero, que le espetó a voces: ¡Vaya vergüenza Caito. No te vuelvo a vender un filete como no cojas a esos de ahí delante. Y ni se te ocurra decir que me conoces!  El aire nos seguía castigando duramente cada vez que salíamos a zonas más abiertas. Decidí no mirar el reloj y seguir a un ritmo cómodo con mi compañero de fatigas.  Al tran tran, dejamos atrás a Redondo, nos encontramos a Pardi andando a la altura del primer paso por el estadio. Dijo que no seguía más. Echamos mano a Rober al que el fuerte viento le estaba pasando factura.  Igual que a todos. Me hubiese gustado acelerar un poco y correr unos kilómetros por debajo de los 5’, pero dadas las circunstancias, no era mala cosa poder mantener el ritmo.  En torno al Km.18, mi sociable compañero se quedó hablando con un grupito de paisanos al que acabábamos de pasar y me dijo que iba a bajar un poco el pistón. Lo cierto es que desde la mitad de la carrera no paramos de adelantar corredores que iban notando en el cuerpo el paso de los kilómetros, el azote del aire, las cuestas del circuito y las excesivas alegrías de la primera vuelta.  Yo también comenzaba a notar la fatiga en las piernas, y agradecí mucho a Fernando, un compañero del club que correría al día siguiente la Maratón de Madrid, sus gritos de ánimo en el último kilómetro.  Me gustó entrar en el estadio y ver la meta a 200 metros. Pude parar el crono en 1, 48’ 31”, lo que supone un ritmo medio de 5,09 y rebajar un minuto la marca de León, lo que no estuvo nada mal para una carrera que se hizo bastante más dura que lo parecía sobre el papel.

Cuando estaba quitándome el chip llegó el amigo Caito, nos dimos un abrazo y nos emplazamos para la próxima, aunque me hizo saber que él solo corre en su pueblo.  Al poco de llegar me enteré que Luismi había hecho un carrerón, al igual que el gran Manolo González, segundo en su categoría, a pesar de correr con el glúteo tocado y que Ángel había tenido que abandonar en el kilómetro 15.  El momento emotivo de la jornada fue la llegada de Loli, que terminaba su primera media, casi exhausta, pero con una cara de satisfacción y una alegría que compensaba todo el sufrimiento.
El circuito, más ondulado de lo que me había imaginado y  feo, puesto que transcurría durante muchos kilómetros por polígonos industriales y zonas periféricas. El fantástico castillo de la Mota, monumento emblemático de la ciudad,  sólo se veía a lo lejos  desde un pequeño tramo del recorrido, justo antes de acceder al estadio  y para eso, únicamente la parte superior de la torre del homenaje, que con sus 40 metros de altura es la más alta de toda Castilla. Desde aquella distancia no puedes ni siquiera adivinar su elegante silueta de ladrillo mudéjar. En monumentalidad, nos tuvimos que conformar con la salida y las dos pasadas por la espléndida plaza de esta villa, a la que accedíamos a través de la Casa de los Arcos  y en la que entraría sobrado un estadio de fútbol.  Me he tomado la molestia de medirla en el SIGPAC y ocupa una superficie de 1,2 hectáreas. He pasado en ella muchas mañanas de domingo, acompañando a mi padre a “hacer el mercado”, que en su oficio de comerciar con cereales y alfalfa, consistía básicamente en reunirse en la plaza con agricultores, corredores y tratantes de la zona, para intentar comprar buen género al mejor precio posible. La charla era el instrumento de trabajo, y la palabra dada el único contrato.  Los corros se formaban bajo los soportales, preferentemente. O en los bares de la plaza, el Mónaco, al que siempre escuché pronunciar sin acento, o el Gloria, en los que se cerraban muchos tratos con un vaso de verdejo, o con un rancio de Nava del Rey, no en vano Medina es cabecera administrativa de una tierra de grandes vinos, Rueda, La Seca, Serrada…. Mientras esperaba el pistoletazo de salida, evocaba aquellos momentos y recordaba con cariño a mi padre, fallecido  justamente hace tres años.
Recuerdo de aquella época un monumento en la plaza dedicado a la letra de cambio y que ha desaparecido tras la remodelación de este espacio, que fue escenario de las más potentes ferias europeas del tardomedievo, ya que desde aquí se comerciaba toda la lana castellana que abastecía la pujante industria textil de Flandes, desde dónde volvía a España manufacturada en forma de brocados, paños y finas sábanas de Holanda. Desde aquí tenía su centro de operaciones Simón Ruiz, comerciante que acabó siendo prestamista de la corona y personaje de gran influencia económica y financiera en el siglo XVI. Y es que Medina se encuentra enclavada en un territorio que un día fue el centro neurálgico de la corona de Castilla, que dominaba medio mundo, pero que mantenía en la miseria a las gentes de estas tierras.
Nada más salir de la plaza, el recorrido atraviesa la calle Padilla, que lleva el nombre de uno de los comuneros que perdieron la cabeza en Villalar, allá por el año 1521, y que viene al caso porque en el momento de escribir ésta crónica (23 de abril) estamos conmemorando su 491 aniversario. Fue Medina, a la sazón, una ciudad comunera que negó las piezas de artillería a Ronquillo, un imperial que había puesto sitio a Segovia. Ronquillo en venganza, incendia la ciudad. Estamos en 1520 y me resulta agradable trotar por esta calle, que hoy es la más importante de Medina.  Al paso por la calle de Padilla giré la cabeza para tratar de atisbar si aún continúa abierto el bar Geli, en una calle lateral, en el que se comían, o se comen  unos deliciosos pescuezos de pollo fritos y un poco picantes, que no quería dejar de volver a probar en caso de tener ocasión. De momento, a correr y a guardar fuerzas que la carrera es larga y da tiempo a todo: a sentirse bien, a encontrarse mal, a venirse abajo, a hablar, a reír y a sufrir. La buena organización nos facilitó mucho la vida en los puntos de avituallamiento, en los que no faltaban esponjas para enjugar el sudor, agua para refrescarte y deliciosas rodajas de limón y de naranja que mi boca reseca agradeció infinito. Es la primera vez que veo este detalle en una carrera y la primera vez también que llego al agua caliente de las duchas. Sólo por eso merece la pena volver. Bueno, y por saber si el carnicero le ha seguido vendiendo los filetes a Caito.  

21 de abril de 2012
Dorsal : 416
Posición 35 de mi categoría
1,48’31” Tiempo Real. 
Ritmo: 5’ 09”

viernes, 23 de marzo de 2012

Media Maratón de León: Crónica con Estrambote


Para terminar algo, antes hay que empezarlo. Eso pasa con todo, incluso con las crónicas. Comenzar es la parte más costosa, la más dura, hasta el punto de que arrancar podría ser un 50 % del trabajo. El otro 50 %, terminarlo. Pues bien, otra media empezada, y afortunadamente terminada. De momento llevo cuatro y todas ellas en distintas capitales de Castilla y León: Segovia, la primera y la más emotiva, Valladolid la segunda, Salamanca hace quince días y León la última. Aquí os dejo mis impresiones. Mañana fría en León. Mejor dicho, muy fría, casi de pleno invierno. Lo peor, el aire helador que soplaba desde la montaña. El frío me incomoda, pero aún más lo hace el viento, que traspasa la camiseta sudada y te deja como un carámbano. Pero ya lo tengo claro, prefiero llevar puesto el cortavientos aunque me toque anudármelo a la cintura a mitad de carrera, antes que pillar un catarro. Cuando llegue el verano me quejaré del calor.

Frío también el cuerpo, puesto que no calenté previamente, hice unos ligeros estiramientos y decidí ir cogiendo el tono en vivo y en directo. Preferí pasar ese rato con Carmen. Total, estaba solo, una media se hace larga y no llevaba más pretensión que la de acabar entero. En realidad me inscribí por ver si podía volver a revivir las buenas sensaciones de Salamanca en la que me quedé con ganas de más y no era mala opción León teniendo en cuenta que ese fin de semana iba a estar en Benavente y que el lunes era festivo. Así podría darme el gustazo de unos vermúts de grifo en el Barrio Húmedo con mi amigo Javi Piñán y un botillo, si hacía al caso, para comer. Pensando en lo que iba a beber al terminar, me dieron ganas de mear casi nada más dar el pistoletazo de salida, por lo que fui entretenido viendo las posibilidades que tenía, sin alejarme mucho del circuito. Realmente, en plena ciudad no son muchas, a no ser que pilles un bar abierto. En estos pensamientos fui dejando atrás La Corredera, San Francisco, Santo Domingo, Ordoño, hasta llegar a la estatua de Guzmán el bueno, que con e brazo y el dedo índice extendidos parece decir: Si no te gusta León, por ahí se va a la estación. Pero es imposible que León no te enamore viendo la imponente fachada del Hospital de San Marcos, antiguo hospital para peregrinos y joya del plateresco español, con una decoración profusa plagada de arabescos y rematada toda ella por una crestería que evoca la del Patio de Escuelas de Salamanca. Pude ver su espectacular portada, que se corona con una peineta que bien hubiese merecido una contemplación más relajada. Otra vez será.

Ya en las orillas del Bernesga, en torno al kilómetro cinco salimos hacia una zona de campo abierto para alivio de mi vejiga y de mi soledad, puesto que nada más incorporarme a la carrera, una vez resuelto el apremiante trance, observé, a unos cien metros por delante, dos camisetas de Villoruela. Pues nada, a apretar el paso. Los pillé en la única cuesta del recorrido. Rápido nos presentamos y comenzamos a charlar. Hay una gran diferencia entre correr solo y hacerlo en
compañía. Desde el momento que me junté a Raúl y Jesús, la carrera se hizo amable a pesar del helador cierzo que soplaba desde las cumbres nevadas de la Cordillera cantábrica que se veían claras y cercanas desde algunos puntos del itinerario. Entre charlas y chascarrillos fueron pasando los kilómetros. Pasamos por delante de la acristalada fachada del MUSAC, que por sus vivos colores se me antoja una recreación moderna de las vidrieras de la catedral, cómo si el arquitecto se hubiese inspirado en ellas o hubiese querido rendirlas un homenaje en esta vistosa fachada. Nuestro camino nos llevó cerca de la Colegiata de San Isidoro, dónde se albergan algunos frescos románicos de gran belleza, entre otros, el calendario de los meses del año y los oficios asociados a cada uno de ellos. Yo utilicé el motivo correspondiente al mes de septiembre para ilustrar el post “Apología del vino”. Debió ser por aquí dónde veíamos al fondo la Casa Botines, de Gaudí, con ese aspecto de casade cuento flanqueada por cuatro torres de chapiteles cónicos y con el aspecto neogótico que quiso darle el arquitecto a esta joya del arte modernista, otra alusión casi segura al monumento más importante de la ciudad. El edificio Botines es fantástico, pero lo que de verdad te deja sin aliento es la aparición repentina, al revolver de una esquina, del cuerpo principal de la fachada de la espléndida catedral.


Encontrarse de frente con las hermosas arquivoltas de acceso a las naves, el gablete que remata la nave central y el enorme rosetón gótico, es un espectáculo impagable para la sensibilidad y para la vista. Según avanzas hacia ella vas completando su visión a medida que aparecen las torres laterales y entonces comprendes porqué es la más hermosa de las catedrales góticas españolas, la más armónica, la más pura, la más francesa. Es la Pulchra leonina que, ahora, tras la limpieza de su fachada, luce más pulcra que nunca y nos recuerda en su silueta a Reims, a Chartres, e incluso a la mismísima Notre Dame de París. Poco duró la artística visión, puesto que tras un breve callejeo por la zona gótica, salimos de la ciudad para dirigirnos hacia el campus universitario. Pude ver de refilón un cubo de la vieja muralla, ante la que murió atropellado por el camión de la basura el ilustre pellejero Genarín, cuando descargaba su vejiga contra el lienzo de la muralla. Y yo buscando campo abierto. Recordé que tengo pendiente la asistencia un viernes santo a la procesión que honra su memoria con orujo y letanías en verso. Otro motivo para volver.

De momento toca correr. Hemos cubierto los primeros diez kilómetros a un ritmo confortable de charla (5'27" por km) y toca apretar un poco el paso. No sé si la visión de la catedral me ha animado, pero me encuentro mucho mejor que cuando empecé hace casi una hora. He ido cogiendo calor y tengo fuerza. Jesús va más apurado y se queda en el avituallamiento. Yo aún no me acostumbro a beber en movimiento y siempre me toca parar si no quiero añusgarme, pero vuelvo a coger a Raúl y tiramos hacia adelante a un ritmo vivo pero regular y sostenido. Cubrimos los 11 últimos Km. en menos de cinco minutos de media. Se me hizo largo el último tramo, cuando con la puerta del estadio Hispánico a la vista tuvimos que dar una vuelta a la manzana para acceder al mismo. Entramos juntos, Villoruela y Peñaranda, cogidos de la mano y con el brazo en alto. A la emoción de acabar, se une la alegría de hacerlo en menos de 1,50, tiempo real, y mi mejor tiempo en una media y sobre todo a la sensación íntima de que aún tengo posibilidades de mejora. Ya se verá. Por lo pronto me quedo con la satisfacción de haber ido de menos a más y de cruzar la meta con fuerza en las piernas. Ahora, a disfrutar del momento. Carmen nos ha visto llegar y nos hace unas fotos. Al poco llega Jesús, nos felicitamos todos y posamos de nuevo junto a Zacarías y Jose, también de Villoruela, con la satisfacción de haber concluido otra media maratón. Hasta la próxima, paisanos.

Estrambote: Lo mejor, el caldo calentito que nos ofrecen al llegar y que me entona el cuerpo. Lo peor, la desesperante desorganización del ropero, que provocó atascos y esperas, la mía de media hora y sin trazas de avanzar, hasta que los más impacientes rompieron la barrera y pudimos entrar a recoger nuestros equipajes personalmente. En menos de dos minutos todos con la mochila a cuestas. Ducha fría, pero reconfortante, ropa seca....y a tomar unas cervezas con sus tapas. Hay que ver que rico sabe todo cuando tienes hambre..... Graniza en León, pero no importa, entre la carrera, el caldo, las cervezas, las tapas y un vinito, yo ya voy calentito.

martes, 13 de marzo de 2012

Emoción en Carmona: #EABE12


¿Cómo se pueden evaluar las emociones? ¿Los afectos también computan en la cuenta de resultados? ¿Por qué los abrazos, los besos, las risas y las canciones no aparecen como indicadores en las encuestas de satisfacción?
Me he venido del #eabe12 con la maleta llena de cariños, recuerdos, satisfacciones, ilusiones, risas, sonrisas, abrazos, amistades nuevas que presagian próximos reencuentros, reencuentros con antiguas amistades, y con el corazón alegre. He compartido, he trabajado, he aportado, he recibido, he desvirtualizado, he conocido, he hablado mucho, he escuchado más (Starpy dixit), he visto, he aprendido, he sentido las ausencias, he disfrutado las presencias. También he comido, he bebido, he bailado, he ayunado (no fue otra cosa la presunta cena del sábado) y he desayunado (menos mal), he cantado, incluso he bailado y espero que no haya testimonios gráficos que avalen este punto. También me he sentido escuchado, apreciado, halagado. He notado la preocupación de los organizadores para que nos sintiéramos a gusto. Ni sé las veces que el bueno de Jochimet me preguntó si estaba todo bien y he percibido el agradecimiento sincero de Lola Urbano por nuestra presencia. -Por cierto, habría que declarar a esta mujer Patrimonio de la Comunidad Educativa- . Cómo si la oyera, con ese gracejo natural que ella tiene: Ni patrimonio, ni matrimonio, ni leshes. Bueno Lola, era sólo una sugerencia…
Aunque solo fuera por los ratos inolvidables no puedo dejar de citar a Marcos Cadenato, al que ya me une algo más que nuestro gusto por Sabina y Serrat (respectivamente), a Fernando García Páez, siempre tan amable y cariñoso conmigo, a Gorka, cantor vasco-andaluz con voz de orfeón, a Fernando Trujillo y David Álvarez, por lo que presiento como un buen y duradero entendimiento, a Starpy, referente personal puesto que siempre indica el rumbo, como cualquier estrella que se precia y además ya amiga, a Lola Prieto, a la que siempre me alegro de ver, sincera y admirable, a Maru Domenech, con la sonrisa en la cara, llevando alegría allá dónde esté y siempre dispuesta a darme un abrazo, a Isabel Ruiz, que ya es como de la familia, a Puerto, con la que congenie muy bien, a Julio Hinojo, con el que compartí comida y chistes, a María José sin FA, también almeriense y simpática como pocas, a Ginés, Ciudadreal y a Maribel, entre otras cosas por enseñarme a preparar los molletes de Antequera, a mi tocayo Gamboa, que cuando pasan las 12 de la noche deja de pensar en códigos QR, a otro tocayo, el incansable José Luis Castillo, gran persona, y a otro más, José Luis Lozano, Anna Sorolla y Ainhoa Ezeiza, guapas, guapas y listas, listas, Antonio González que creo que hace unos brazos de gitano que te mueres, a la elegantísima María Barceló, reina del glamour y del salmorejo, según me confesó ella (habrá que catarlo), a Guillermo Cepeda, atentísimo, a Rosa, encantadora, a Juanma Díaz, a Manuel de Capileira, que me da que es la mejor persona que uno puede encontrarse en cualquier sitio en el que él esté presente con el permiso de Salvador (Salpegu) que no le va a la zaga al precedente, a Gregorio Toribio, al que me alegré enormemente de ver aunque no llevase las zapatillas para una carrerita por Carmona, a Juan Morata, siempre amigable y sonriente, a Agustín, que se destapó como un gran dibujante en el grupo 3, a Juan Sánchez Martos, el primero que desvirtualicé en el EABE, a César Poyatos, al que siempre le veo sonriente y amistoso, a José María Ruiz, con el que crucé dos palabras, pero me cayó de lujo por su sonrisa permanente, a Pepe Arjona, al que tengo que escuchar cantar en alguna otra ocasión, a Pepa Bermudo, a Engracia, por su sabiduría, su sinceridad y compromiso con la educación, a Miguel Torres, compañero de grupo con el que seguro que haré buenas migas, a Miguel Gil cara del proyecto Lova y desvirtualización imprescindible, a Antonio Sevilla, que al igual que el delantero del Alcoyano que tiraba los corners y salía a rematarlos, tiene el don de la ubicuidad, puesto que hace la foto de familia y aparece en ella, a la profe de las caretas, creo recordar que se llamaba Raquel y desde luego a sus alumnos por el trabajo que hicieron para nosotros, a Yola y a Carmen Devesa que tiñeron el encuentro de verde primavera, a Ana Rosaleda y sus poses de modelo consumada, a Loli Peralías a la que vi tan entregada que no quise ni molestar, a Rafa Castillo, a Andrea Giráldez, siempre discreta siendo una gurusa ella, a Jon Bustillo con el que me encuentro ya como en casa, al gran Manu Piel Roja con el que confío verme en temporada micológica, al sonriente Mappo, al cercano y detallista Eraser y a su hijo, que nos le presentó, a los chavales de la mesa de alumnos, que nos dieron una buena lección, a Antonio el camarero de la taberna irlandesa que acabó haciéndome descuentos en las cervezas , y procuró que me sirvieran un plato de garbanzos con espinacas cuando ya se habían llevado todo para adentro en la noche de la cena cuaresmal. A Anibal de la Torre, Chelucana, a Pily, a Félix, a Jordi Adell y Linda Castañeda…..También a El Fregonero, con el que me hubiese gustado departir un rato y a todos los demás cuyos nombres no recuerdo ahora, pero con los que coincidí en el bar, en la comida, en los descansos, en el servicio, en el vestíbulo, en los grupos, en las gimkanas, en la cena del viernes y en la no cena del sábado, en el baile. Al liberador anónimo de El puente de los asesinos, un libro que vino a mí por dos veces. La primera lo volví a dejar dónde estaba tras leer el primer capítulo, la segunda volví a tropezarme con él en otro lugar, él y yo solos y me pareció que me estaba buscando sabedor de que era el único libro de Pérez Reverte que me faltaba por leer. En fin a todos los citados, gracias y a los que se me olvidaron, mil perdones. Tendremos ocasiones de volvernos a ver, a hablar, a convivir, porque arrieros somos y (estoy seguro que) en el camino nos encontraremos. Y sea cual sea el lugar en el que esto ocurra, seguro que recordaremos orgullosos que estuvimos en el EABE12, haciendo visible lo invisible y compartiendo una forma común de pensar la educación, la pública, la nuestra, la de todos.